
Gil Guerra del Hudson Institute: “Si Estados Unidos quiere otra victoria en la región, es más fácil empezar por Nicaragua”
En el tablero de la política exterior estadounidense, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha dejado de ser vista únicamente como un problema de derechos humanos para convertirse en un tema de seguridad nacional. La entrega de más del 10% del territorio a empresas mineras chinas, el acceso militar concedido a Rusia y la instrumentalización de la migración irregular han transformado la percepción en Washington: Managua ya no es un problema local, sino un riesgo estratégico para el Hemisferio Occidental.
El rechazo del régimen a la nueva embajadora de Estados Unidos y el posterior llamado a consultas del Encargado de Negocios en Managua han marcado el inicio de una etapa de mayor presión de Washington a la dictadura nicaragüense.
Para analizar este escenario, DESPACHO 505 conversó con Gil Guerra, miembro investigador del Hudson Institute —uno de los centros de pensamiento más influyentes en la política exterior de Estados Unidos— y creador de la plataforma especializada Nicaragua Research.
Guerra explica la lógica detrás de la estrategia de “Nicaragua primero”: cómo un triunfo político o un cambio de régimen en Managua generaría un efecto dominó capaz de desestabilizar los apoyos de La Habana. Asimismo, habla las medidas concretas que la Casa Blanca y el Congreso estadounidense podrían adoptar, entre las que destacan la necesidad de que Estados Unidos asuma el liderazgo rompiendo lazos comerciales, la articulación de un bloqueo trilateral al sector del oro en coordinación con Canadá y Suiza; el impacto de la iniciativa de Ley Reformar que apunta al Fondo de Pensiones del Ejército (IPSM) para fracturar lealtades ante una eventual sucesión de Rosario Murillo, y las razones por las cuales, si la asfixia económica fracasa, las opciones militares no están descartadas del todo.
Empecemos con lo más reciente y es esa negativa del régimen para dar el beneplácito a la nueva embajadora de Estados Unidos, que provocó una llamada a consultas del encargado de negocios de Estados Unidos en Managua. Se reunió con Marco Rubio y anunciaron que tomarían medidas. ¿Qué medidas podría adoptar Estados Unidos sobre esta negativa a su embajadora y cómo crees que se lo tomaron?
Para los Estados Unidos no es tanto que negaron que la embajadora fuera a su puesto en Nicaragua, porque nadie en Estados Unidos realmente esperaba mucho que le fueran a dar el beneplácito. No creo que hubiera muchos en Estados Unidos que pensaran que le iban a dar beneplácito, especialmente por cómo han hecho este tipo de cosas antes, ya que no es la primera vez que rechazan a un embajador. Pero sí fue la primera vez que llamamos a consultas a nuestro encargado a Washington D.C., lo cual significa que esta vez sí estamos haciendo las cosas un poco diferente.
En política exterior a Donald Trump le gusta mucho tener negociaciones y varios tipos de tratados con enemigos y con amigos. Es empresario, le gusta hablar de los tratos que hace y si hay un régimen como el de Nicaragua que no quiere tener al menos algún tipo de diálogo con Estados Unidos, lo que Estados Unidos piensa es que hay que llevar más presión hasta que empiecen a hablar, y si no quieren hablar aún con más presión, entonces explorar otras opciones.
En Washington fue recibido como: si no van a querer hablar con nosotros, vamos a tener que encontrar ciertas maneras y medidas para implementar más presión hasta que quieran tener un diálogo.
No es la primera vez que se le niega a un embajador estadounidense el beneplácito para ir a Managua. Al nominado anterior, el último de la administración Biden, después de su audiencia de confirmación en el Senado cuando habló de ejercer presión contra el régimen, también le negaron el acceso al país. Se creía que con Donald Trump iban a tener un poco de miedo, pero pasó lo mismo. ¿Qué medidas tiene Estados Unidos para aplicar y forzar al régimen a una comunicación o negociación?
Hay mucho que pudiera hacer. En comparación con Cuba, por ejemplo, tenemos mucho más que podríamos estar haciendo en Nicaragua. Nosotros somos su relación económica más importante para Nicaragua. También hay muchas remesas y el sector del oro de Nicaragua es donde Estados Unidos pudiera enfocarse más en el futuro. Mientras ven cómo pudieran hacer algo, no me sorprendería si lo que hacen tiene que ver con el sector del oro, que es muy importante para Nicaragua y mucho de ese oro va a Estados Unidos. En julio de este año fue el mes en que Estados Unidos compró más oro de Nicaragua de cualquier mes desde 2018. No hemos rebajado (las compras).
