#LasNiñasCuentan | ¿Por qué el empoderamiento de las niñas podría poner fin a la violencia?

En Nicaragua, los derechos de las niñas son invisibilizados por la sociedad y el Estado, y tampoco existe una política pública con perspectiva de género que contribuya a empoderarlas. Te explicamos las razones por las que se deben empoderar a las niñas de hoy que serán las mujeres del mañana.

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  • abril 07, 2021
  • 12:58 AM

Una de las principales razones por las que se debe empoderar a las niñas nicaragüenses es evitar que repitan los círculos de violencia cuando sean adultas. Según especialistas en el tema, el empoderamiento femenino comienza desde temprana edad con la familia, educación de calidad y acceso a la cultura, ciencia y la salud. 

Organizaciones defensoras de los derechos de las niñas mencionan cinco razones por las que es importante empoderarlas: porque ellas aprenderán a ser valientes, no perfectas; porque así aprenden que los estereotipos de género se adquieren desde la infancia;  porque contribuye a prevenir la violencia y la discriminación; porque las niñas de hoy serán las líderes del mañana.; y porque el desarrollo sin ellas no es posible. 

Las expertas consultadas también coinciden en que a la edad de 10 años las niñas están listas para empezar a desempeñar las funciones que determinarán su futuro, según el apoyo y el poder que tengan para decidir sobre este.

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“A las niñas se les deben dar las oportunidades para desarrollar sus capacidades y lógicamente desde ese punto de vista, cuando vos les das las oportunidades, les creás condiciones óptimas para su desarrollo, estás ayudando a que las niñas demuestren el poder que tienen para su desarrollo, para hacer lo que a ellas les ayude como personas”, explicó una especialista en temas de la niñez que ha decidido omitir su nombre para evitar represalias por parte del régimen de Daniel Ortega.

El empoderamiento de las niñas es comparado al deporte, señala la experta, es decir, que si desde pequeñas lo practican llegan a obtener buenos resultados en la etapa adulta, ejerciendo el liderazgo que deben tener y reconociendo sus derechos. Por ejemplo, uno de los problemas que atraviesa la mujer es que en muchos casos aún no se le permite que pueda señalar o criticar la forma en la que se desarrollan en los ámbitos familiares y comunitarios y eso precisamente debe ser un patrón que debe cambiar dándole el poder de hacer observaciones a este tipo de aspectos desde que son niñas. 

Empoderar a una niña también radica en enseñarle el respeto a su propio cuerpo, o sea que los padres le orienten cuáles son los límites, que comprendan que el castigo físico no es una alternativa para corregirla, al igual que tampoco debe aceptar los gritos. 

“A partir de su cuerpo le pueden mostrar a la niña qué cosas son las que ella tiene que reconocer como parte de sus derechos y en todo caso esto comienza en la casa. Las relaciones que se establecen en la familia efectivamente son determinantes, porque cuando una madre o un padre le grita a una niña, significa que esa niña va a aprender que la forma de comunicarse es a través del grito, la ofensa o la humillación, entonces no va a reconocer sus derechos a que no le griten ni la humillen”, indicó Lorna Norori, coordinadora del Movimiento Contra el Abuso Sexual. 

La desigualdad entre niños y niñas sigue estando profundamente arraigada y empieza a temprana edad. Por ejemplo, en la mayoría de países, las mujeres y las niñas continúan realizando la mayor parte del trabajo no remunerado en el hogar, y es muy fácil subestimar el impacto que estas responsabilidades domésticas tienen en la capacidad de las niñas de tomar decisiones y de tener el poder sobre sus propias vidas.

La abogada Juanita Jiménez, del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), considera que para lograr el empoderamiento femenino el desafío más grande es que la sociedad reconozca las condiciones de desigualdad en la que todavía viven las niñas y las mujeres para poder cambiar los estereotipos que refuerzan la mentalidad machista.

