
El idilio del régimen con la millonaria Iglesia mormona: negocian «cooperación» en seguridad e inteligencia artificial y revelan más de 200 proyectos
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se perfila como un gran benefactor del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La apertura en Managua de una monumental sede con aires de palacete, en medio de la campaña de persecución religiosa y por cuyas instalaciones pasaron Laureano y Daniel Edmundo Ortega Murillo, los influyentes hijos de los dictadores, despertó interrogantes sobre las cosas que tiene en común la denominada Iglesia mormona con el régimen sandinista. Nuevos contactos diplomáticos y conversaciones sobre proyectos de cooperación comienzan a arrojar luz sobre una relación que nada tiene que ver con una conversión religiosa de los dictadores, quienes en 2004 se reconciliaron a conveniencia con el catolicismo hasta llegar al altar con la bendición del fallecido cardenal Miguel Obando y Bravo.
Según información divulgada en Bruselas, el régimen y los mormones negocia cooperación en iniciativas en seguridad e inteligencia artificial, algo que se sumaría a una cartera de 264 proyectos comunitarios en Nicaragua de los que no existe un registro formal.
La alianza quedó expuesta durante una reunión entre Francesco Di Lillo, director de la Oficina de Asuntos de la Unión Europea e Internacionales de la organización religiosa, y el embajador del régimen nicaragüense César Castañeda, sobre cuyos resultados fueron divulgados el viernes 16 de octubre por medios oficialistas.
De acuerdo con el comunicado, Di Lillo reafirmó el interés de la Iglesia en mantener su colaboración con el régimen y «explorar nuevas iniciativas en ámbitos como inteligencia artificial y seguridad, en concordancia con las prioridades de nuestro Pueblo y Gobierno».
Acuerdos en materia seguridad e inteligencia artificial introduce una nueva dimensión en la relación entre la organización religiosa y la dictadura, que ha sido denunciada internacionalmente por sus políticas de vigilancia, represión y restricciones a la libertad religiosa.
Sin embargo, el comunicado no precisa qué tipo de proyectos se contemplan, cuáles serían las instituciones beneficiarias ni si la eventual cooperación incluiría financiamiento, asistencia técnica o transferencia de tecnología.
Una cartera de 264 proyectos comunitarios
Durante el encuentro, Di Lillo también presentó información sobre 264 proyectos comunitarios que la Iglesia registra en Nicaragua, una cifra que permite dimensionar el alcance de su presencia y colaboración en el país que el régimen nunca ha transparentado.
Entre las iniciativas mencionadas figuran el apoyo complementario a la merienda escolar, el acceso al agua potable y saneamiento, así como la rehabilitación y equipamiento de unidades de cuidados intensivos pediátricos y quirófanos destinados al tratamiento del cáncer infantil en el Hospital Manuel de Jesús Rivera, conocido como La Mascota, en Managua.
La representación diplomática no detalló el monto de las inversiones, las fuentes de financiamiento ni el alcance territorial de los proyectos.
En tento, en Managua, la propia Rosario Murillo informó sobre el encuentro en Bélgica, aunque se limitó a destacar los vínculos con la organización religiosa y agradecer su apoyo sin mencionar las conversaciones sobre seguridad e inteligencia artificial.
La sancionada codictadora se limitó a elogiar el «hermosísimo templo» de los mormones en la capital y agradeció «los apoyos de la Iglesia» a proyectos de salud, pero tampoco profundizó en los alcances de la cooperación.
Acercamiento en medio de restricciones a la libertad religiosa
El interés en ampliar la cooperación con el régimen se produce en un contexto marcado por las denuncias internacionales de persecución religiosa en Nicaragua.
Durante los últimos años, las autoridades de Ortega y Murillo han impuesto restricciones a las actividades de la Iglesia católica y otras organizaciones religiosas, además de cancelar personerías jurídicas, confiscar propiedades y expulsar a representantes de distintas congregaciones.
Organismos internacionales de derechos humanos han documentado estas medidas como parte de un deterioro grave de las libertades fundamentales en el país.
Actualmente, el régimen acelera una estrategia para aparentar una restitución de la libertad religiosa en Nicaragua con la orden de permitir que las procesiones católicas vuelvan a salir a las calles, algo que ha sido denunciado como una farsa ya que persiste el espionaje, la vigilancia y el control del discurso.



