Ortega y Murillo buscan alivio internacional con algunas procesiones, advierte Martha Molina

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo está autorizando algunas procesiones católicas en Nicaragua, mientras mantiene bajo control policial las actividades religiosas, una maniobra que, según la defensora de derechos humanos Martha Molina, busca generar un alivio frente a la presión internacional para sostenerse en el poder.

Molina, abogada e investigadora y autora del estudio Una Iglesia Perseguida, explicó que entre las procesiones autorizadas están las de la Virgen de la Merced, en Matagalpa, y San Jerónimo, en Masaya. Otras podrían recibir autorización, pero bajo estricta vigilancia policial.

“Grave error es pensar que permitir dos o cinco procesiones es sinónimo de libertad religiosa”, afirmó Molina.

“Los Ortega Murillo son personas oportunistas y como no han podido doblegar a la Iglesia Católica, entonces han cambiado la estrategia de represión y mediante el control total de las actividades religiosas y el acercamiento a sacerdotes, donde hacen uso de la coacción para cumplir sus fines, esperan proyectar una falsa normalidad», explicó.

Procesiones bajo vigilancia policial

La investigadora considera que la dictadura sabe que la comunidad internacional mantiene la atención puesta sobre Nicaragua y que, en este contexto, busca mostrar señales de apertura que permitan reducir la presión mientras conserva el control sobre la Iglesia Católica.

“Este es un momento para que los dictadores traten de buscar un alivio y así sostenerse en el poder”, sostuvo.

Molina asegura que las procesiones autorizadas están sometidas a vigilancia policial. Asimismo, señaló que los agentes estarán pendientes de impedir cualquier manifestación que el régimen pueda considerar una amenaza política.

La decisión también ha sorprendido a algunos organizadores de la Iglesia, debido a que una procesión requiere planificación y preparación previa. Sin embargo, las comunidades religiosas no tienen margen para negociar las condiciones impuestas por el régimen.

Mientras Ortega y Murillo permiten algunas procesiones, otras expresiones de piedad popular continúan prohibidas. Molina recordó que un día antes de las celebraciones de la Virgen de la Merced y San Jerónimo, la dictadura no permitió la salida de la procesión de San Miguel Arcángel.

En Nicaragua no hay libertad religiosa

La restricción tampoco se limita a Masaya, León y Matagalpa. De acuerdo con Molina, existen otras parroquias que celebran a San Jerónimo y a la Virgen de la Merced, pero sus procesiones fueron confinadas al interior de los templos.

Para la investigadora, la autorización de unas pocas actividades religiosas no cambia el escenario de persecución contra la Iglesia Católica; ya que, buscan controlar las actividades religiosas y acercarse a sacerdotes mediante mecanismos de coacción para proyectar una “falsa normalidad”.

“Una pequeña parte del pueblo católico pudo expresar su fe”, reconoció la defensora, pero advirtió que todavía quedan pendientes numerosas medidas para que pueda hablarse de libertad religiosa.

Entre ellas mencionó el retorno de las propiedades confiscadas a la Iglesia, la libertad para sacerdotes presos, la devolución de fondos y cuentas bancarias confiscadas, la restitución de la personería jurídica de Cáritas, el regreso de los medios de comunicación de la Iglesia y el fin de la vigilancia sobre los sacerdotes.

También reclamó el retorno seguro de los religiosos obligados al exilio, la autorización de ordenaciones sacerdotales en Matagalpa, Jinotega, Siuna y Estelí, y el fin de las restricciones a los laicos que se reúnen en sus viviendas para rezar el rosario.

“Cuando todas ellas cesen, entonces podemos comenzar a decir que en Nicaragua existe libertad religiosa, antes no”, concluyó Molina.