Monseñor Báez : «No hay que acostumbrarse a la normalidad forzada del opresor»
El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, llamó este domingo a una "rebeldía espiritual, intelectual y moral" frente a los regímenes que oprimen a los pueblos. Durante su homilía en Miami, el prelado criticó a los poderosos que explotan a los pobres, se ensañan contra los migrantes y silencian a quienes se atreven a decir verdades incómodas.
Báez, forzado al exilio precisamente por la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, alertó que "los sistemas autoritarios y los poderosos de hoy crean leprosos", al excluir, someter o callar a quienes piensan diferente.
"Las lepras sociales de hoy dividen a la humanidad, explotando a los pobres, maltratando y expulsando a los migrantes, u obligando a callar a quienes dicen verdades incómodas al sistema", denunció.
El religioso, exiliado desde 2019 por las amenazas del régimen Ortega-Murillo, comparó la situación de los pueblos oprimidos con la de los leprosos del Evangelio, que se rebelaron contra un sistema que los excluía.
"Hoy es necesaria la rebeldía. Frente a sistemas opresores y regímenes criminales hay que cultivar la rebeldía espiritual para liberarnos del pesimismo, la rebeldía intelectual para no dejar de pensar con libertad, y la rebeldía moral para no dejar de denunciar la injusticia", expresó.
No rendirse ante fracosos: Son los dolores de parto de una nueva sociedad"
Báez llamó a no rendirse en momentos en que el futuro de los pueblos oprimidos sea incierto, y llamó a no ver como fracasos el cansancio social, los intentos fallidos y las decepciones. "Son los dolores de parto de una nueva sociedad. En esos momentos no hay que caer en el desánimo", reiteró.
"Hay que conservar la rebeldía para no acostumbrarnos a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor y no perder la capacidad de soñar con una sociedad justa y libre", subrayó.
El obispo insistió en que la curación personal y social no llega con la pasividad, sino con el compromiso y la acción colectiva: "Las personas y las sociedades enfermas se curan caminando, no viviendo paralizadas por el miedo o el pesimismo", dijo.
Asimismo, recordó que la sociedad es un camino que se construye entre todos, aunque lleno de "baches" que obstaculizan la fraternidad y atentan contra la dignidad. "La ambición de poder, la idolatría del dinero, el autoritarismo, la opresión de los pobres y la indiferencia egoísta de quien prefiere callar, son algunos de los grandes baches en el camino hacia una sociedad libre, justa e igualitaria" señaló. No obstante, dijo, "nada debería detenernos en el camino por soñar y luchar por un mundo mejor y más humano. La mejor manera de predecir el futuro es crearlo".
En la vida hay que aprender a caminar juntos, nunca solos. Nos necesitamos unos a otros. En la vida, en el camino de la fe y en la convivencia social no somos rivales, sino hermanos, responsables unos de otros.Vivir es también hacernos cargo del que ha dejado de caminar y de quien ha perdido el rumbo. No hay que caminar para llegar primero y acaparar privilegios y aplausos, sino para construir entre todos una convivencia nueva en la que compartamos nuestros bienes e intereses en paz y justicia y en donde disentir del poder no sea un delito.
"La resignación y la mediocridad nos enferman espiritualmente y disminuyen nuestra dignidad", agregó.
Báez también cuestionó a los sistemas que concentran privilegios y castigan la disidencia, recordando que la verdadera convivencia social se construye con justicia y solidaridad.
"No hay que caminar para llegar primero y acaparar privilegios, sino para construir una convivencia nueva en la que compartamos nuestros bienes e intereses en paz y justicia, y en donde disentir del poder no sea un delito", enfatizó.
El obispo concluyó su mensaje recordando que la salvación no proviene de una religión indiferente al dolor humano, sino de una fe activa que se compromete con la dignidad y la vida. "Más importante que la curación física es encontrar al que nos libera y nos devuelve la dignidad", afirmó.



