Historias no contadas o a medio contar

Uno de los mitos es que la independencia de Centroamérica y, en consecuencia, la independencia de Nicaragua, se logró de manera pacífica. La realidad es que hubo luchas, muerte, prisión, persecuciones y traiciones.

Unaexpresión de uso común es que la historia la escriben los vencedores. Y tienebuena parte de verdad pues la memoria es un campo de batalla donde se librancombates sobre el presente y el futuro. Aunque no lo parezca. No vayamos muylargo. En Nicaragua lo vivimos en la actualidad. El orteguismo quiere presentara Ortega como héroe en frentes de guerra donde jamás estuvo. Y con seguridadmuchos de sus seguidores lo creen a pie juntillas.

Así se vanconstruyendo mitos y creencias que se originan en adulteraciones,falsificaciones o exageraciones. Pero hay episodios que quedan enterrados,principalmente, la historia de los derrotados.

Uno de esos mitos es que la independencia de Centroamérica y, en consecuencia, la independencia de Nicaragua, se logró de manera pacífica. La realidad es que hubo luchas, muerte, prisión, persecuciones y traiciones.

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La fecha espropicia para evocar los levantamientos independentistas de León, Granada yRivas de 1811. El desenlace de estos episodios se encuentra en la raíz de buenaparte de los desgraciados acontecimientos que le tocó padecer posteriormente ala naciente república de Nicaragua y a sus habitantes. Una guerra perenne. Leóncontra Granada. Liberales contra Conservadores. Y así.

En diciembrede 181, el pueblo de León se alzó en contra de las autoridades coloniales,reclamando en particular la destitución del representante del rey español, JoséSalvador, al igual que otras demandas como rebaja de impuestos y abolición dela esclavitud.

El Obispo deLeón, Nicolás García Jerez, feroz defensor del dominio español, tuvo lahabilidad para desmantelar el movimiento utilizando su poder religioso ytambién poderes terrenales. En una carta que envió secretamente a JoséBustamante, máxima autoridad colonial, residente en Guatemala, dice losiguiente: “Desde el principio se pensó en una absoluta independencia y enformar una especie de república en toda la provincia…”. Es decir, en palabrasdel obispo, no se trataba de un levantamiento por reivindicaciones puntualessino que tenían un objetivo mayor.

El Obispo,una vez que logró su propósito de desmantelar el movimiento, escribe lassiguientes líneas: “Y si he hecho alguna cosa, a costa de mi salud y honor, hasido impedir que se aclame la independencia, se derrame la sangre de loseuropeos y se les disipen todos sus proyectos de erigirse en soberanos”.

En consecuencia, según el obispo, naufragaron las aspiraciones de los insurgentes. Fueron derrotados.

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Vale anotarque uno de los instigadores del levantamiento fue el fraile Mercedario, BenitoMiguelena. Había, pues, religiosos defensores de la corona española yreligiosos promotores de la independencia.

En el casode Granada, el levantamiento fue más prolongado. Se extendió desde diciembre de1811 hasta abril de 1812. Comenzaron por destituir a las autoridades españolasy a los criollos españolistas, tomaron el control de la ciudad y adoptaron unconjunto de decisiones que incluyeron: abolición de la esclavitud; disminuciónde tributos a los indígenas; supresión de los repartimientos de indios; libertadde comercio por el Cocibolca y el Río San Juan.

El gobernadory capitán general, José Bustamante, a petición del afanoso obispo García Jerez,ordenó desde Guatemala el envío de tres fuerzas militares, para sofocar larebelión, una proveniente de San Miguel, de El Salvador, que se dirigió a León;otra de Cartago, Costa Rica, que se dirigió a Rivas; y la más numerosa, elbatallón de Olancho, de Honduras, se dirigió a Granada.

Después devarios días de refriegas, acompañadas de saqueos por parte de las tropasespañolistas, los granadinos capitularon. Entre los acuerdos de rendición seincluyó un indulto a los participantes. Sin embargo, en lo que fue una traiciónflagrante, el compromiso fue anulado en Guatemala por el capitán generalBustamante y los dirigentes de la sublevación fueron enjuiciados y sentenciados:16 condenados a muerte y nueve a prisión perpetua más la confiscación de susbienes. Otros 133 fueron condenados a presidio. Incluso fueron condenadasmujeres como María Gregoria Robleto y María Ulloa. También se destaca laactuación de una patricia granadina: Josefa Chamorro.

Uno puedeimaginar la conmoción que pudo provocar, teniendo en cuenta la población quepodía tener Granada en la época, la condena a más de 150 personas algunas delas cuales pertenecían a reconocidas familias de la ciudad. Y los odios queoriginó la traición.

Loscondenados a muerte y a prisión perpetua fueron llevados encadenados aGuatemala. Entraron en la capital del reino con grilletes. Tiempo después, alos condenados a muerte la pena se les conmutó en prisión perpetua y fuerontrasladados a cumplir su condena en cárceles de La Habana, de Cádiz en España yotros a posesiones españolas en África. Algunos murieron cumpliendo su pena depresidio, como el padre Benito Soto.

Estos episodios dejaron marcado enconos y odios entre familias, sectores sociales y ciudades. Estos sentimientos y los intereses asociados, al declararse la independencia y producirse de hecho un vacío de poder, estallaron en conflictos sangrientos que se prolongaron por décadas. Aunque no parezca, todavía vivimos las secuelas de esos episodios.

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.