El régimen confesó que secuestró, interrogó y liberó a monseñor Mata, sin presentar pruebas de su paradero
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo reconoció este sábado que mantuvo bajo custodia al obispo emérito de Estelí, monseñor Juan Abelardo Mata Guevara, durante varios días para interrogarlo por una supuesta investigación sobre sus bienes y sus vínculos familiares de la que no existe ningún sustento legal.
Sin embargo, pese a asegurar que el religioso fue enviado de regreso a su vivienda, no presentó ninguna prueba de que se encuentre efectivamente en libertad ni lo presentó públicamente para confirmar su estado como ha hecho en otros casos de prisioneros políticos que han sido arbitrariamente detenidos.
El reconocimiento oficial llegó apenas unas horas después de que Estados Unidos exigiera al régimen liberar al jerarca católico de 80 años, tras difundirse que agentes policiales sacaron al obispo, de 80 años, de su vivienda en Tisma, Masaya, hasta donde lo habían trasladado un día antes cuando fue detenido en Estelí para bajo vigilancia, tras salir de una consulta médica. Desde el unes el religioso permaneció incomunicado, sin información oficial sobre su paradero ni sobre su estado de salud, una situación que organizaciones de derechos humanos calificaron como una desaparición forzada.
En un comunicado, el Ministerio del Interior afirmó que Mata fue sometido a una «necesaria indagación» sobre el origen de propiedades y vínculos familiares que, según sus criterios, «no coinciden con la condición sacerdotal». También aseguró que durante el interrogatorio el obispo brindó declaraciones sobre «distintos episodios violatorios de las leyes nacionales», aunque no precisó cuáles son esos hechos, ni si existe una investigación penal abierta o si enfrenta algún proceso judicial.
El régimen sostuvo además que, tras concluir las diligencias, el obispo regresó a su vivienda y que durante el tiempo que permaneció bajo custodia fue tratado «con respeto y consideración», lo cual él mismo reconoció. Sin embargo, no difundió imágenes, videos ni permitió que el religioso hablara para confirmar su situación.
Tampoco explicó dónde estuvo retenido, bajo qué fundamento legal fue privado de libertad, cuánto tiempo permaneció en interrogatorio o si continúa sujeto a algún tipo de restricción.
Persisten las dudas sobre el paradero del obispo
La ausencia de pruebas sobre el supuesto retorno de Mata a su casa alimentó las dudas sobre su verdadera situación. Hasta el cierre de esta edición, ni la Diócesis de Estelí, ni familiares, ni personas cercanas al obispo habían confirmado haber tenido contacto con él.
Diversas voces de la oposición y organizaciones defensoras de derechos humanos reclamaron que el régimen permita verificar de manera independiente que el obispo se encuentra con vida, en libertad y en condiciones de comunicarse sin presiones.
La excomandante guerrillera y opositora Dora María Téllez sostuvo que el secuestro de Mata expone, una vez más, el miedo del régimen a la Iglesia. Las oraciones -dijo- las consideran una amenaza.
«Tienen razón de tenerle miedo a las oraciones y a personas que han mantenido una posición íntegra y crítica como monseñor Mata. Y tienen razón de tenerle miedo a las voces de los obispos que se mantienen constante en la denuncia de las barbaridades que el régimen de los Ortega Murillo hace con los nicaragüenses».
Lo grave -denunció- es que ahora pende una amenaza sobre el obispo y su familia y señala a Rosorio Murillo como la principal responsable de las acciones desplesgadas contra el religioso.
La captura del obispo también provocó una reacción de Estados Unidos a través de la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos que exigió la liberación «inmediata e incondicional» del religioso, expresó preocupación por su estado de salud y afirmó que Mata, de 80 años, «no representa ninguna amenaza» para el régimen.
Escalada contra la Iglesia
La retención de Mata marca una nueva ofensiva contra la Iglesia católica. El operativo en su contra incluyó el arresto del administrador de la Catedral de Estelí, el sacerdote Francisco Morales, y del diácono transitorio Wilfred Arauz, quienes fueron liberados horas después.
Según fuentes cercanas a la Diócesis de Estelí consultadas por DESPACHO 505, una de las principales hipótesis es que la acción contra Mata fue una represalia por haber pedido durante la misa del domingo oraciones por la Iglesia perseguida en Nicaragua y por monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador apostólico de la diócesis, desterrado por el régimen en enero de 2024 y residente en Roma.
El caso de Mata constituye un nuevo episodio de la persecución contra la Iglesia católica que desde 2018 ha sido objeto de detenciones, destierros, vigilancia, expulsiones de religiosos y restricciones a sus actividades pastorales.



