Violeta Delgado: “La persecución de Ortega en contra de las feministas se agravó con el cierre masivo de oenegés lideradas por mujeres”

Violeta Delgado sufre en carne propia la embestida del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en contra del movimiento feminista Nicaragua. Pero, lo ha vivido desde que Ortega retomó el poder y criminalizó a líderes del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) en octubre de 2008 al allanar sus instalaciones en Managua sin fundamento legal. 

Desde ese 2008 ha visto cómo la persecución en contra de las organizaciones de mujeres ha escalado. “El MAM fue una de las principales organizaciones que fue atacada directamente desde el principio”, dice Granera miembro del MAM desde su segundo exilio en Honduras. El MAM, fundado en 2004, ha sido unos de los movimientos más firmes en demandar la igualdad de las mujeres y rechazar la deriva autoritaria de Ortega.


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En esta entrevista don DESPACHO 505, Violeta Delgado analiza el impacto que tendrá en el país el cierre masivo de organizaciones que atendían los principales problemas de las mujeres y que el Estado ha ignorado históricamente, también hace un balance sobre será conmemorar este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. 

¿Cómo llega el movimiento feminista nicaragüense a este 8 de marzo?

Desde hace varios años vivimos una situación de alerta por los ataques en contra de los movimientos de mujeres que no comenzaron en 2018, comenzaron mucho antes. Incluso, el Movimiento Autónomo de Mujeres fue una de las principales organizaciones que fue atacada directamente con el allanamiento de sus oficinas y con acusaciones criminales en contra de sus líderes, en octubre del 2008. 

Esos fueron algunos de los primeros actos represivos en contra del movimiento feminista por parte del Gobierno de Ortega, pero esto se vino gradualmente agravando a lo largo de los siguientes 10 años hasta llegar a la exclusion de los espacios de incidencia.  Fuimos prácticamente excluidas de cualquier posibilidad de diálogo y de integración con las instituciones de Gobierno. Como ciudadanas, tenemos absolutamente todo el derecho de ser escuchadas y decidir en las política públicas, o sea que el ejercicio de una ciudadanía activa no solamente se quedaba en el ejercicio del voto sino con la interacción permanente.

Pero la situación se agravó con el cierre definitivo de oenegés lideradas por mujeres feministas o oenegés constituidas por organizaciones de mujeres, como el Colectivo de Mujeres de Matagalpa, que era una de las organizaciones más antiguas  de defensa de derechos de las mujeres.

Violeta Delgado, miembro del Movimiento Autónomo de Mujeres, conversó con DESPACHO 505 desde Hondura donde se encuentra exiliada.

¿Cuándo fue la última vez que el movimiento feminista fue consultado por el Estado para conocer su opinión sobre algún tema relacionado con las mujeres? ¿O de plano Ortega con su llegada al poder en 2007 aniquiló su participación?

Podría confirmar que la ruptura entre el Estado de Nicaragua y las organizaciones de mujeres se materializó a partir de que Ortega tomó por primera vez el Gobierno de la República en 2007.  No solamente con nosotras, es decir que a las organizaciones de mujeres campesinas, por ejemplo, no les entregan las cartas de certificación en el Ministerio de Gobernación, indispensable para que puedan continuar teniendo sus cuentas de banco abiertas o financiándose. Son centenares de cooperativas de plátano, maní, artesanía, lideradas por mujeres que se han visto afectadas, y que en este momento están imposibilitadas de acceder a fondos. 

¿Cómo se explica esta arrepentida por parte de Ortega en contra del movimiento feminista, no perdiendo de vista que muchas organizaciones de mujeres surgieron en la década de los 80, con la Revolución?

Evidentemente, una buena parte de las organizaciones surgieron en los 80, pero no todo el movimiento de mujeres ni el movimiento feminista. Particularmente las más jóvenes, nacieron en otro contexto, en democracia. Es importante destacar que el feminismo fue de los primeros movimientos sociales que definió su autonomía, es decir que planteó una ruptura con el Frente Sandinista. En 1992, las organizaciones de mujeres estaban diciendo “somos autónomas y no aceptamos lineamientos partidarios”. Muchos de los centros de mujeres habían sido tomados por las organizaciones de mujeres y constituidos en centros autónomos. El no haber logrado doblar al movimiento de mujeres en su primer intento de autonomía tuvo una implicación.

Además de esta explicación, ¿incidió el hecho de que el movimiento feminista respaldó la denuncia de abuso sexual de Zoilamérica?

Sí, definitivamente. Hubo un respaldo sin titubeo por parte de las organizaciones de mujeres. 

Nicaragua puntea a la par de países europeo en cuanto a equidad de género, pero las mujeres no tienen ninguna incidencia en el Gobierno.