Una de las razones por las que no lo hemos hecho es porque lo tenemos que hacer en conjunto con Canadá y Suiza; si solo paramos la importación nosotros, Nicaragua simplemente mandará ese oro a Canadá o Suiza y terminará ingresando a Estados Unidos dañando solo a las empresas americanas. Por eso podríamos pedir más cooperación a Canadá y Suiza para hacer algo como un bloqueo en el sector del oro de Nicaragua. También están las tarifas (aranceles); tenemos autoridad para incrementarlas cuando queramos, así que hay mucho que se podría hacer.
Hablando del oro, en los últimos años, desde que Nicaragua estableció nuevamente relaciones con China, han entregado más del 10% del territorio nacional a empresas mineras chinas y les han dado acceso total al país. ¿Crees que esto genera también algún tipo de preocupación en Washington y esa creciente penetración china?
Sí, eso funciona de dos maneras para nosotros en Washington. Preocupa que China tenga más poder en Nicaragua, que estén haciendo más dinero para el régimen y estén más adentrados en el sector económico, porque en el futuro, si hay una transición democrática, será más difícil decir que esos contratos no fueron válidos. También hemos visto que las empresas chinas directa o indirectamente han creado incentivos y actividades criminales en la frontera con Costa Rica, que no estaba preparada para enfrentar grupos criminales de minería ilegal. Esos grupos van creciendo y se hacen más poderosos, derivando en otras actividades criminales. Esto sigue siendo una preocupación muy grande.
En los últimos años hemos visto que el régimen de Nicaragua ha cruzado varias líneas rojas en cuanto a lo que le preocupa a Estados Unidos. Durante la última etapa de la administración Biden se calcula que más de un millón de migrantes pasaron rumbo a Estados Unidos, además del libre visado para africanos y cubanos. Luego, la entrega del 10% del territorio a China y el acuerdo militar con Rusia. ¿Crees que hay una estrategia claramente definida de parte de Estados Unidos contra la dictadura?
Realmente no creo que en Washington Nicaragua haya sido un tema muy importante hasta casi este año o la segunda administración de Donald Trump. Durante la primera administración ocurrieron las protestas de 2018, pero ya se estaba terminando esa presidencia. Cuando entró Joe Biden, los demócratas tenían la teoría sobre la migración de que si ponían sanciones o actuaban contra el régimen, lo único que se lograría era que el régimen enviara más migrantes o que la gente se empobreciera más y migrara más. La administración Biden estaba más enfocada en la guerra de Ucrania y en tratar de controlar la frontera con México.
México compartía la teoría de que las causas de la migración eran la pobreza y no que Nicaragua abriera visas. Esa teoría era plenamente falsa y no estaba basada en la realidad de cómo se comporta el régimen. Cuando regresó Donald Trump y la frontera se estabilizó, se creó un espacio para enfocarnos más en Nicaragua.
Además, en comparación con Venezuela (que tiene recursos naturales significativos) y Cuba (que tiene una diáspora y poder político consolidado en EE.UU.), la diáspora nicaragüense no ha estado tan involucrada políticamente.
Lo que ha cambiado es que tras la operación Resolución Absoluta, donde tomamos a Maduro, sabemos que es posible tomar acciones que cambian el camino de un país. Vemos que el régimen de Ortega y Murillo es una dictadura completa y que quieren morir en la presidencia. Nos hemos dado cuenta de que si se convierte en un problema permanente, tendremos que tener una solución ahora o en el futuro.
¿Consideras que el tema de Nicaragua ha dejado de ser solo un asunto de derechos humanos y democracia para convertirse en un tema de seguridad nacional para Estados Unidos?
Es un poco de los dos. Los demócratas suelen verlo más como un tema de derechos humanos y democracia, mientras que los republicanos lo ven como seguridad nacional. El Partido Republicano busca que toda acción se justifique en cómo beneficia a Estados Unidos. El argumento que hemos tratado de hacer es que, aunque sí es una tragedia humana, también es un tema de seguridad nacional por la cercanía de Nicaragua, sus relaciones con China y Rusia, y porque la trayectoria indica que las cosas solo empeorarán. Los vamos a tener que enfrentar de un momento a otro y el argumento que estoy haciendo es que es mejor enfrentarlos en el corto plazo que en el largo plazo.
«El argumento que estamos haciendo en Washington es que, aunque Nicaragua sí es una tragedia humana, también es un tema de seguridad nacional por su cercanía y sus relaciones con China y Rusia. La trayectoria indica que las cosas empeorarán y los vamos a tener que enfrentar; es mejor hacerlo en el corto plazo»
GIL GUERRA, HUDSON INSTITUTE
También hemos visto que el régimen ha confiscado propiedades de ciudadanos estadounidenses en Nicaragua y se confiscó una empresa minera de más de 80 millones de dólares que luego devolvieron por presión de Washington. Los intereses de ciudadanos estadounidenses se ven afectados y no hemos visto mecanismos automáticos de respuesta.
