Régimen encierra a la Iglesia católica en Semana Santa por tercer año consecutivo
El régimen mantiene la vigilancia en los templos con policías e infiltrados, restringe procesiones y obliga a sacerdotes a reportar actividades.


- Managua, Nicaragua
- abril 03, 2025
- 07:25 AM
- Despacho 505
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Por tercer año consecutivo, la Iglesia católica en Nicaragua se ve obligada a celebrar la Semana Santa confinada en sus templos, ante la prohibición del régimen de Daniel Ortega de realizar actividades religiosas en las calles y barrios del país. La represión a la libertad religiosa se mantiene, aislando a la feligresía e impidiendo la expresión pública de su fe.
Aunque la presencia policial ha disminuido en comparación con años anteriores, feligreses consultados por DESPACHO 505 denuncian que el hostigamiento persiste. Civiles identificados como informantes continúan rondando los templos, vigilando y documentando las actividades religiosas. Además, sacerdotes se ven obligados a enviar sus programas de actividades semanales a las autoridades, una práctica que evidencia el control estatal sobre la Iglesia.
Represión disfrazada de normalidad
El régimen intenta proyectar una imagen de normalidad, pero la persecución a la Iglesia católica lo contradice. Desde la prohibición de procesiones hasta la vigilancia en los templos, las restricciones dejan claro que la dictadura considera a la Iglesia un enemigo a controlar.
A pesar de ello, la fe de los nicaragüenses se mantiene firme. Una feligresa que asiste a los viacrucis en la Catedral Metropolitana de Managua expresa su esperanza:
“Aunque no podamos recorrer los barrios con el Nazareno como antes, seguimos orando y pidiendo por la tranquilidad de Nicaragua. Pero da tristeza que la religiosidad popular se esté perdiendo”.
Denuncia además la presencia de individuos sospechosos en los templos: “Camina gente extraña que ni reza ni participa de los viacrucis, solo están ahí con celulares tomando fotos y grabando. Eso da mucho que pensar”.
Control sobre la Iglesia
En tiempos normales, las procesiones y altares formaban parte esencial de la Semana Santa en Nicaragua. Sin embargo, ahora los sacerdotes deben enviar semanalmente sus agendas parroquiales a jefes policiales que supervisan todas las actividades religiosas.
Un feligrés de la tercera edad confirma esta situación: “Todas las semanas los padres envían los horarios de misas y eventos religiosos a la Policía. Aquí nada es normal, siempre nos vigilan”.
Por su parte, Yahaira, una devota de la Sangre de Cristo, lamenta el confinamiento de las celebraciones: “Como católica, siento una profunda tristeza porque muchas celebraciones deben realizarse a puerta cerrada. Pero tengo fe en que un día podremos vivir nuestra devoción en libertad”.
Intimidación y amenazas
La investigadora Martha Molina advierte que el régimen de Ortega y Murillo incluyó en su plan de seguridad para 2025 la intimidación a sacerdotes para recordarles que no tienen autorización para realizar procesiones. Además, se les exige que eviten cualquier mensaje crítico contra el gobierno en sus homilías.
“Si desacatan a la autoridad, irán presos”, advierte Molina, señalando que las amenazas son ejecutadas directamente por jefes policiales en cada sector.
Mientras tanto, la Iglesia en Nicaragua se mantiene bajo vigilancia, sus fieles resisten en la fe y el mundo observa con preocupación cómo el régimen sigue cercenando derechos fundamentales.