Monseñor Álvarez: La ley no puede convertirse en un instrumento de represión, «sin ética, es un arma política»

El obispo de Matagalpa y exprisionero político del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, monseñor Rolando Álvarez Lagos, advirtió este viernes sobre el riesgo de convertir las leyes en «armas políticas» al servicio del poder. Sin mencionar expresamente a Nicaragua, el religioso afirmó desde el exilio que una ley desprovista de principios éticos deja de servir a las personas y termina siendo utilizada para cometer arbitrariedades. Las normas -sostuvo- solo cumplen su propósito cuando respetan la dignidad humana y los derechos fundamentales.

El mensaje del religioso tomó como punto de partida el pasaje evangélico en el que Jesús responde a los fariseos que cuestionan a sus discípulos por arrancar espigas en sábado para recordar que «la ley sirve al hombre y no el hombre a la ley».

A partir de esa enseñanza, el obispo defendió que ninguna norma puede utilizarse para someter a las personas.

«La ley no puede esclavizar, ni someter, ni explotar, ni oprimir, ni reprimir al hombre. Entonces se vuelve un medio de represión y no de orden», afirmó.

Añadió que la ley, para estar al servicio de las personas, «debe tener parámetros éticos, como el respeto a la dignidad de la persona y a los derechos humanos». De lo contrario, advirtió, «se convierte en un instrumento de opresión para el hombre y los pueblos».

Álvarez forzado al destierro tras purgar cárcel en el penal de máxima seguridad del régimen, hizo énfasis en advertir sobre el riesgo de la manipulación de las leyes con fines políticos.

«Cuando la ley no posee estos parámetros éticos, es instrumentalizada como arma política y distorsionada al gusto y antojo del legislador para hacer y cometer con ella todo tipo de arbitrariedades», expresó.

El obispo Álvarez cerró su reflexión con otra cita del Evangelio: «Misericordia quiero y no sacrificios», frase que acompañó con un llamado a rechazar las «apariencias» y las «pantallas de mentiras revestidas de verdad» seguida de una invitación a los fieles a pedir «la justicia de su Reino».

Aunque cuida no hacer referencias explícitas a Nicaragua ni al régimen Ortega-Murillo, su fuerte mensaje evoca la situación del país con la lay bajo el sometimiento manipulación de la ley bajo su dictadura. El propio Álvarez es uno de los casos más emblemáticos de la instrumentalización política de la ley: fue condenado en un proceso ampliamente cuestionado por violaciones al debido proceso, posteriormente desterrado, despojado de su nacionalidad y sus bienes. Sus declaraciones también coinciden con la persecución que el régimen mantiene contra la Iglesia católica, marcada por detenciones y expulsiones de sacerdotes, confiscaciones y restricciones al ejercicio de la libertad religiosa.

Desde que fue expulsado del país en enero de 2024, Álvarez ha convertido sus reflexiones diarias en una de las principales vías para comunicarse con los católicos nicaragüenses. En ellas suele abordar, desde el Evangelio, temas relacionados con la justicia, la libertad, la verdad y la dignidad humana.