
¿Qué está pasando bajo el volcán Masaya? Científicos detectan nueva acumulación de magma
A más de tres kilómetros de profundidad, bajo el volcán Masaya, algo ha cambiado. Después de varios años de pérdida de volumen, uno de sus principales depósitos subterráneos comenzó a expandirse nuevamente a mediados de 2022. Los científicos consideran que este comportamiento podría indicar la entrada de nuevo magma desde las profundidades de la Tierra.
El fenómeno fue identificado por investigadores mediante imágenes satelitales que permitieron medir movimientos del terreno de apenas unos milímetros. Los resultados revelan que el sistema volcánico de Masaya es más complejo de lo que se conocía y que dos depósitos de magma situados a distintas profundidades pueden experimentar cambios diferentes al mismo tiempo.
La investigación, titulada Double Trouble: Two Active Magma Reservoirs Identified at Masaya Volcano, Nicaragua, Using Satellite Geodesy, fue publicada el 23 de julio de 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters y encabezada por Lizzie Johnson, investigadora vinculada a la Universidad Estatal de Pensilvania.
El estudio tiene especial importancia para Nicaragua, ya que alrededor de dos millones de personas viven en un radio de 20 kilómetros del volcán, situado al sureste de Managua.
¿Qué encontraron los científicos bajo el volcán Masaya?
Los investigadores identificaron dos depósitos de magma con comportamientos distintos. El primero, conocido como Reservorio Central de Masaya, se encuentra aproximadamente a 3.200 metros de profundidad, hacia el norte del cráter Santiago.
Entre 2018 y mediados de 2022, el terreno situado sobre este depósito registró un desplazamiento de aproximadamente tres centímetros en dirección contraria al satélite. Los científicos interpretaron este comportamiento como una señal de pérdida de volumen en el reservorio.
Sin embargo, a mediados de 2022 comenzó a observarse el movimiento contrario: el terreno empezó a elevarse, un fenómeno conocido como inflación volcánica.
Según los investigadores, este cambio es compatible con la entrada de nuevo magma desde zonas más profundas, lo que incrementaría el volumen y la presión del depósito subterráneo.
El segundo reservorio se encuentra mucho más cerca de la superficie, aproximadamente a 200 metros de profundidad, bajo el área del cráter Santiago.
A diferencia del depósito profundo, este sistema continuó mostrando señales de pérdida de volumen durante todo el período analizado, entre enero de 2018 y febrero de 2024.
La diferencia entre ambos comportamientos constituye uno de los principales resultados de la investigación: el magma no necesariamente se mueve de manera uniforme bajo el volcán.
¿Cuánto magma se estaría acumulando?
El estudio no se limita a identificar movimientos del terreno. También utiliza modelos matemáticos para estimar los cambios de volumen de los depósitos subterráneos.
Los cálculos indican que el reservorio profundo experimentó una reducción aproximada de 1,3 millones de metros cúbicos entre 2018 y 2022. Posteriormente, entre 2022 y febrero de 2024, los investigadores estimaron un incremento de unos 450.000 metros cúbicos.
Pero el trabajo científico incorpora otro dato relevante: un análisis ampliado correspondiente al período 2024-2026 estimó un aumento adicional de aproximadamente 1,6 millones de metros cúbicos en el depósito profundo. Estas cantidades representan cambios de volumen calculados mediante modelos geodésicos, no mediciones directas de magma extraído o visualizado bajo tierra.
Los resultados apuntan a una recuperación de volumen del sistema profundo después de varios años de contracción.
¿Significa que el volcán Masaya podría entrar en erupción?
La acumulación de magma no significa necesariamente que una erupción sea inminente. Los científicos explican que, si continúa la expansión del reservorio profundo, podrían desarrollarse condiciones favorables para una mayor actividad efusiva, es decir, episodios en los que el magma alcanza la superficie y puede producir lava.
Sin embargo, el estudio señala que probablemente sería necesario un incremento adicional considerable del volumen antes de que se produzca una nueva etapa de actividad efusiva.
Como referencia, investigaciones anteriores relacionaron la aparición del lago de lava del cráter Santiago, en diciembre de 2015, con un cambio acumulado de volumen de aproximadamente cuatro millones de metros cúbicos.
Los investigadores advierten, además, que el comportamiento de Masaya no puede interpretarse únicamente a partir de la expansión de uno de sus depósitos. La conexión entre los reservorios, el movimiento de los gases y los cambios en los conductos volcánicos también influyen en su actividad.
Por tanto, los resultados permiten conocer mejor los procesos subterráneos, pero no establecen una fecha ni una probabilidad concreta de erupción.
¿Por qué preocupa el volcán Masaya?
El Masaya tiene una característica que lo distingue de otros volcanes: aunque su actividad reciente ha estado dominada por la emisión de gases, la formación de lagos de lava y explosiones, su historia geológica incluye episodios eruptivos de gran magnitud.
La investigación recuerda que el volcán ha producido al menos cuatro grandes erupciones explosivas en su pasado. La última gran corriente de lava ocurrió en 1772, mientras que el 23 de abril de 2001 una explosión lanzó fragmentos volcánicos hacia una zona frecuentada por turistas cerca del borde del cráter Santiago. No se reportaron víctimas, aunque varios vehículos resultaron dañados.
Otro riesgo permanente es la emisión de dióxido de azufre, un gas volcánico que puede alcanzar concentraciones perjudiciales para la salud.
Por eso, incluso sin una erupción, el comportamiento del volcán tiene consecuencias para la seguridad de las poblaciones cercanas y de quienes visitan el Parque Nacional Volcán Masaya.
¿Cómo pudieron descubrir lo que ocurre a kilómetros de profundidad?
Los investigadores utilizaron imágenes de radar de los satélites Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea, obtenidas entre enero de 2018 y febrero de 2024.
La técnica, conocida como interferometría de radar de apertura sintética (InSAR), permite comparar imágenes tomadas en distintos momentos para detectar pequeños desplazamientos de la superficie terrestre.
Cuando el magma se acumula bajo tierra, puede ejercer presión y provocar que el terreno se eleve. Cuando disminuye el volumen de un depósito, la superficie puede hundirse.
A partir de esos movimientos, los científicos emplean modelos matemáticos para estimar la profundidad y los cambios de volumen de las fuentes subterráneas.
Este procedimiento no permite observar directamente el magma, pero proporciona información sobre procesos que ocurren a profundidades inaccesibles para la observación humana.
¿Qué falta por conocer?
Uno de los principales interrogantes es cómo se relacionan los dos depósitos de magma identificados y qué condiciones permiten que el material ascienda hacia la superficie.
Los investigadores encontraron similitudes entre el sistema subterráneo del Masaya y el del volcán Kīlauea, en Hawái, que también presenta depósitos de magma a diferentes profundidades.
Comprender esas conexiones resulta fundamental para anticipar cambios de actividad y mejorar la vigilancia volcánica.
El estudio concluye que se necesitan observaciones geodésicas prolongadas y nuevos modelos científicos para comprender mejor las transiciones entre la acumulación subterránea de magma, la aparición de lava y las erupciones.
El hallazgo, por tanto, no constituye por sí mismo una advertencia de erupción inmediata. Su importancia reside en que aporta nuevas evidencias sobre los movimientos del magma bajo uno de los volcanes más activos de Nicaragua y ofrece información para mejorar la evaluación de sus riesgos.



