Taxistas al borde: entre aplicaciones, caponeras y olvido

Son las cinco de la mañana y Francisco García ya está en la calle. Se persigna antes de encender el carro, sube el volumen a la música de la radio y murmura una oración. "Que hoy se den muchas carreras, Señor", dice. Como cada día desde hace siete años, se lanza por toda Managua para buscar pasajeros que lo ayuden a alcanzar su meta diaria: al menos 1,800 córdobas para cubrir el alquiler del taxi, el combustible y el sustento de su familia.

Francisco no está solo. Los datos oficiales hablan de unas 12 mil unidades de taxi autorizadas en Managua. Los choferes de estas unidades a diario recorren Managua repartidos en turnos. Francisco describe cada jornada como "una carrera por sobrevivir". Explica que el negocio no mejora y que la carestía de la vida y el viejo problema de los "piratas" los asfixian. Incluye en ese paquete de competidores desleales a la flota que vehículos que opera a través de plataformas digitales.

Como maneja un taxi ajeno, cada jornada empieza con una deuda: 600 córdobas para la dueña del vehículo. Luego vienen los 800 del combustible, y finalmente, lo más sagrado para él: los 400 o 500 córdobas que necesita llevar a su casa.

"Llevo siete años manejando taxi y esa es mi rutina diaria. Pero ahora es diferente", dice mientras un posible cliente le hace señal de parada en Metrocentro. Francisco le ofrece llevarlo hasta el Parque Luis Alfonso por 100 córdobas. El pasajero se queja y lo intenta regatear. No hay trato. Se va caminando. "Así pasamos todos los días. En Managua una carrera por más cerca que estés no te baja de 80 córdobas", dice Francisco.

Dice que debido al bajón en la demanda de los taxis de parada no pueden abaratar las tarifas. 

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Quejas por competencia

Las aplicaciones de servicio de transporte privado han cambiado las reglas del juego para los taxistas. Desde 2017, plataformas como Aventón, Ray e InDriver ganan terreno en la capital. Operan bajo la figura de "servicios exclusivos", aunque en la práctica realizan el mismo trabajo que un taxi legalmente autorizado.

Los taxis se rigen bajo la Ley General de Transporte Terrestre (Ley 524). En ella se establece que ninguna persona no autorizada puede prestar el servicio público de transporte y es lo que Francisco invoca para cuestionar las operaciones de los taxis exclusivos a los que no se les exige pagos, licencias, inspecciones y cobros fijos.

“Para cubrir todo necesito entre 15 a 20 carreras diarias. Pero eso ya no se da. Hay días en que apenas saco para el combustible. Me toca doblar turno o quedarme en la calle hasta la medianoche”, cuenta Francisco, con un tono de decepción.

Como punto a favor, el servicio de transporte por medio de aplicación suele ofrecer  tarifas  más flexibles y genera más confianza en cuanto a la seguridad.

Usuarios añaden el trato y el mal estado de las unidades a las razones por las que los taxistas tradicionales notan una caída en la demanda de sus servicios.

Carla, una trabajadora de un banco, que suele tomar taxi para regresar a casa desde hace un año prefiere el de aplicación. Cree que el servicio es mejor y se siente más segura.  "Los taxis que se toman en la calle suelen ser un desastre, muchos tienen desde asientos rotos, ventanas dañadas y hasta las manecillas para abrir las puertas dañadas y eso causa inseguridad", dice. Menciona, otras quejas como trato irrespetuoso y actitudes groseras por parte de algunos chofere.

A estas críticas, otros usuarios, suman la percepción de inseguridad durante los traslados, especialmente en horarios nocturnos o en zonas alejadas.

Ni a precio de caponera

En redes sociales, otros taxistas también comparten su frustración. En TikTok, uno de ellos graba un video narrando su jornada. "Hoy jueves ha estado bastante difícil el trabajo", dice mientras espera pasajeros. "Esto es lo que vivimos todos los días. La crisis del trabajo como está, pasamos momentos difíciles. Las ganancias no son buenas", comparte.

El hombre intenta negociar con dos pasajeras: 60 córdobas por llevarlas a ambas. "Las voy a llevar a precio de caponera", les dice, sin éxito. "Los pasajeros no quieren pagar, miran los precios bastante caros", añade resignado.

Y es que las caponeras —vehículos ligeros de tres ruedas— también han tomado protagonismo en el transporte urbano. Según datos de la Dirección de Tránsito Nacional, hasta 2023 había más de 24 mil registradas en el país, con Managua como su principal mercado. En tiempos de desempleo y crisis, ofrecen una alternativa más barata para el usuario, pero una competencia para el taxista tradicional.

"El gremio está en quiebra prácticamente", afirma el conductor al cerrar su video. Y esa frase, cruda y directa, resume lo que viven miles como e´l y Francisco: jornadas interminables y cuentas que no cuadran porque ya ni un turno de ocho horas tras el volante garantiza el pan.

Cuando termina el turno, Francisco apaga la radio. Mira el retrovisor. Suspira. "Mañana será otro día", se dice.