El Frente Sandinista amenaza con otra guerra si pierde el poder y el jefe del Ejército aplaude el discurso

Paz. Esa es la palabra que más se repite en el discurso del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Una “paz” que, a su criterio, se vería interrumpida si un día el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) llegara a perder el poder. Así lo advirtió el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, en un discurso en el que justificó las reformas constitucionales en curso que pondrán fin a las elecciones en Nicaragua para evitar que la oposición llegue al gobierno.

El operador político del régimen releyó parte del discurso del 19 de julio en el que el dictador Daniel Ortega adelantó que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones” y ordenó al Parlamento una serie de reformas para evitar que los opositores disputen el gobierno a través de las urnas.

Un discurso que, según Porras, “ha creado una alharaca” en referencia a las críticas y condenas de la comunidad internacional ante lo consideran el fin de la democracia en Nicaragua.

El presidente del Parlamento considera que unas elecciones en las que el pueblo nicaragüense elija un cambio, simplemente, no pueden ser.

“No volverán a haber elecciones para que vengan a atrapar el gobierno y quitarle el poder al pueblo, eso no puede ser”, dijo el operador político del Frente Sandinista en una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional celebrada este domingo a propósito de un aniversario más de la Revolución cubana.

Amenaza con otra lucha armada y el jefe del Ejército aplaude discurso

Gustavo Porras justificó las reformas constitucionales que pretenden aprobar en primera legislatura la próxima semana, argumentando que en el país “no volverán a haber elecciones” porque, según él, “el pueblo ya es presidente” y si un día salen del poder volvería la guerra.

“¿Y entonces qué vas a entregar? (…) Esos hospitales que tanto le cuestan al pueblo, que son del pueblo, para que los destruyan, para que los privaticen, para volver la lucha, porque entonces volverían la lucha, porque yo creo que no existe trabajador presidente en este país que se deje quitar su derecho”, amenazó en un discurso aplaudido en primera fila por el jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés.

“No podrán, dijo el comandante, no podrán, no podrán (…). El pueblo es presidente. Que lo entiendan los hijos del demonio. El pueblo presidente, la juventud presidente, va más allá del eslogan, es seguir construyendo. ¿Ustedes se imaginan que vengamos nosotros a jugar la «democracia», entre comillas, de los enemigos para que nos vuelvan a hacer lo que nos hicieron en los 90? Nos pusieron una pistola en la cabeza y… ¡ah, nos ganaron!”, continuó.

Nicaragua no es ajena a la guerra. Entre 1978-1990 un conflicto armado dejó más de 50.000 muertos. La primera fase (1978-1979) enfrentó al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) contra la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza, dejando unos y terminó con la caída de la dictadura tras la huida de Somoza en julio de 1979. 

Casi de inmediato comenzó la segunda fase (1980-1990) en el contexto de la Guerra Fría, enfrentando al nuevo ejército sandinista (liderado por varios comandantes, incluido Daniel Ortega) contra «la Contra», una guerrilla anti-sandinista financiada por Estados Unidos. 

Esta guerra llegó a su fin con una salida negociada mediante acuerdos de paz, concluyendo definitivamente tras las elecciones democráticas de febrero de 1990, en las cuales Daniel Ortega perdió la presidencia frente a Violeta Barrios de Chamorro, permitiendo una transición pacífica del poder.

Las reformas se aprobarán en un mes

Durante la conmemoración del 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, Ortega afirmó que en Nicaragua “no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos (oposición) atrapar el Gobierno, atrapar el poder”.

El dictador, de 80 años, controla el país de forma ininterrumpida desde 2007 y ha enfrentado reiteradas acusaciones de fraude electoral y de persecución contra la oposición.

Desde 2017, tras la desaparición del principal partido opositor, Ortega consolidó el control del oficialismo sobre las instituciones del Estado. En febrero de 2025 entró en vigor una reforma constitucional que estableció la figura de la copresidencia, cargo que ocupa junto con su esposa, Rosario Murillo.

Las reformas que pondrán fin a las elecciones tal y como se conocen hasta ahora en el país, se aprobarán la próxima semana del mes de septiembre, anunció este lunes la vocera del régimen Rosario Murillo. Inicialmente, estaban previstas para la primera semana de agosto. El retraso, según dijo, será para extender el periodo de «consulta».