Alester Sáenz, el seminarista desterrado por el régimen, ya es diácono en Roma

Alester de Jesús Sáenz Centeno, el seminarista nicaragüense que fue encarcelado y desterrado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en enero de 2024, ya es diácono. Este sábado el joven recibió la ordenación en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, la ciudad donde ha continuado su formación religiosa después de ser expulsado de Nicaragua junto a otros 18 religiosos.

La ceremonia fue presidida por el cardenal Baldo Reina, vicario general de la Diócesis de Roma, y reunió a once nuevos diáconos, de entre 27 y 40 años. Diez fueron ordenados para la diócesis romana y Sáenz Centeno para otra diócesis, cuyo nombre no fue precisado en el anuncio oficial.

El nicaragüense forma parte de los seis ordenados que se prepararon en el Pontificio Seminario Romano Mayor. Durante la ceremonia, los nuevos diáconos recibieron la imposición de manos y el Libro de los Evangelios, en un rito que marca una etapa decisiva en su camino hacia el sacerdocio.

Persecución interrumpió su formación

Originario de Mina Rosita, en el Caribe Norte, Sáenz Centeno estudiaba en el Seminario Interdiocesano Nuestra Señora de Fátima cuando fue detenido el 20 de diciembre de 2023 junto al obispo de Siuna, Isidoro Mora, y el seminarista Tony Palacio.

Las detenciones ocurrieron un día después de que monseñor Mora expresara públicamente su solidaridad con el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, quien entonces permanecía encarcelado y cumplía una condena de más de 26 años de prisión.

El 13 de enero de 2024, la dictadura anunció la excarcelación y expulsión hacia el Vaticano de 19 religiosos: los obispos Álvarez y Mora, quince sacerdotes y dos seminaristas, entre ellos Sáenz Centeno.

Su salida forzada interrumpió la formación que seguía en Nicaragua, pero no su preparación para el sacerdocio, que pudo continuar en Roma.

Durante la homilía de ordenación diaconal, el cardenal Reina recordó que el diaconado no constituye únicamente una etapa previa a la ordenación sacerdotal, sino un compromiso permanente de servicio, especialmente hacia los pobres.