Entiendo que algunas propiedades tomadas en agosto han sido regresadas porque los dueños lo hicieron público en la prensa nicaragüense en el exilio. Sin embargo, todavía no sube a un nivel donde el especialista promedio del Partido Republicano sepa mucho o le importe mucho Nicaragua. Estamos en una fase donde la gente está aprendiendo más sobre lo que pasa. Es una área de la política exterior de los Estados Unidos que no hemos puesto tanta atención como merecía en los años pasados.
El secretario Rubio, cuando aprobaron la última reforma constitucional que prohíbe a la oposición participar en elecciones, pidió a sus aliados romper lazos diplomáticos y económicos con la dictadura. Pero Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Nicaragua. ¿Crees que Estados Unidos puede dar el primer paso para romper relaciones comerciales con Nicaragua y predicar con el ejemplo?
Sí, creo que eso va a ser lo realmente necesario. Siendo el poder más grande del hemisferio, tenemos esa responsabilidad. No podemos pedirle a Honduras o Costa Rica que rompan relaciones cuando para ellos la relación económica con Nicaragua es mucho más importante. Para tener una política exterior hacia la región que tenga sentido, debemos ser los primeros en romper relaciones. Todavía se quiere intentar un tipo de diálogo o negociación antes de explorar otras opciones, incluidas las opciones militares.
¿No están descartadas las opciones militares en otro escenario?
No quiero decir que son probables y no quiero dar falsas esperanzas de que sea algo inminente, pero tampoco está fuera de la realidad. El ejército y la policía de Nicaragua no serían algo tan difícil para nosotros si decidiéramos enfrentarlos. Sin embargo, primero hay que convencer al público americano y agotar otras medidas económicas, con tarifas (aranceles) y en el sector del oro, antes de explorar una opción militar de manera realista.
En el Congreso han introducido la iniciativa de ley Reformar (una nueva versión de la NICA Act) para sancionar el Fondo de Pensiones del Ejército y el sector del oro. ¿Crees que tocar el bolsillo de los mandos militares es el talón de Aquiles para quebrar lealtades al régimen?
Será necesario, pero no suficiente. La ley Reformar es más fuerte que la NICA Act porque sus medidas tendrían efecto a largo plazo. Lo importante de esta ley es el mensaje que envía: le demuestra a la cúpula militar que si Ortega muere o queda incapacitado y Murillo asume, las cosas no seguirán como antes, sino que empeorarán para ellos, no solo para los militares, habrá más sanciones y pérdida de visas.
Mencionabas que Donald Trump piensa como empresario. ¿Qué sectores podrían ejercer presión sobre Trump para que ponga su mirada en Nicaragua?
Hay estadounidenses en Nicaragua que han perdido negocios, pero no creo que los intereses financieros sean el factor principal para esta Casa Blanca. Lo que podría llamar la atención del presidente es si el Departamento de Estado le presenta la oportunidad estratégica. Tras la operación contra Maduro, Cuba quiso negociar más y Nicaragua suspendió visados a cubanos por temor. Se puede argumentar que si queremos presionar a Cuba o lograr otra victoria en la región, es más fácil empezar por Nicaragua, que es un país más pequeño, con un ejército más débil. Podemos hacer Nicaragua y después Cuba. Faltan argumentos de este tipo y creo que hay algo que le va a convencer al presidente para empezar otra fase.
¿Entonces realmente ves que viene una fase de mayor presión de parte de Estados Unidos contra Nicaragua?
Espero que sí. Las cosas están cambiando de forma que será difícil para el régimen. En enero tendrán que votar la segunda fase de reformas y volverá a ser noticia. Además, todos los centros de pensamiento, los medios estadounidenses, nosotros en el Hudson Institute hemos estado publicando sobre Nicaragua para elevar el tema. Somos gente que muchas veces podemos elevar un tema y vamos hacer mucho más en los meses que vienen.
Para finalizar, en caso de una transición democrática, se necesita un interlocutor interno de la oposición, pero esta sigue dividida en el exilio. ¿Hay cierta frustración en Washington por cómo se ve la oposición nicaragüense?
No lo llamaría frustración, pero sí falta una figura con autoridad clara o mandato electoral como en Venezuela. Pero tampoco creo que sea completamente necesario para que Estados Unidos haga algo en Nicaragua, pero sería mucho más simple si hubiera una figura que ejerza de interlocutor.



