Richard Sáenz, de médico de la familia Ortega – Murillo a exiliado en México

En agosto de 2014 el doctor Richard Neil Sáenz Coen, originario de Chinandega, recibió una llamada de la entonces ministra de Salud, Sonia Castro, para que realizara una cesárea a una mujer en Managua. Cuando llegó al hospital, sin saberlo, Daniel Ortega y Rosario Murillo lo estaban esperando.  

Aunque el exagerado despliegue de seguridad que existía en el hospital le llamó la atención, fue hasta que culminó el parto y salió del quirófano que se enteró que había ayudado a traer al mundo a un nieto del dictador. 

“Cuando salí del quirófano me encontré con Ortega y su esposa Rosario Murillo e inmediatamente me saludaron y me dieron las gracias por ayudar al nacimiento de su nieto y en ese momento entendí el porqué de tanta seguridad”, recuerda. 

Atender ese parto fue su trampolín para que el médico de 33 años ingresara directamente a ser parte del despacho de asesores de la Sonia Castro y del equipo médico interdisciplinario que se encarga de atender a toda la familia Ortega – Murillo en El Carmen.  

LEA TAMBIÉN: Hospital Militar despide a siete médicos que no votaron y “traicionaron a la patria”

El doctor Sáenz se graduó en la Universidad La Sapienza de Roma, Italia. Tiene una subespecialidad en infarto juvenil y habla cuatro idiomas.  

Ingresar al equipo médico de la familia presidencial le permitió entrar y salir de El Carmen sin problemas. “me encargaba de brindar asistencia médica a su familia, pero a la vez trabajaba en el hospital General España de Chinandega, hasta que estalló el conflicto socio político de abril del 2018”, relata a DESPACHO 505. 

VÍCTIMA DEL “VAMOS CON TODO” 

Cuando iniciaron las protestas contra el régimen en abril de 2018 y fue testigo de la sangrienta represión de policías y paramilitares contra los manifestantes, el doctor Sáenz no dudó en atender a heridos. Ahí empezó su calvario.  

“Ortega y Murillo no vieron  con buenos ojos que yo estuviera cumpliendo con mi función de médico y así empezó mi pesadilla”, reconoce. 

La primera represalia en su contra llegó a fínales de abril del 2018, cuando le entregaron su carta de despido del hospital de Monte España de Chinandega.  

El 5 de diciembre de 2018 fue detenido por la Policía en Chinandega y seis días después fue trasladado a las celdas de “El Chipote” en Managua. Ahí, asegura, fue torturado sin piedad. 

“Yo soy un paciente insulinodependiente y estando preso me descompensé y me tuvieron hospitalizado dos veces. Gracias a la intervención de la ministra de Salud, me dejaron en libertad el 30 de diciembre, con la condición de estarme presentando a los juzgados de Chinandega cada 15 días”, explica. 

MÁS NOTICIAS: COVAX ha entregado a Nicaragua 3.2 millones de vacunas contra la Covid-19

El 25 de julio de 2019 policías y paramilitares allanaron su casa y saquearon tres empresas dedicadas a la automatización industrial.

Al mismo tiempo, el régimen orientó a los trabajadores del médico poner una denuncia en el Ministerio del Trabajo por supuesto incumplimiento de pago de honorarios y en el proceso un juez le ordenó indemnizarlos con una fuerte suma de dinero, ya que la policía durante el allanamiento se le llevó todos sus documentos incluyendo la planilla de pago. 

Pese al hostigamiento, persecución y robo a sus empresas, el doctor Sáenz continuó llevando suministros y brindando asistencia a pacientes de comunidades de Chinandega afectados por el Covid-19, disidentes y excarcelados políticos. 

EL EXILIO  

En abril de este año la Policía lo detuvo nuevamente y fue liberado cuatro días después.  

La madrugada del 29 de junio salió de Nicaragua por puntos ciegos a través de la frontera El Guasaule y llegó a Honduras para seguir hasta México. 

Cuando salió al exilio había una orden de captura en su contra por ocho delitos, entre ellos defraudación al seguro social y aduanero, terrorismo, lavado de dinero, divulgación de secretos de estado y malversación de fondos públicos.  

Salió de Nicaragua con la ropa que vestía y para financiar la travesía hasta México “malvendió” una camioneta Toyota Hilux en 4,000 dólares. Con ese dinero ayudó a otros perseguidos políticos a salir del país. 

“Mientras cruzaba la frontera por un río yo prometí que regresaría a Nicaragua de dos maneras: una para luchar contra el dictador o bien en una Nicaragua sin Ortega, pero estaba claro que me esperaba un exilio largo, duro y sé que aún queda mucho camino porque el régimen buscará a toda costa mantenerse en el poder”, lamenta.