El temor del dictador Daniel Ortega
Ortega llama terroristas a susopositores porque les tiene terror. ¿Y por qué semejante terror? No es porqueasalten bancos, secuestren o coloquen bombas mortíferas. El tirano habla deterrorismo porque sabe que la inmensa mayoría del pueblo lo repudia. Le teme alpueblo.
Una de lascaracterísticas del régimen de Daniel Ortega es la desfachatez, o el descaro, ola charlatanería. Como usted quiera llamarles. Siempre la palabra se quedarácorta para calificar la conducta reiterada de sus voceros, comenzando por elmandamás: mentir, mentir y mentir es su consigna. En realidad, no podría ser deotra manera: si son cruelmente desalmados con la vida, la libertad y laintegridad física y moral de las personas, es natural que también desprecien laverdad.
Un retratode cuerpo entero, por delante y por detrás, pudimos observar, una vez más, enlos hechos recientes. Primero fue la exposición que hizo el representante delrégimen, en ocasión del examen que se realizó, en Ginebra, Suiza, sobre elcumplimiento por parte del Gobierno de las normas universales en materia dederechos humanos.
Allí, el representante del régimen, sin el menor empacho, ante delegados de países de todos los continentes, afirmó, entre otras patrañas lo siguiente: “Nunca hemos reprimido ninguna protesta ni ninguna manifestación pacífica”.
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Pocos díasdespués, ante la convocatoria a una movilización por parte de la Unidad Azul yBlanco (UNAB), todo mundo, a nivel interno y a nivel internacional, pudo ver eldespliegue desmesurado de la policía para reprimir cualquier intentomanifestación.
Pero lamentira del paniaguado del régimen, en Ginebra, estuvo rodeada de otras.Recordemos que uno de los compromisos que contrajo el gobierno en la Mesa deNegociación fue, precisamente, respetar la libertad de movilización ciudadana.
Y hace tresdías, en su cantinflesco documento denominado “Programa de trabajo paraconsolidar estabilidad y paz” reafirmaron, descaradamente, el compromiso de “garantizarel derecho de concentración, manifestación y movilización pública”.
Para noquedarse atrás con los embustes, la policía negó el permiso solicitado por laUnidad Azul y Blanco, bajo el pretexto de que los solicitantes no estabanidentificados. Tremenda patraña. Preguntémonos: ¿Desde cuándo la policía recibeun documento en sus instalaciones sin que los peticionarios se identifiquen?Para quien tenga dudas, le invito a que lo intente.
Ustedes dirán, pero si todos sabemos que el mandamás y sus secuaces son una pandilla de mentirosos. ¿A qué viene este comentario?
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Por supuestoque sabemos que en todo mienten. Lo mencionamos porque es importante conocerlas razones de la repetición de tantas mentiras. Si están conscientes deldescrédito internacional y del descrédito interno, ¿por qué repiten susmentiras?
La primerarazón es que esas falsedades no están destinadas ni a la comunidadinternacional ni al pueblo nicaragüense. Sus mentiras están destinadas a suclientela política. O hacia aquellos que todavía tienen dudas. Son una minoría,es cierto, pero importan.
Estaspersonas incluyen a trabajadores del Estado, policías, ejército y gente quetodavía espera su lámina de zinc. El régimen habla para las raquíticas basesque todavía le quedan. Igual que lo hacían los fascistas de Hitler, ellospiensan que de repetir y repetir la misma canción, habrá gente que se aferraráa sus versiones, por muy grotescas que sean las mentiras.
De lo dichose desprende una pauta de acción para todos.
Usualmentehablamos de que los frentes de lucha están en la calle, en los medios decomunicación, con los paros, las moratorias fiscales y a nivel internacional.Pero hay un frente de batalla menos visible pero igualmente clave. Hablamos delas familias, los centros de estudio o de trabajo. Si usted tiene un pariente,amigos o compañeros de estudios o de trabajo o vecinos, que siguen creyendo enel régimen, no podemos darlos por perdidos.
Todos hemosvisto cómo conocidos nuestros, ante los desmanes del régimen, han abierto losojos y cambiado su posición. Claro está que no nos referimos a los sicarios.Hablamos de la gente sencilla, que todos conocemos. Estas personas estánexpuestas cotidianamente a las falsedades que vomitan los medios decomunicación oficialistas. Debemos ayudarles a abrir los ojos. Hay que hacerlesllegar la realidad por Facebook, por las redes sociales o directamente, cara acara. Si somos ofensivos o agresivos no nos escucharán. Si perseveramos y somospersuasivos, igual que ha ocurrido con muchos otros, a estos nicaragüenses seles irá cayendo la venda que todavía tienen. Nos conviene que lo hagan.
Los hechosrecientes nos conducen a otra pregunta. ¿Por qué Ortega tiene tanto pavor a lasmanifestaciones ciudadanas? Y no solo a las manifestaciones. ¿Vieron semejantedespliegue de la Policía y el Ejército para que el mandamás pudiera desplazarsehacia Niquinohomo? Metro por metro, se instalaron a lo largo de toda la ruta.Ni Somoza, ni en plena guerra en los ochenta, se vio semejante exageración.
Ortega llama terroristas a sus opositores porque les tiene terror. ¿Y por qué semejante terror? No es porque asalten bancos, secuestren o coloquen bombas mortíferas. El tirano habla de terrorismo porque sabe que la inmensa mayoría del pueblo lo repudia. Le teme al pueblo. Le aterroriza ver al pueblo desplegado en las calles gritando libertad, justicia y democracia. Igual que a Drácula le causaba terror la Cruz, a Ortega le aterroriza la bandera azul y blanco. Por eso nos llama terroristas.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial. La publicación no significa que este medio valide los argumentos o considere las opiniones como cierta.