“En esto, por supuesto, siempre juegan un papel los estados porque si bien es cierto el desafío mayor es el cambio de mentalidad, de los modelos estructurales de la sociedad. Lógicamente han discriminado el ser mujer, entonces los estados están comprometidos a promover e impulsar y garantizar que esa igualdad pueda llegar a cada uno de los hogares. Esto tiene que ver con políticas públicas, planes de desarrollo, que puedan garantizar en esos planes la educación integral de las niñas”, expresó Jiménez. 

Invertir en empoderar a las niñas puede llegar a triplicar sus ingresos a lo largo de su vida e impulsar el crecimiento económico de su país. Cuando las niñas no son tomadas en cuenta y se les discrimina no solo está afectando a las propias mujeres, sino a toda una economía, todo un sistema de país, ya que pierde potencial porque no se incluye a las mujeres en su desarrollo.

Según cifras del Fondo de Población para las Naciones Unidas (Unfpa), en la actualidad, hay cerca de 62 millones de niñas adolescentes en el mundo que no van a la escuela. Cuando una niña no se educa o se ve obligada a abandonar su educación, se violan sus derechos y se limitan sus opciones futuras. Caso que no es igual con los niños porque generalmente siempre han tenido más oportunidades solo por el hecho de ser hombres. 

“Son más niñas las que no permanecen y no logran concluir sus estudios de primaria y al empoderarlas vos cambiás este patrón, pero primero debés identificar que no se están reconociendo los mismos derechos para ambos, niños y niñas, para lograr hacer un cambio”, advirtió Jiménez, del Movimiento Autónomo de Mujeres.  

En el caso de Nicaragua, los expertos consideran que aún hay un largo camino por recorrer para lograr el empoderamiento de las niñas y uno de los aspectos en los que se ve reflejado es que el país ocupa el segundo lugar en cuanto a tasa de embarazos en adolescentes en América Latina. De hecho, dentro del territorio nacional, la mayoría de las niñas madres rondan las edades entre los 10 y 14 años. 

“Estas cifras son totalmente alarmantes porque son como unos de los parámetros para medir qué tan empoderadas están las niñas, qué tanto han invertido (el Estado) en temas de igualdad para las niñas, pero también en protección hacia la violencia porque ya sabemos que una niña que está pariendo a la edad de 10 y 14 años representa resultados no solo de la violencia sexual, sino que es parte del nivel de desprotección que las niñas viven de la violencia”, apuntó Jiménez. 

Una publicación de Unfpa revela que las tasas de embarazo adolescente en América Latina y el Caribe continúan siendo las segundas más altas en el mundo, estimadas en 66.5 nacimientos por cada 1,000 niñas de entre 15 y 19 años, y son sólo superadas por las de África Subsahariana. 

En Nicaragua, más que del Estado, existen organizaciones no gubernamentales que se encargan de trabajar el tema de empoderamiento en las niñas y temas de género para lograr que el fututo sean mujeres independientes y que tengan la potestad de tomar sus propias decisiones. 

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“Definitivamente la comunidad tiene un alto compromiso, las organizaciones también tienen un alto compromiso que también está determinado en el Código de la Niñez y la Adolescencia… pero el papel del Estado es uno de los más importantes y la verdad es que su función está quedando en mucha ineficacia”, comentó Norori. 

Unicef ha propuesto resaltar la importancia del empoderamiento de las adolescentes para poner fin al ciclo de la violencia y señala que los desafíos más grandes que enfrentan las niñas para hacer realidad su poder están relacionados con las actitudes, prácticas e ideologías que están profundamente arraigados en las tradiciones y normas sociales de cada país.

Existen otras áreas en las vidas de las niñas donde en teoría hay una legislación que debe defender sus derechos, pero en la práctica existen normas y comportamientos culturales, sociales y religiosos muy arraigados que conspiran para impedir el cambio. El matrimonio infantil y el embarazo no deseado son dos claros ejemplos.

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