DESPACHO 505, siete años informando en resistencia

No son buenos tiempos para ejercer el periodismo en Nicaragua. La censura, la criminalización del oficio y la persecución sistemática contra periodistas y medios independientes no son hechos aislados: son política de Estado. En ese contexto adverso y hostil, DESPACHO 505 cumple siete años este 13 de enero. No es un dato menor. Es la confirmación de que informar se ha convertido en un acto de resistencia.

Este medio ha sobrevivido a la maquinaria represiva diseñada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo para silenciar voces críticas, cerrar espacios informativos y sembrar miedo. Lo ha hecho preservando su principal capital: la defensa de la libertad, el compromiso con el servicio público del periodismo y la convicción de que contar la verdad sigue siendo imprescindible. Permanece intacta, además, la terca obsesión del periodista por encontrar el gran titular. Y desde que surgimos en el exilio —en un pueblo de la España rural— trabajamos con la certeza de que reportaremos el fin de la dictadura y el retorno de Nicaragua a la democracia.

El oficio es hoy más difícil y más riesgoso que nunca. Informar implica exilio, amenazas, campañas de difamación, vigilancia y persecución. En ese escenario, el respaldo de la audiencia ha sido un combustible decisivo. La confianza de los lectores sostiene este medio y confirma que el periodismo independiente sigue siendo una trinchera que el régimen no ha logrado desmantelar.

DESPACHO 505 nació de forma espontánea, cuando Nicaragua y la comunidad internacional empezaban apenas a dimensionar la naturaleza autoritaria y criminal del régimen. Siete años después, la evidencia es abrumadora: el país vive bajo una dictadura familiar que concentra el poder, anula libertades y castiga la disidencia.

El panorama es más oscuro, pero también más claro. No hay neutralidad posible entre la censura y la libertad, entre la propaganda y el periodismo. Nuestro compromiso no es con el poder, sino con los ciudadanos. Documentar abusos, verificar datos, aportar contexto y preservar la memoria es parte esencial de esa tarea.

Este aniversario no es una celebración complaciente. Es una pausa necesaria para reafirmar una convicción profunda: el periodismo importa, sobre todo cuando incomoda a los regímenes autoritarios.