Félix Maradiaga fue indocumentado, estudió en Harvard y ahora está preso por querer ser presidente de Nicaragua
Su madre lo envió sin papeles a Estados Unidos por miedo a una guerra que defendía el mismo que 34 años después, es su carcelero.


- febrero 20, 2022
- 09:51 PM
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La historia de Félix Maradiaga es una de esas en las que hay que comenzar contando, que, aunque el hombre conoció Estados Unidos siendo indocumentado procedente de Nicaragua, llegó a Harvard muchos años después y allá se graduó con honores.
Si. Así es. Félix Alejandro Maradiaga Blandón sabe lo que es ser indocumentado, vivir en un refugio, volver a su país de origen y después salir a conquistar diplomas y medallas.
Es extraño anotar sí que esa huida Nicaragua siendo un adolescente de apenas 12 años, tenga relación con quienes ahora lo han secuestrado, lo tienen preso desde hace 258 días y lo enjuician por supuestamente “traicionar a la patria” y amenazar la soberanía.
Cuando en 1988 su madre lo sacó de Nicaragua y lo hizo cruzar México sin papeles, lo hizo desesperada, más que por la dura situación económica que padecían en la casa, por la guerra, cuyas balas y explosivos resonaban más en las montañas donde crecía un imberbe Félix Maradiaga. Por entonces, Daniel Ortega, gobernaba al país formalmente desde 1984.
UN HOMBRE DEL NORTE
Félix Maradiaga nació en Jinotega, un 23 de septiembre de 1976, pero creció en Matagalpa. Supo desde muy temprano lo que era criarse sin padre y fue su madre, una profesora de secundaria, la que se encargó de sacarlo adelante. Ella dividió su tiempo entre las aulas y el comercio para que nada le faltara. Su padre falleció inesperadamente en un accidente de tránsito.
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En los años 80, las montañas del país se convirtieron en un infierno. La vida en Matagalpa llegó a depender del ingenio de la gente para evitar morir en manos de los sandinistas o de la llamada Contra, el grupo irregular que los enfrentaba. Fue a finales de la esa década que la madre de Félix, tomó la decisión de sacarlo del país.
La travesía la hizo a los 12 años. Su primera parada fue un refugio para inmigrantes y después fue dejado en manos de una familia adoptiva que lo resguardó por dos años en el Sur de la Florida. En 1990, con la salida del sandinismo del poder, Maradiaga volvió a Matagalpa. Quería estudiar.
Quiso la suerte que el entonces obispo de esa ciudad, el ahora Cardenal Lepoldo Brenes lo considerara un joven espiritual y le encargara formar parte de la Pastoral Juvenil de Matagalpa. Desde ese momento, un joven Maradiaga se tomó muy en serio la vida religiosa. Iba siempre a misa y no faltaba a ninguna de las actividades de su parroquia.
Es para Berta Valle, su esposa, un episodio importante en la vida del ahora preso de conciencia, porque esa cualidad de “hombre espiritual” le ha ayudado a sobrellevar el encierro al que ha sido sometido. “Él es un hombre de fe, muy cristiano, lo ha sido siempre, toda su vida”, confirma a DESPACHO 505.
Agrega que eso explica, la insistencia de Maradiaga de pedir que le lleven a su celda una biblia, una petición que sus carceleros le han negado tantas veces la ha pedido. “Pese a ser un hombre intelectual, un investigador, un politólogo pues, es, ante todo, un creyente. Él debe extrañar leer la biblia, hablar con un sacerdote, pedirle una guía, ir a misa”, reitera Valle.
A HARVARD
Mientras terminaba la secundaria, Maradiaga asistía a talleres de concientización sobre lo malo de la violencia. Eran eventos que la pastoral juvenil organizaba en tiempos en que las migajas del conflicto entre sandinistas y Contras, seguía sangrando el norte del país. Por esa época, Maradiaga terminaba la secundaria.
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Al bachillerarse, lo hizo con unas buenas calificaciones que lo hizo merecedor de una beca de una división de la Universidad Keiser con sede en San Marcos, Carazo, donde estudió ciencias políticas y relaciones internacionales.

Entre 1997 y 2001 dirigió la Oficina de Reintegración de Excombatientes, contribuyendo así a los esfuerzos de desarme, desmovilización y reintegración de 2 mil 300 miembros de la guerrilla nicaragüense. Y en 2004, con 28 años apenas, se convirtió en el secretario general más joven del Ministerio de Defensa de Nicaragua.
Maradiaga se empeñó en que los desmovilizados se insertaran en la vida productiva del país, apoyándolos con varias iniciativas del agro y la industria en las zonas donde vivían. El ahora preso de conciencia, estudió una Maestría en Administración Pública de la Universidad de Harvard, donde se graduó con honores. Pero quiso ir más largo y en 2009, estudió derecho y ciencias políticas en Yale como miembro de los Yale World Fellows.
A partir de 2011, se desempeñó como coordinador académico del Instituto de Liderazgo de la Sociedad Civil. Entre 2012 y 2016, co-fundó y dirigió Pioneer Capital Partners, una empresa enfocada en promover inversiones para Centroamérica y el Caribe.
Y para 2017, fue nombrado director ejecutivo del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp, donde centró su trabajo en investigar el impacto de la corrupción en la administración pública y la importancia de la inversión estatal en educación y salud para reducir la pobreza. “Estaría más que claro que una persona con ese expediente no puede ser delincuente, eso solo cabe en la cabeza del represor”, dice una integrante de la Unidad Azul y Blanco, UNAB, que pide hablar en anonimato.
EN LA LUCHA DE AQUEL ABRIL
Maradiaga se integró a las manifestaciones de abril de 2018 que le reclamaban al régimen Ortega-Murillo democracia y el fin de su represión desmedida. Como parte de esa lucha a la que se dedicó en alma y cuerpo, en septiembre de 2018, testificó ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ONU, sobre los abusos contra los manifestantes.

