Dora María Téllez, a 48 años del asalto al Palacio: “Ortega y Murillo han repetido la historia de la dictadura de Somoza”
Hace 48 años, Dora María Téllez tenía 22 años, un fusil entre las manos y un número que marcaba su peso en una operación que asestó uno de los golpes políticos más contundentes a la dictadura somocista: Comandante Dos.
Al mediodía del 22 de agosto de 1978 entró al Palacio Nacional vestida con un uniforme que imitaba al de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) la fuerza élite de la Guardia somocista. La acompañaban otros 24 guerrilleros liderados por Edén Pastora, el Comandante Cero. Durante casi dos días, Téllez participó en las negociaciones que obligaron al dictador Anastasio Somoza Debayle a liberar a 59 presos políticos, entregar medio millón de dólares y permitir la salida del comando de Nicaragua.
De los tres jefes de aquella operación, Téllez es la única sobreviviente. Pastora murió en 2020. Hugo Torres, el Comandante Uno, murió en 2022 como preso político del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La propia Téllez pasó 606 días en prisión antes de ser desterrada y declarada apátrida.
Este 22 de agosto observa desde el exilio cómo el oficialismo manipula aquella operación como parte de la historia oficial del régimen. La exguerrillera, sostiene que Ortega y Murillo pretenden apropiarse de esa gesta, mientras desde el poder reproducen el modelo dictatorial que llevó al comando a arriesgar la vida hace 48 años.
“Rosario Murillo está tratando de apropiarse de todas las fechas conmemorativas de la historia de la lucha revolucionaria en Nicaragua”, afirmó en declaraciones a DESPACHO 505.
La operación que anticipó la caída del somocismo
La toma del Palacio Nacional fue una de las operaciones más audaces ejecutadas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) contra la dictadura de Anastasio Somoza. El comando ‘Rigoberto López Pérez’ llegó al edificio en vehículos que simulaban pertenecer a la Guardia Nacional. Sus 25 integrantes vestían uniformes verde olivo y portaban armas similares a las utilizadas por los militares.
Lograron burlar la seguridad de un edificio que albergaba el Congreso y varias dependencias estatales. Los guerrilleros hicieron creer que preparaban la llegada de Somoza y, una vez dentro, desarmaron a guardias y guardaespaldas. Era el mediodía del 22 de agosto de 1978. El Palacio Nacional estaba entonces entre los edificios públicos más concurridos de Managua y los diputados se disponían a discutir un préstamo de 40 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo, según relató años después Dora María Téllez.
Entre los retenidos estaban Luis Pallais Debayle, primo de Somoza y presidente de la Cámara de Diputados, y José Somoza Abrego, miembro de la familia dictatorial. Su presencia entre los rehenes dio al comando una pieza clave para forzar una negociación con la dictadura.
El entonces arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, intervino como mediador. El comando exigió la liberación de presos políticos, la difusión de documentos del FSLN en los medios de comunicación, dinero y garantías para abandonar Nicaragua.
La acción conocida popularmente como “Operación Chanchera” dio al FSLN una enorme exposición dentro y fuera de Nicaragua y mostró que el aparato de seguridad somocista podía ser vulnerado. Menos de un año después, en julio de 1979, la dictadura de Somoza cayó.
Dejaron morir a Hugo Torres
Para Dora María Téllez el destino de Hugo Torres resume la forma en que traicionaron los principios que motivaron el asalto al Palacio Nacional y a quienes la protagonizaron.
“Ellos dejaron morir a Hugo Torres en la cárcel. Esa es la realidad”, señaló.
Torres fue apresado el 13 de junio de 2021 y murió el 12 de febrero de 2022, ocho meses después de permanecer encerrado en la cárcel de tortura El Chipote, en Managua. Su participación en la lucha contra el somocismo no se limitó al Palacio Nacional. En diciembre de 1974 formó parte del comando que tomó la casa de José María “Chema” Castillo y consiguió la liberación de varios presos políticos, entre ellos el propio Daniel Ortega.
Para Téllez, la trayectoria de Torres demuestra que las conmemoraciones oficiales no responden a un reconocimiento de quienes protagonizaron aquellos hechos, sino al interés del régimen por controlar su significado.
“Por más que Rosario Murillo y Daniel Ortega hagan como que respetan y consideran esa conmemoración, la verdad es que para ellos el único interés es el poder de la familia Ortega Murillo y la instalación de una dictadura igual a la que enfrentamos en 1978”, sostiene.
Para Téllez, los Ortega Murillo son «una dictadura familiar, una dictadura dinástica”.
Presos políticos, 48 años después
La liberación de presos políticos estuvo en el centro de la toma del Palacio. Cuarenta y ocho años después, Téllez vuelve a situar a los encarcelados por razones políticas como una de las expresiones más visibles de la dictadura instalada en Nicaragua.
La desterrada política denunció que en el país hay personas sometidas a torturas, aislamiento y malos tratos. Algunas, agregó, permanecen sin contacto con sus familias ni acceso a una defensa. “Algunos están en condición de desaparición forzada”, advirtió.
Como protagonista de la Operación Muerte al Somocismo, dice que Ortega y Murillo no tienen legitimidad para reivindicar una operación dirigida contra una dictadura familiar cuando han concentrado el poder, encarcelado a sus adversarios y cerrado los espacios democráticos. “Nada tienen que conmemorar los Ortega Murillo porque ellos han repetido la historia de la dictadura de la familia Somoza, nada más que ahora es la dictadura de la familia Ortega Murillo”, sentenció.
A diferencia de 1978, Téllez descarta ahora la vía armada y apuesta por la resistencia cívica para provocar un cambio político. “Lo que nos toca como pueblo nicaragüense es luchar contra la dictadura de los Ortega Murillo, ahora desde la lucha cívica, desde la lucha política”, planteó.
Téllez sostiene que las acciones de resistencia ya está produciendo resultados. “Estoy segura de que eso va a tener, y está teniendo ya, un impacto para liberar a Nicaragua de este régimen y restablecer los espacios democráticos en el país”, sostuvo.



