Ortega acusa a EE. UU. de difundir “propaganda malsana” para hacer creer que Nicaragua “está en ruinas”

Daniel Ortega apareció este lunes en público para cerrar una maratónica jornada en honor al 131 aniversario del natalicio de Augusto C. Sandino. Caída la noche en Managua, el dictador bajó de su Mercedes Benz blindado -que, a sus 80 años, todavía conduce- y, con paso lento y arrastrado, acompañado de Rosario Murillo y custodiado por policías, avanzó hasta el mausoleo del héroe sandinista, en el centro histórico de la capital.

Durante un extenso y difuso discurso, cargado de referencias antiestadounidenses, Ortega acusó a Estados Unidos de promover una “propaganda malsana” contra Nicaragua y de intentar instalar la idea de que el país vive “en ruinas” y sin seguridad.

El veterano líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que suma casi dos décadas consecutivas aferrado al poder y convertido en dictador junto a su esposa, lanzó la acusación al cierre de su intervención, la cual dedicó a reivindicar la lucha antiimperialista de Sandino y en equiparar la ocupación militar estadounidense de principios del siglo XX con las críticas internacionales actuales contra su régimen.

“Escuchamos ahí, en ocasiones, propaganda malsana de parte del Norte, queriendo hacer creer que este país está en ruinas, queriendo hacer creer que aquí no hay seguridad”, afirmó Ortega.

Ortega niega presión: «Afuera digan lo que quieran»

El dictador insistió en negar la presión que recae sobre su régimen tras ocho año de deriva autoritaria es fabricada. Sostuvo que desde el extranjero se intenta proyectar una imagen negativa de Nicaragua, aunque admitió que es algo que también se repite dentro del país.

“Eso lo dicen desde afuera, pero en ocasiones lo repiten aquí”, agregó. Ortega cerró ese mensaje apelando al nacionalismo y a la defensa de la soberanía: “Afuera digan lo que quieran, pero aquí, en tierra nica, se respeta mi bandera”, sentenció, citando la letra de una canción propagandística.

A lo largo de su intervención, Ortega -fiel a su discurso antiimperialista- hizo alusiones a Estados Unidos, al que llamó reiteradamente “yanqui invasor” e “imperialistas de la Tierra”.

Para exaltar la figura de Sandino mencionó que derrotó a las tropas estadounidenses tras ocho años de combate y afirmó que Washington terminó retirándose “derrotado” de Nicaragua.

“Los que imponen la guerra son los imperialistas de la Tierra”, dijo al asegurar que “en el mundo no hay paz”.

Sin anuncios políticos ni económicos, Ortega dedicó el acto a reforzar la narrativa histórica del Frente Sandinista como heredero de la lucha de Sandino.

Además de su ataque a Estados Unidos, lo único aterrizado a la realidad a lo que hizo referencia fue la inauguración del hospital infantil “Coro de Ángeles”, en Estelí, como ejemplo de lo que llamó los “hospitales del pueblo”, en medio de una intervención orientada a proyectar estabilidad y respaldo popular.

El acto oficial se realizó en un contexto de creciente aislamiento y alta presión internacional del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, señalado por organismos internacionales por violaciones a los derechos humanos, represión política y restricciones a las libertades públicas en Nicaragua.