Monseñor Álvarez cumple un año de martirio como prisionero político en Nicaragua

El camino hacia «El infiernillo» del obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, comenzó el 4 de agosto de 2022. Esa mañana de jueves, monseñor salió solo de su residencia con la imagen del Santísimo en alto, intentando repeler a decenas de policías y agentes antidisturbios que habían amanecido cercando todo el perímetro del Palacio Episcopal. Caminó con los brazos extendidos a sus opresores. Cantó, oró y terminó arrodillado en el asfalto. «Miedo y de rodillas solo ante Dios», dijo.

La frase cobra mucho significado al cumplir un año de martirio como prisionero político del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua: confinado en absoluta soledad en la más terrorífica celda de castigo, firme en la decisión de exigir su derecho a la libertad en el país, predicando en con el ejemplo y alzándose como una figura de resistencia y moral ante una dictadura que el mismo papa Francisco ha tildado de «grosera».

Monseñor Rolando Álvarez es el rostro moral contra la represión y el autoritarismo en Nicaragua, valora el abogado y experto en Derechos Humanos Uriel Pineda al analizar el peso que ha ganado el obispo, sin buscarlo.

«Monseñor Rolando Álvarez luce gigante ante la pequeñez de sus verdugos. No han podido quebrarlo. Su ejemplo de resistencia y dignidad es admirado por creyentes, ateos y agnósticos», escribió el exembajador de la dictadura Arturo McFields en un artículo titulado «Nicaragua y el Obispo que hace temblar al dictador».

Monseñor Álvarez fue una de las voces más críticas frente a la represión, la violencia de estado, los crímenes y las violaciones de derechos humanos en el país bajo el mando de Ortega y Murillo tras las protestas que estallaron en 2018.

Desde el púlpito, Álvarez rogó por la paz de Nicaragua. Fue implacable en su crítica a los poderosos. Condenó los crímenes, la impunidad, la demolición de la democracia y la supresión de todas las libertades. Lo hizo aun cuando todo aquel que se había atrevido a criticar la deriva autoritaria de Ortega y Murillo estaba tras los barrotes que desde el 9 de febrero son su cruz.

INTIMIDACIÓN, ANTESALA A LA CÁRCEL

La persecución política contra el obispo Rolando Álvarez no comenzó ese cuatro de agosto. Antes sufrió todo tipo de acciones intimidatorias, amenazas y campañas de descrédito. En mayo del 2022, se tuvo que refugiar en la parroquia Santo Cristo de Las Colinas, en Managua, para no ser llevado preso por la Policía. Permaneció cercado durante cinco días, como parte de un operativo para cerrar los medios de comunicación propiedad de la Diócesis de Matagalpa.

Para Pineda ese acoso respondía a una necesidad del régimen Ortega- Murillo: obligarlo a que abandonara el país. La primera dama y copresidenta, como la llama su marido, amenazó con cárcel a Álvarez.

“Pero no tuvo efecto (la amenaza de cárcel), no lo intimidaron, presionaron incluso a la Iglesia católica, a la jerarquía, al propio Vaticano y eso no tuvo resultado. Lo que tuvieron que hacer fue materializar la amenaza, porque si no lo hacen la incidencia de monseñor desde su homilía hubiese sido persistente”, analiza Pineda.  

Monseñor Rolando Álvarez es el primer obispo condenado en Nicaragua, el único en el continente. La pena que purga es de 26 años y 4 meses de cárcel. Además, ha sido despojado de su nacionalidad y de todas sus posesiones. Álvarez fue enviado Centro Penitenciario Nacional a La Modelo el 9 de febrero del 2023, como un castigo por negarse a ser desterrado a Estados Unidos junto a 222 presos políticos.

La segunda oferta de destierro le fue planteada hace un mes en un diálogo en el que la dictadura ofreció al Vaticano el destierro a Roma del religioso. Firme a su decisión de exigir libertad en su país, el obispo rechazó el ofrecimiento y fue regresado a prisión.

