FLED denuncia tortura psicológica masiva ejecutada por la dictadura de Ortega y Murillo en Nicaragua

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha convertido la vida de los nicaragüenses en un laboratorio de tortura psicológica masiva, según revela el informe “Nicaragua: memoria periodística y lucha por la verdad, abril 2018 – junio 2025”, presentado por la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED).

El estudio documenta 257 casos de vigilancia sistemática entre 2018 y 2024, y prácticas que destruyen la intimidad familiar, provoca hipervigilancia crónica y genera un estado de paranoia permanente en las víctimas. “Los hogares dejaron de ser un refugio para convertirse en cárceles invisibles bajo la mirada del régimen”, señala el informe de la FLED.

El informa documenta 86 casos de tortura psicológica directa, ejecutados con métodos diseñados para quebrantar la personalidad de los nicaragüenses como aislamiento prolongado, amenazas contra familiares, humillación pública y manipulación del futuro inmediato de las víctimas.

El informe pone en evidencia las prácticas ejecutada por la dictadura, las que dejan secuelas graves como trastorno de estrés postraumático, depresión mayor, ansiedad generalizada y disociación psicológica.

Amputación social y dolor irreparable

La FLED añade al impacto psicológico que provocó el destierro forzado de 293 periodistas hasta abril de 2025, lo que califica como un crimen, lo que constituye una "amputación social", pues s despoja a la nación de su memoria viva y genera un dolor irreparable: duelo sin cierre, pérdida de identidad cultural, exilio forzado en condiciones de incertidumbre legal y aislamiento en los países de acogida.

La dictadura, según el documento, no solo apunta contra las víctimas directas, sino que perpetúa la transmisión generacional del trauma, como es el caso de los niños que viven bajo hipervigilancia, desarrollan problemas de apego y presentan síntomas físicos sin causa médica.

En el caso de los adolescentes, crecen convencidos de que ser nicaragüenses o tener ideas propias es un peligro, y en relación a "ser periodista es peligroso", y pierden confianza en las instituciones y ven mutilados sus proyectos de vida.

Familias enteras sufren aislamiento social, conflictos internos y trauma secundario por convivir diariamente con el relato de la violencia estatal.