Nicaragua, un país que priva a las niñas del derecho a la educación

Los expertos consideran que las niñas aprovechan mejor los estudios que los niños. Sin embargo, hay una serie de bloqueos que impiden que continúen con su educación: embarazos, roles de género y violencia machista.

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  • octubre 11, 2023
  • 12:00 AM

El camino que recorre una niña para llegar a su escuela se ve a veces como una trocha de varios kilómetros de distancia por el que tiene que atravesar quebradas y ríos que crecen con las lluvias del invierno y bloquean el paso. En ocasiones es un trecho alejado y solitario que favorece a los agresores: abusadores y acosadores. Pero también los bloqueos del camino a la escuela para las niñas en Nicaragua pueden verse como la necesidad de trabajar para comer; un embarazo, o una sociedad que las únicas sendas que les muestra son criar a sus hijos y hacer trabajos domésticos. 

“En el campo o área rural de Nicaragua a veces la educación no se considera importante”, dice la defensora de un colectivo de mujeres que trabaja en temas de Educación en Matagalpa, al Norte de Nicaragua. “Esto hace que la continuidad del estudio de las niñas sea una tarea titánica”, agrega. 


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No hay cifras actualizadas de la deserción escolar. El Ministerio de Educación de Nicaragua (Mined) calcula que entre el 8 y 9 por ciento de la matrícula deserta anualmente, sin ofrecer informe detallado de los principales indicadores educativos. Si esa fuera la realidad, significa que cada año entre 150 mil y 160 mil menores en edad escolar dejan de ir a las escuelas por diferentes motivos. Sin embargo, no existe acceso a información oficial que permita conocer cuántos son niñas y niños. 

Ante la falta de transparencia institucional, DESPACHO 505 consultó a grupos de mujeres y especialistas en Educación que trabajan analizando estos temas para tratar de esbozar cuáles son los obstáculos que enfrentan las niñas para continuar con sus estudios y que aportan análisis cualitativos para identifican los bloqueos o piedras que limitan el acceso a la educación a las niñas.

Por ejemplo, una doctora en Educación señala que su análisis sobre el informe de desarrollo humano-- que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó en 2011-- era que había una tendencia, en todos los niveles del sistema educativo nicaragüense a que las niñas aprovechan mejor las oportunidades educativas que los niños. 

Esto quiere decir que las niñas permanecen más en las escuelas, obtienen mejores calificaciones y sacan mejores resultados que los niños en la mayoría de pruebas estandarizadas que se aplicaban. Sin embargo, este aprovechamiento retrocede de forma importante en el nivel universitario y en el área laboral. “El sistema patriarcal nicaragüense provoca que, a pesar de que las niñas aprovechan mejor sus oportunidades educativas, esto no se traduzca en mejores oportunidades para ellas”, señala la especialista que por temor a represalias, por parte del régimen de Daniel Ortega, habla bajo anonimato. 

Miedo en los baños de escuelas

Está comprobado que hay un temor general en las niñas y niños al hacer los recorridos hacia sus escuelas. Sin embargo, en las niñas el miedo es mayor porque están más expuestas al acoso y al abuso sexual. Un informe del organismo Plan International en 2014 reveló que una cantidad considerablemente mayor de niñas (42 por ciento) y niños (50 por ciento) informaron que las niñas “jamás” o “rara vez” están tan seguras como los niños cuando van a la escuela. 

La inseguridad que sienten las niñas en el camino se incrementa cuando llegan a la escuela, según otro estudio que publicó este mismo organismo en 2016. Una de cuatro niñas dijeron que “jamás” se sentían “cómodas” al usar las letrinas de la escuela. Las niñas nicaragüenses sentían el doble de temor que lo que sentían otras de 10 países del mundo en donde se analizaron estos casos.

Entre las amenazas que refirieron estaban las faltas de condiciones de los servicios sanitarios: muchos de ellos no tenían ni un pestillo para que las niñas tuvieran cierta intimidad. En algunos no había puertas, ni papel higiénico, y muchas veces estaban ubicados muy cerca del baño de los niños. También dijeron que algunos hombres las vigilan y que algunos niños las encierran, les tiran piedras o llegan a espiarlas. 

“Los compañeritos las espían y hay poco seguimiento de los docentes”, explica la defensora de los derechos de las niñas en el Norte de Nicaragua. Añade: “El acoso de los niños es alto”.

Según los especialistas, tampoco existe una metodología que los docentes apliquen para cuestionar los roles establecidos históricamente a las niñas y que puedan desarrollarse de manera integral. La experta, quien ha trabajado en capacitaciones sobre estos temas con maestros de Matagalpa, dicen que existe apertura de alguno de ellos, “pero hace falta mucho por avanzar”.