«La dictadura de Nicaragua quería celebrar el 19 de julio (Día de la Revolución), con la expulsión de monseñor Rolando Álvarez. Su destierro sería el trofeo final para demostrar fortaleza en tiempos de gran debilidad. Fracasaron», escribió McFields.

Al religioso no se le ha visto desde el pasado 25 de marzo cuando la dictadura cedió a la presión de la comunidad internacional que exigía una prueba de vida. Desde entonces se desconoce su situación emocional y física.

“El ocultamiento yo creo que va en función de mantener una presión, un control sobre la familia, el flujo de información que puede derivar respecto de las condiciones de monseñor, estado de ánimo”, expone Pineda.

El 28 de junio de este año, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), ordenó a la dictadura de Nicaragua, la liberación inmediata de monseñor Álvarez. Una vez más el régimen incumplió la sentencia.

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La instancia dio plazo al 7 de julio para que el régimen informara sobre la situación del religioso. Una vez más los Ortega-Murillo menospreciaron a la Corte-IDH y no informaron nada.

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR MONSEÑOR ÁLVAREZ

Mientras el movimiento ciudadano Acción Dale Vida a Nicaragua, está convocando para este 4 de agosto a una jornada mundial de oración: una eucaristía para monseñor Rolando Álvarez, donde demandan que el régimen muestre al religioso y además exigen su liberación y de los demás presos políticos.

«Invitar al pueblo nicaragüense a mostrar su apoyo y exigir que se permita a monseñor Rolando Álvarez recibir la comunión y celebrar la eucaristía, ya que este cuatro de agosto marca un año desde que no ha podido realizar estos actos sagrados», expresa la convocatoria del organismo.

En una reciente encuesta de la empresa CID Gallup contratada por el medio Confidencial, reveló que el 79 por ciento de los nicaragüenses rechaza la condena de 26 años de cárcel contra monseñor Álvarez.

LO QUE PASÓ EL CUATRO DE AGOSTO DEL 2022

Ese 4 de agosto del 2022, Matagalpa fue sitiada por la Policía Orteguista. La salida del obispo con el Sagrario en mano no consiguió el cese de la intimidación en los alrededores de la curia.

Unas horas después, el obispo que también es administrador de la Diócesis de Estelí estaba encerrado por la Policía en el Palacio Episcopal de Matagalpa. Desde allí ofició una misa virtual que miles siguieron en directo.

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Un día después el 5 de agosto, la Policía anunció la apertura de un proceso de investigación contra el religioso por estar “intentando organizar grupos violentos, incitándolos a ejecutar actos de odio en contra de la población, provocando un ambiente de zozobra y desorden, alterando la paz y la armonía en la comunidad, con el propósito de desestabilizar al Estado de Nicaragua y atacar a las autoridades constitucionales”

El obispo y sus colaboradores no volvieron a salir del Palacio Episcopal, hasta que 15 días después, el 19 de agosto, las instalaciones fueron asaltadas por la Policía. Monseñor Álvarez fue trasladado a la vivienda de un familiar y lo dejaron allí en casa por cárcel y el resto remitidos a la temida cárcel de El Chipote.

CONDENADO SIN JUICIO

El 6 de febrero de este año, la justicia que maneja el régimen condenó a 10 años de prisión a los cuatro sacerdotes, dos seminaristas y a un camarógrafo que fueron secuestrados junto a monseñor.

Mientras que Álvarez ni siquiera fue llevado a juicio ya que estaba programado a iniciar el 15 de febrero, pero el juez Segundo de Distrito Penal de Juicio de Managua, Nadia Tardencilla, emitió la sentencia de culpabilidad e inmediatamente dictó las penas.

A lo largo de su encierro, Álvarez ha sido visto en tres ocasiones. La primera vez fue el 13 de diciembre de 2022 cuando fue llevado a los Juzgados de Managua como acusado por el supuesto delito de conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional y propagación de noticias falsas. Luego, el 10 de enero de 2023, fue mostrado nuevamente en el Complejo Judicial de Managua en la audiencia preliminar en la que fue remitido a un juicio que nunca se celebró. La última el pasado 25 de marzo ya preso y condenado en La Modelo.