El Estado de Nicaragua es el principal “perpetrador” de violencia contra las mujeres
La crisis sociopolítica que vive Nicaragua desde 2018, la pandemia de Covid-19 y la grave situación económica se han convertido en algunos de los factores que propician el aumento de la violencia hacia las mujeres en el país, según el estudio “Quebrar el cuerpo, quebrar el alma. La reconfiguración de las violencias hacia las mujeres en Nicaragua 2018 – 2021”. Pero lo más grave es que el Estado de Nicaragua, comandado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, se ha convertido en el principal perpetrador de la violencia.
El documento elaborado por Elvira Cuadra, directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) señala que las mujeres en Nicaragua viven en un ambiente de “diversas, agudas y multidimensionales formas de violencias”, producto de la política represiva y el estado policial que el régimen ha impuesto sobre la sociedad nicaragüense «y una parte sustantiva está específicamente dirigida hacia las mujeres con el propósito de infligir dolor y castigarlas».
La experta en temas de seguridad es tajante al señalar al régimen de desmantelar los mecanismos y leyes que protegían a las mujeres, como la Ley 779 que fue modificada para limitar los femicidios al ámbito de pareja o al hecho de incluir la mediación entre mujeres y sus agresores.
“Las estructuras de la violencia contra las mujeres en Nicaragua tienen carácter sistémico; es decir que están arraigadas y son reproducidas por la sociedad misma, con el agravante de que el Estado se ha convertido en el perpetrador principal de diferentes formas de violencia durante los últimos años”, manifiesta Cuadra, quien criticó la poca información oficial sobre la situación de las mujeres en Nicaragua.
VIOLENCIA POLÍTICA SE HA «EXACERBADO» EN NICARAGUA
Las mujeres que se involucraron en las protestas del 2018 y que mostrado oposición al régimen han sido castigadas bajo una política de represión “específica para hacerlas sentir el peso del poder machista y patriarcal, doblegarlas, hacerlas sufrir doblemente y como ejemplos crueles a toda la sociedad nicaragüense”.
Cuadra señaló que la violencia política contra las mujeres se ha “exacerbado”, luego de las protestas sociales de 2018. El estudio identificó que en esas manifestaciones al menos 15 mujeres fueron asesinadas y que entre julio del 2018 y mayo del 2020, cerca de 342 mujeres fueron apresadas. En la actualidad existen 21 presas políticas.
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A eso se suma que desde el 2018, Ortega ha ordenado la cancelación de personerías jurídicas a 147 organizaciones de mujeres. El informe cita un reporte que realizó el Registro Mesoamericano de Agresiones a Mujeres Defensoras, que expone que enero y noviembre de 2021 se produjeron 2,625 agresiones a mujeres defensoras.
Otras formas de agresiones a las mujeres son la persecución y hostigamiento, violencia digital, amenazas, agresiones, exilio, encarcelamiento, tortura y asesinato. El estudio menciona que las mujeres en Nicaragua constituyen la mitad de la población, cerca de tres millones de personas.
De esta cantidad el 39 por ciento son niñas y adolescentes; mientras que las jóvenes de entre 20 y 29 años constituyen el 18.5 % y las adultas jóvenes entre los 30 y 39 años el 15 %. Además, señala que las mujeres tienen una enorme “capacidad de resiliencia” frente a un poder patriarcal que trata de quebrarlas”.
LA VIDA EN UNA MALETA
El informe plantea otros aspectos sociales: en Nicaragua los niveles de pobreza de las mujeres se han incrementado, la mayoría tiene actividades en el subempleo y en muchos casos realizan trabajos que no son remunerados ya que laboran en pequeños negocios familiares y además, son jefas de familia.
La misma situación económica, sociopolítica y de inseguridad ha forzado a miles de mujeres a migrar y a tener su “vida en una maleta”. En esta migración también están expuestas a violaciones a sus derechos humanos, discriminación, violencia estatal y varias de ellas han perdido la vida.
“A las mujeres jóvenes las embarga un sentimiento de “presentismo”, tratan de no pensar en el futuro porque no ven que existan oportunidades para ellas. El deseo de migrar hacia otros países se vuelve una constante y una meta a alcanzar. Para ellas, “la vida está en una maleta”, que les permita escapar de la violencia sistémica, la violencia política y la incertidumbre en el futuro”, detalla el estudio.
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En la exposición de los datos destacaron el aumento de los femicidios. En el 2015 se contabilizaron 13, mientras que en el 2021 la cifra se elevó a 71. Igual con los femicidios en grado de frustración que pasaron de 40 en el 2015 a cerca de 140 en el 2022.

La pandemia del Covid-19 fue un factor “acelerador” de la violencia ya que las mujeres además de tener que trabajar de manera virtual se hicieron cargo de la familia y las personas enfermas, pero también estuvieron más expuestas a “mayores niveles de violencia doméstica, abusos y agresiones sexuales al permanecer más tiempo dentro de la casa con sus agresores”.
DEDICADA A LAS PRESAS POLÍTICAS
El estudio está dedicado a las mujeres presas políticas que son sometidas “a torturas y tratos degradantes”, entre las que mencionaron a Suyén, Cristiana Chamorro, Tamara Dávila , María Fernanda Flores, Violeta Granera, entre otras.
La investigadora Cuadra señaló que el estudio fue un “reto” ya que se realizó en un ambiente de hostilidad y “altísimos niveles de violencia”, donde participaron unas 60 mujeres, de las cuales algunas habitan dentro de Nicaragua.
Durante la presentación del estudio anunciaron una campaña «Quebrar el cuerpo, quebrar el alma. Somos protagonistas del cambio», que pretende visibilizar la violencia que viven las mujeres dentro y fuera de Nicaragua.
La campaña se basa en la técnica japonesa Kintsugi, que consiste en reparar las piezas de cerámica y dejar expuestas las heridas.



