Egresados universitarios que buscan trabajo de lo que sea

La pandemia de coronavirus ha empeorado la crisis de empleo en Nicaragua. En 2019, más de 13,000 nuevos profesionales, egresados de universidades y centros técnicos, buscaron su primer puesto de trabajo. Decenas no tuvieron éxito.

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  • diciembre 02, 2020
  • 03:10 AM
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Egresados universitarios que buscan trabajo de lo que sea 

La pandemia de coronavirus ha empeorado la crisis de empleo en Nicaragua. En 2019, más de 13,000 nuevos profesionales, egresados de universidades y centros técnicos, buscaron su primer puesto de trabajo. Decenas no tuvieron éxito.

Por M. MONTIEL Y J. D. CRUZ  | 02-12-2020

Daniel Hernández, un joven de 22 años recién egresado de Ingeniería Química, tomó un bus de madrugada para viajar de Rivas a Managua. Un día antes, fue a un ciber café a imprimir su currículum y lo guardó en una carpeta plástica de color azul.

Ese día, a inicios de noviembre, tuvo una entrevista en la capital con un coordinador de Recursos Humanos para aplicar a un puesto industrial en una empresa licorera del país. Sintió en sus manos la victoria, el sueño de cualquier ingeniero químico es trabajar en una compañía grande, dice. Era la primera vez, desde que salió de la universidadm que tomaban su perfil profesional en cuenta.

Pero, el entusiasmo le duró poco. El hombre que lo entrevistó le dijo que en tres días notificarían quién de los 20 jóvenes, entre mujeres y hombres que presentaron sus candidaturas, fue seleccionado. “La posibilidad de que el puesto fuese mío era mínimo, pero confiaba en que me llamaran, tenía buenas notas y excelentes referencias del lugar donde realicé las pasantías”, comenta Hernández.

Pasaron los tres días y la llamada de la empresa nunca llegó.

En Nicaragua, los jóvenes tienen serias dificultades para encontrar un empleo. La pandemia de coronavirus empeoró la salud de la economía que estaba devastada por la crisis sociopolítica, iniciada en abril de 2018 y que ha provocado el tercer año consecutivo de recesión.

La tasa de desempleo juvenil se desconoce. No hay un registro que determine cuántos jóvenes egresados de las universidades logran encontrar un puesto laboral. Sin embargo, los economistas advierten que el porcentaje es mínimo. Un reciente informe del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) precisa que la tasa global de participación laboral al primer semestre bajó hasta 66.5%, más de cinco puntos porcentuales al mismo período de 2019 cuando fue de 71.7%.

También las estadísticas del Banco Central de Nicaragua (BCN) dan cuenta del sombrío panorama laboral. Entre marzo de 2018 y agosto de 2020 el INSS perdió 201,002 afiliados. El desempleo es galopante, mientras cada año más de 13,000 nuevos profesionales salen de las aulas de las universidades públicas y privadas.

La economía de Nicaragua vivirá un tercer año de recesión. La pandemia ha agravado ha agravado el desempleo en el país.

FRACASO

“Me siento fracasada con la carrera que elegí”, dice Karen Benavides, de 22 años, al resignarse a que no encontrará empleo en la profesión que estudió. En 2017, la joven finalizó un técnico de Laboratorio Clínico en el Polisal de Jinotepe, departamento de Carazo, que duró año y medio.

A partir de entonces se dedicó a llevar su hoja de vida a diferentes empresas, pero de ninguna la llamaron.

“Desde que salió mi título, metí papeles en hospitales públicos, privados, clínicas privadas, incluso en (la página web) Encuentra24.com porque ahí también sale cuando están solicitando algún servicio, pero todavía no se me ha dado la oportunidad de tener un empleo (en mi campo)”, lamenta Karen.

Durante el tiempo de estudio, ella realizó sus prácticas preprofesionales en diferentes hospitales y centros de salud, sin embargo eso no fue suficiente para que le dieran la oportunidad de demostrar que estaba capacitada para laborar en su área.

“En estos lugares aprendí más sobre la práctica, sobre cómo tomar muestras, cómo procesar un examen, cómo manejar algunos equipos, o sea prácticamente todo”, comenta la joven con entusiasmo.

A falta de oportunidades, Karen buscó empleo en otras áreas completamente ajenas a su carrera técnica, pues la necesidad de obtener ingresos económicos era inmediata.

“He trabajado en tiendas de ropa, en tiendas de celulares y accesorios, y actualmente estoy trabajándole a mi hermana en el cuido de su bebé… Últimamente ya he mandado mis papeles a lugares que estén buscando, como en los supermercados”, indicó.