La única que tiene poder de decisión en este Gobierno es Rosario Murillo. Es la única mujer que sí tiene poder de decisión, porque tampoco los hombres del Gobierno tiene poder de decisión. No es un asunto sólo de las mujeres, pero sí tengo que decirte que a las mujeres, en particular, les ponen a un comisario político, o sea las mujeres que están ahí tienen detrás a un Viceministro que está monitoreando o aún operador político.

¿Cómo ve el MAM el hecho de que el Estado tenga una postura tan pasiva o indolente con la violencia de género en el país? 

Es una tragedia porque hasta antes del Gobierno de Ortega, Nicaragua no solamente tenía índices que no eran comparables con el resto de la región, sino que habían modelos y propuestas de atención a la violencia que eran referencia en América Latina. Las instituciones llegaban a aprender sobre las Comisarías de la Mujer, sobre el modelo de atención, sobre el modelo de Salud; había un andamiaje de un modelo de coordinación entre sociedad civil, Ministerio de Salud, escuelas, estación de Policía, Corte Suprema de Justicia. Ahora la situación es terrible y creo que esa es una de las grandes urgencias por lo que es importante la vuelta la democracia. Es importantísimo volver a tener un Gobierno que, aunque no necesariamente responda a la agenda del movimiento de mujeres, escuche, no confronte y respete a sus ciudadanos.

Hay un caso similar en América Latina  en el que un Estado persiga a las mujeres como en Nicaragua.  Hemos visto algo similar en El Salvador con Nayib Bukele que está persiguiendo a organizaciones de la sociedad civil, pero creo que nada comparado.

En El Salvador hubo ataques hace unas semanas en contra de algunas organizaciones de mujeres. No conozco en detalle la situación, pero sí efectivamente había un gran debate sobre el financiamiento que algunas organizaciones tuvieron por parte del Estado salvadoreño, de manera legal a través de proyectos que aprobaba la Asamblea Nacional, cosa que nunca ha sucedido con Nicaragua porque las organizaciones de mujeres nunca han recibido un córdoba, al contrario en muchos casos respaldábamos la gestión gubernamental hasta para poner el galón de gasolina a la camioneta de la Policía y que fuera a atender a una mujer violentada. Hay otros actos de persecución en Guatemala contra organizaciones de mujeres, también. 

¿Cómo impactará el cierre de organizaciones no gubernamentales que atendían a las mujeres nicaragüenses? 

Es dramático y suicida. Por un lado estas organizaciones colaboraban con el Estado y colaboraban con la sociedad atendiendo problemas, que el Estado de Nicaragua no tenía las capacidades de apoyar, y en esta crisis mundial menos va a tener esa capacidad. Hemos hablado mucho sobre el tema de violencia, pero también está el tema de atención en Salud,  el tema de desarrollo económico, las mujeres campesinas que han estado peleando por el financiamiento para la ley de tierra para las mujeres. Ahora no solamente no tienen tierra, se quedaron sin financiadores de sus proyectos y no solamente eso, Gobernacón niega las cartas para mantener sus cuentas de banco y seguir funcionando como cooperativa de mujeres. Esta ofensiva tiene víctimas y creo que esto a corto plazo debe tener una salida porque pues no podemos seguir en este desangre humano que está teniendo el país.

¿Podríamos decir que  la zona rural de Nicaragua es la más afectada con este cierre masivo de organizaciones?

La zona rural, efectivamente, son las más pobres y que además son las zonas en las que el Estado no está.

¿Cuántas mujeres del movimiento feministas son presas políticas? Vemos que las defensoras viven con miedo y muchas han tenido que exiliarse también. 

Hay centenares de activistas y defensoras de derechos humanos y feministas en el exilio en España, Costa Rica, Honduras, Guatemala y El Salvador. No pueden seguir viviendo con el riesgo de ser encarceladas. De las presas políticas, de las 16 algunas se identifican con el movimiento feminista como Tamara Dávila, Dora María, Violeta Granera. Todas las organizaciones de mujeres en la región sufren embates del Estado y grupos de poder, pero ninguna tiene a líderes presas.

¿Cómo van a seguir las mujeres demandando sus derechos cuando la postura de la dictadura es represión? 

Fíjate que hace unos años las organizaciones de mujeres hondureñas nos decían — cuando ocurrió el golpe de Estado ahí — que ellas apostaban al desarrollo comunitario de la defensa de derechos, es decir crear redes de apoyo entre nosotras para apoyar a la víctima, acompañar a las mujeres desde la comunidad. Probablemente por ahí nos vamos a ir, ya que no tenemos un Estado interlocutor en este momento, aunque debería de ser nuestro derecho. No tenemos porqué renunciar a ese derecho, pero para poder tener algún aporte y contribuir a mejorar las condiciones vamos a tener que volver a la comunidad.

¿Y cómo es volver a la comunidad cuando las lideresas están saliendo del país y hay miedo? 

A través de los medios de comunicación alternativos, canales de comunicación seguros en los que facilitemos información. Nicaragua no va a quedar desierta. Tengo la seguridad de que esta situación va a cambiar a corto plazo porque es insostenible.