La dictadura «receta» un despido cada ocho horas en el sector salud

Una nueva ola de despidos simultáneos en hospitales públicos de al menos seis departamentos del país, denunciada esta semana por personal médico a DESPACHO 505, confirma que la purga en el sector salud no es aislada ni reciente: en los últimos 10 meses, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha despedido a 1.039 trabajadores sanitarios del sistema público, lo que equivale a tres despidos por día, uno cada ocho horas.

Como si se tratara de una receta médica rígida, la dictadura ha aplicado un despido cada ocho horas en hospitales, centros de salud y unidades del Ministerio de Salud.

Las cifras provienen de estadísticas oficiales del Ministerio de Hacienda, que muestran que entre julio de 2024 y mayo de 2025, el personal del sector salud adscrito al Gobierno Central cayó de 21,160 a 20,121 trabajadores. Estos recortes coinciden con la “revisión estructural del Estado” anunciada por Murillo a mediados del año pasado, y con un patrón creciente de represión política camuflada como reorganización administrativa.

Una barrida sistemática

Lejos de ser hechos aislados, los despidos masivos documentados por DESPACHO 505 en las últimas 48 horas —en hospitales públicos de León, Estelí, Rivas, Masaya, Chinandega y Ocotal— forman parte de una estrategia sostenida.

La reducción de personal ha impactado áreas críticas como neonatología, cirugía general, ginecología y medicina interna. En León, por ejemplo, el Hospital Escuela Óscar Danilo Rosales (HEODRA) perdió no solo a especialistas con décadas de experiencia, sino también a su único gineco-oncólogo.

Los despidos han afectado a médicos con más de una década de servicio, docentes universitarios, jefes de servicios y profesionales clave en la atención especializada. A esta barrida se suman las renuncias en solidaridad de médicos que, aunque no fueron despedidos formalmente, decidieron no seguir trabajando en condiciones de intimidación o censura.

Buscan subordinación ideológica

Una especialista en salud pública consultada advierte que lo que ocurre en Nicaragua “no es un simple ajuste”, sino una estrategia política deliberada para reemplazar talento técnico por subordinación ideológica.

“Estamos viendo cómo se desmantela la columna vertebral del sistema sanitario bajo una lógica de control total”, explica. “Los despidos no están dirigidos a mejorar la eficiencia, sino a castigar la disidencia, a instalar el miedo y a garantizar lealtades políticas dentro del sistema de salud. Esto es profundamente peligroso en un país donde el acceso a especialistas ya es limitado”, advierte.

Médicos consultados bajo anonimato coinciden: los despidos no obedecen a criterios técnicos, sino políticos. “Te pueden echar por una publicación en redes, por no aplaudir lo suficiente, por no seguir la línea”, cuenta un internista recientemente despedido.