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Los últimos datos que el Gobierno publicó indican que 396,112 niños trabajaban en el país. Las instituciones que deberían proteger a la niñez tienen paupérrimos presupuestos para operar.

“No se ven con derecho a estudiar”

Benita Manzanares tiene 45 años de edad. Soñaba con ser periodista. Pero después de cumplir 15 años de edad ese deseo se esfumó porque “me dedicaba a ayudar a mi mamá”, quien tuvo “muchos hijos”. Quiso continuar con su sueño de entrar a la universidad, pero salió embarazada. El embarazo de Manzanares fue un “pero”, porque escaseaba el dinero y decidió trabajar como costurera para generar ingresos. 

En la historia de Manzanares convergieron el embarazo, la precariedad y los roles machistas como factores que bloquearon sus estudios. Según un sociólogo, que también habla bajo anonimato, en la sociedad nicaragüense, y en especial en el área rural del país, las mujeres son vistas como encargadas de procrear muchos hijos, sin tener posibilidades de decidir sobre sus embarazos. “Todo ello hace que ellas mismas no se ven con derecho a estudiar y menos aún a coronar una carrera universitaria”, expone. 

En la comarca Los Lechecuagos, ubicada al este de la ciudad de León, en el Occidente del país, hay una casa de estudios llamada María Eugenia de Jesús, que nació por las Religiosas de la Asunción y luego fue apoyada por la organización jesuita Fe y Alegría. Es una escuela rural subvencionada por el Estado. Un funcionario del centro explica que el 60 por ciento de las estudiantes son mujeres. Sin embargo, todos los años desertan aproximadamente el 10 por ciento. “El abandono se da, más que todo, porque algunas muchachas salen embarazadas y se retiran junto con sus novios”, señala.

La defensora del Norte de Nicaragua considera que los embarazos en niñas y adolescentes tampoco son atendidos de manera respetuosa por el Ministerio de Educación. “En su lugar abonan al prejuicio, al estigma y a la discriminación”, dice. “Por eso muchas niñas son sacadas del sistema escolar”, enfatiza. 

También cree que en un Estado funcional debe de haber una relación entre los ministerios de Educación, Familia y Salud, para atender de forma integral estos casos en los que las niñas son víctimas de abusos y violencia.

Aunque las matrículas escolares muestran cierta equidad de género, el gran diferenciador histórico en Nicaragua son las áreas de residencia, según la doctora en Educación consultada para este reportaje. Es decir, la desigualdad se nota entre lo rural y lo urbano: las niñas del campo tienen menos oportunidades que las niñas de las ciudades. 

Otra defensora menciona que las mujeres campesinas “se esfuerzan diez veces más que las de la ciudad para poder estudiar y acceder a la universidad”.

En la zona rural también hay una realidad que no se puede ocultar: muchos niños trabajan para ayudar a sus familias que están en condiciones de pobreza. El trabajo infantil tiene un doble efecto. Primero, aleja a las niñas de las escuela, porque deciden trabajar en lugar de estudiar. Y en segundo lugar, si los que trabajan son los varones, a las mujeres se les asigna responsabilizarse de las labores domésticas. 

Para que las niñas y niños que trabajan puedan continuar con sus estudios, el Mined ha implementado el programa de Secundaria a Distancia en el Campo, que imparte clases los fines de semanas. Para los expertos, esta modalidad es contraproducente porque “normaliza el trabajo infantil y baja la calidad de la educación” de los alumnos en comparación con los que reciben clases en turnos regulares. 

Los sueños que se cumplen

Por lo general, el cuidado de los niños y ancianos es asumido por las niñas o mujeres en la sociedad nicaragüense. Esto hace que ellas desperdicien su potencial. Una de las soluciones que propone la doctora en Educación es desarrollar un “Sistema de Cuido” que permita que el Estado asuma esas labores: guarderías infantiles, programas de atención a ancianos o sistemas de atención a personas con enfermedades crónicas. “Al no existir esa red, quienes las asumen son las mujeres, quienes desperdician su potencial totalmente”, comenta. 

Solo al detallar las piedras en el camino se entiende que las luchas más arduas se libran todos los días, y se ven como una niña que cruza veredas para llegar a su escuela, y continúa, con sus sueños a tuto, toda la travesía hasta culminar sus estudios.


Este reportaje forma parte de nuestra cobertura especializada Las Niñas Cuentan. Algunos entrevistados hablaron para este reporte bajo condición de anonimato por temor a represalias del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

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