Eso provocó que el 24 de ese mes, la Fiscalía lo acusara de pertenecer al crimen organizado. Aseguraron los operadores de justicia del régimen Ortega-Murillo, que el Instituto de Liderazgo de la Sociedad Civil fue “su fachada” para reclutar a jóvenes que en abril paralizaron el país con protestas y tranques. En menos de 24 horas, tras el comunicado del Ministerio Público, el juez Quinto de Distrito Penal de Audiencia, Félix Salmerón, emitió una orden de captura en su contra.
Maradiaga estaba en Estados Unidos y reaccionó de inmediato desafiando al régimen. “Se equivocan si creen que, con sus acusaciones fabricadas, callarán mi búsqueda de libertad y justicia”, dijo en un video en el que apareció con una pañoleta azul y blanco al cuello, cómo la usaban los universitarios de aquel abril.
“Él –asegura su esposa- no ha cometido ningún delito. Es un hombre comprometido con la libertad de Nicaragua”, dijo. “Sus acciones hablan por él mismo”, añadió un día antes que iniciara su juicio junto a otros opositores, el que hasta el viernes 18 de este mes, corrió con su cuarto día consecutivo.
Maradiaga no pudo volver al país tras aquella acusación. 14 meses de exilio terminaron cuando por fin tomó la decisión de volver para disputarle el poder a su carcelero. No fue un regreso fácil. Al llegar sufrió asedio de policías y parapolicías a la entrada a su casa y cuando intentaba trasladarse de un lugar a otro como parte de su trabajo en la búsqueda de su postulación. Maradiaga nunca se imaginó que él mismo que a los 12 años lo hizo salir del país para huir de una violenta guerra, le inventaría delitos y lo pondría tras los barrotes 34 años después.
PUÑETAZOS A LA CARA DURANTE ARRESTO
El 08 junio de 2021 no fue un buen día para Maradiaga. La noche anterior pasó repasando junto a su abogado Róger Reyes, lo que podría interesarle a la Fiscalía, que lo había citado para una declaración indagatoria al día siguiente. “Fue una larga entrevista de casi cuatro horas”, contó Maradiaga a periodistas que lo aguardaron en las afueras del Ministerio Público.
“Se está abriendo un proceso investigativo, estamos preparados para lo que viene y nosotros seguimos firmes en nuestro ánimo de organizarnos cívicamente”, manifestó Maradiaga a los periodistas. Esa, fue la última vez que se le vio en público.

Algunos minutos más tarde, Reyes su abogado, informó que al vehículo en el que se movilizaba Maradiaga, lo rodearon varias patrullas de la Policía orteguista. Maradiaga fue sacado con violencia y dos policías le asestaron par de puñetazos a la cara para someterlo. La pandilla de policías le dio de golpes también al conductor de Maradiaga. Eran las 12:40 minutos del mediodía.
Maradiaga se convirtió en el tercer aspirante presidencial detenido cinco meses antes de los comicios generales. Arturo Cruz y Cristiana Chamorro, fueron los primeros, tres días antes que él, el primero y seis la segunda.
La policía del régimen informó de su captura, argumentando que su arresto lo motivó una investigación en marcha “por realizar actos que menoscaban la independencia, la soberanía y la autodeterminación; incitar a la injerencia extranjera, en los asuntos internos, pedir intervenciones militares, organizarse con el financiamiento de potencias extranjeras para ejecutar actos de terrorismo y desestabilización”. Los mismos delitos que les han imputado a los opositores y que Ortega mandó a crear a su Asamblea para poner tras los barrotes a todo aquel que amenace con quitarlo de la silla de presidente.
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“Lo que vino después han sido juicios arbitrarios porque son una forma para acallar a cualquier persona”, acusa Valle, quien no espera que del juicio ya de maratón que le celebran a su esposo, salga “algo justo”. “Cada uno de los detenidos debería estar libre. Ninguno ha cometido delito que amerite su privación de libertad”, reitera.
MUERTE DEL GENERAL TORRES, LOS AFECTA
Por estos días, la preocupación por la salud de los presos políticos ha aumentado para sus familiares. La inesperada muerte del General Hugo Torres que fue arrestado en la misma escalada del régimen contra más de 40 opositores a partir de mayo del año pasado, los alarma.
Valle cree que el régimen debió reflexionar sobre cuanto expone a los presos de conciencia. En meses pasados, han denunciado escandalosas pérdidas de peso, deterioros en la salud mental de algunos y empeoramiento de males crónicos en otros.
Sobre su esposo, dice estar segura que el encierro también lo ha afectado. “No solo es el drama de no ver a su familia, a su hija de ocho años, es no tener su vida, porque se la han secuestrado”, denuncia. “Félix corría todos los días, es un corredor de alto rendimiento, el ha dicho que extraña correr bajo el sol de muy temprano en la mañana”, comenta.
“Es tanto así –asegura—que más de una vez discutimos porque él no usaba bloqueador solar cuando corría. A él gustaba quemarse con el sol, así me decía, tal vez por eso hasta se miraba más negrito”, dice.