Los sátrapas del siglo XXI
Se trata de líderes, en algunos casos elegidos democráticamente, que “difunden odio e intolerancia”.
El DirectorEjecutivo de Human Rights Watch (HRW), Kenneth Roth, presentó en Berlín, a iniciosde este año (17 enero 2019), su informe anual 2018, alertando que aunque cundenlas amenazas de distinto signo a los derechos humanos por parte de regímenes,organizaciones e individuos extremistas de todo el mundo, “es llamativa laintensa reacción contra los autócratas”.
El Informede HRW es amplio, pero contiene detalles reveladores de esas dos tendencias: lamultiplicación de los autócratas y el crecimiento fuerte de la resistenciapopular a sus desmanes.
En esa listade los principales violadores de derechos humanos del mundo de HRW está unconjunto variopinto de países, culturas y sujetos, de distinto ordenideológico, pero con una línea base populista común.
¿Quiénes sonlos sátrapas del mundo en términos de derechos humanos?
Kim Jong Un,Corea del Norte, inspirado en el “pensamiento Juche” que justifica una dinastíay un régimen absolutista extremo de ya tres generaciones.
Xi Jinping,presidente de China desde 2012 y quien habla de “derechos humanos a lo chino”,poniendo los intereses del Partido Único Comunista, del Estado y de la Economía,por encima de los individuos.
VladímirPutin, presidente de Rusia (que ya va por su cuarto mandato presidencial y esacusado de ejercer fuerte represión a las libertades de reunión, asociación yexpresión y mantiene una fanática persecución contra la diversidad sexual).
DonaldTrump, presidente de Estados Unidos de América (que insinúa una ciertasupremacía blanca especialmente ante latinos, expresa una misoginia primitiva,ha dirigido una política de separación forzada de menores migrantes, de hecho,un chantaje contra las corrientes inmigrantes del sur del continente, exhibeuna abierta hostilidad y agresividad contra la prensa independiente en su país“y por su ambigua postura ante el asesinato saudí del periodista disidenteJamal Khashoggi”.
Mohamed BinSalman, príncipe heredero de Arabia Saudita y sospechoso, como Ministro de Defensa,de graves violaciones del Derecho Internacional durante el conflicto armado enYemen, y por “complicidad en graves denuncias de tortura y otros malos tratosde ciudadanos sauditas, incluyendo el asesinato del periodista JamalKhashoggi”.
RodrigoDuterte, presidente de Filipinas un impredecible déspota de origen izquierdoso,que en su lucha contra drogas, ha querido realizar exámenes de sangre a losniños de los colegio y ha confesado su pasión por las ejecucionesextrajudiciales.
JairBolsonaro, presidente del Brasil, al que en breve muchos le llaman “el Trump deBrasil” y otros “el Duterte de Brasil” por sus tendencias a la violenciainstitucionalizada.
DanielOrtega, al frente de ejecutivo presidencial en Nicaragua, también de origenizquierdoso, ha dirigido un genocidio sin precedentes en la regióncentroamericana, mantiene una represión feroz contra todos los derechos humanosy políticos básicos.
Y seincluyen en esa lista, personajes como el húngaro Víktor Orbán, el congoleñoJoseph Kabila, el sudanés Omar el Bashir, el venezolano Nicolás Maduro, elturco Recep Tayyip Erdogan…
Se trata delíderes, en algunos casos elegidos democráticamente, que “difunden odio eintolerancia”, según el informe. Pero “los mismos populistas que estánpropagando el odio y la intolerancia también están estimulando una resistenciaque sigue ganando batallas”, afirma Kenneth Roth.
Y añade: “Eltriunfo en ningún caso está garantizado, pero las victorias en el último añosugieren que los excesos de los regímenes autoritarios están avivando unpoderoso contraataque en favor de los derechos humanos”.
¿Cómodiscriminar ante satrapías como éstas?
El norteante todo sistema: los derechos humanos
Afortunadamente,la maduración de la especie humana como conglomerado social, histórico, hallevado a definir unos límites que impiden su autodestrucción. Hemos fijado asíuna ética universal para nuestra sobrevivencia como especie, peroespecialmente, como comunidad de seres que razonan, sienten, temen, aspiran.
Es la reglaque nos fija un mínimo minomorum que nos orientará ya sea como líderes odirigentes, ya sea como ciudadanos de base: el sumo imperio de los derechoshumanos, en cualquier latitud y momento del planeta, bajo todo tipo decircunstancias, es una especie de hilo azul que une nuestras conciencias. Elinforme de los sátrapas en el mundo también abre un horizonte de reflexión yesperanza: Todas las ideologías, religiones, filosofías, pensamientos, esdecir, todas las construcciones mentales, sociales y culturales que surgen parainterpretar o actuar en las relaciones humanas, no importa su contenido, tienenun sustrato de referencia, lo acepten o no: el respeto y defensa de losderechos humanos.
Ni mandando, ni obedeciendo, nunca, deberemos traspasar o violar esos límites, nuestro mínimo minimorum para seguir siendo, precisamente, humanos.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.