Aunque soñaba con desarrollar lo aprendido en su carrera, desistió al chocar con la realidad laboral del país.

El coronavirus ataca agresivamente la salud y la frágil economía de Nicaragua. OSCAR NAVARRETE / DESPACHO 505

FACTORES

El desempleo juvenil en Nicaragua no es un problema reciente. Hay un cóctel de factores que juegan en contra, y que hacen que en las últimas décadas los profesionales terminen trabajando en puestos diferentes a la rama que estudiaron.

El sociólogo Cirilo Otero señala que el principal factor es que la economía de Nicaragua no puede cubrir tanta demanda.

“Hay mayor cantidad de jóvenes que egresan de las universidades o de los politécnicos que la posibilidad de colocarse en un puesto de trabajo, porque la economía es muy pequeña y la población cada vez va siendo más grande… El mercado laboral solo tiene capacidad para crear tal vez 40,000 empleos (cada año) en el mejor de los casos”, estima Otero.

Luis Murillo, economista y catedrático, aporta otra razón por la que los jóvenes tienen pocas oportunidades de ingresar al mercado laboral formal y es la falta de políticas públicas que los prioricen.

“En otros países hay una política pública de primer empleo a través de la política fiscal de darle un incentivo a aquellas empresas que contratan a jóvenes que entran al mercado laboral por primera vez, sin embargo en el caso de Nicaragua no existe”, dijo Murillo.

Otro punto en contra es que cuando las empresas ven una sobreoferta de trabajo solicitan a los postulantes una serie de cualificaciones, como tener cinco años de experiencias, estudios ya realizados, y eso para una persona joven es “casi imposible cumplir”.

Ante esta situación, el sociólogo Otero aconseja al Gobierno invertir en la juventud y en sus expectativas. “Ellos pudieran decirle a los empresarios que por cada cinco puestos de trabajo que puedan integrar a los recién salidos de la universidad les va a bajar los impuestos un 20%. Eso sería un camino perfecto”, ejemplifica Otero.

Tanto Murillo como Otero coinciden en que a nivel país se debe saber qué profesionales se necesitan. Lo dicen porque la mayoría de las universidades están ofreciendo las mismas carreras profesionales o técnicas.

Ese debate se abre cada vez que empiezan los ciclos lectivos de las universidades.

“Estamos en las mismas, formando abogados, ingenieros, doctores, sociólogos, filósofos, sacerdotes y se acabó, con eso no vamos a cambiar esta situación, eso es para una sociedad muy estable, pero nosotros estamos en una sociedad que está creciendo, entonces debemos tener esas expectativas ambiciosas de entrarle a lo que el mundo está necesitando en estos momentos”, especificó el sociólogo Otero.

Nicaragua se ha caracterizado por tener una economía agrícola y ganadera, por lo que cambiar su modelo ampliará también las oportunidades laborales. A criterio del economista Luis Murillo, falta un acuerdo político para salir de la crisis, primeramente, y luego iniciar la transformación requerida.

“Así la economía empezaría un período de estabilización y posteriormente un crecimiento. Luego, creo que se debería retomar el enfoque del desarrollo local, de tal manera que en los 153 municipios que tiene Nicaragua se haga un estudio profundo de qué es lo que se necesita y con base a eso hacer una oferta técnica y de mercado laboral que no se ha hecho”, indicó Murillo.

El economista considera que se deben restablecer y potenciar las carreras técnicas porque son necesarias para poder absorber a una cantidad de personas, principalmente jóvenes que no acceden a las universidades, ya que “apenas el 5% o el 7% que entran al sistema formal de primaria y secundaria llegan a las universidades”.

También Otero opina que el país urge dar paso a la industrialización para que haya mayor demanda de mano de obra calificada.

Sin embargo, esas son expectativas altas para un país que terminará 2020 con un decrecimiento mayor al 5% y que se enrumba a un retroceso inminente.

Las estimaciones para 2020 de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), indican que la tasa de desempleo abierto puede aumentar entre 7,3% y 9.2% como consecuencia de la pandemia, es decir, que a finales de 2020 habrá más de 238 mil personas desempleadas en Nicaragua.

Y entre esos desempleados se contarán Daniel y Karen, quienes a diario luchan por encontrar un puesto laboral. Karen ahora está estudiando Trabajo Social, y espera tener mejor suerte, mientras que Daniel se ha trasladado a vivir a la casa de su tía en Managua y conserva en la misma carpeta azul, con la que llegó a la ciudad hace menos de un mes, algunos de la más de una decena de currículum que preparó entregar en varias empresas de la capital.

— ¿Y en qué te gustaría trabajar?

— ¡De lo que sea!

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