El registro de protestas evidencia que no hubo un intento de golpe de Estado
El investigador Sergio Cabrales explica que las demandas ciudadanas, como resultado de la galopante represión, se fueron transformando gradualmente de coyunturales (rechazar reformas al Seguro Social), a revolucionarias (cambio de régimen).
Recientemente,el Jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés, trajo a lapalestra un argumento que intenta explicar, una y otra vez, la crisissociopolítica: en 2018 se produjo un intento de golpe de Estado en Nicaragua.Pero, ¿es esto realmente cierto?
Haymúltiples formas de objetar esta tesis. Por un lado, informes de organismosinternacionales, investigadores y periodistas no han encontrado indicios de ungolpe de Estado, principalmente si se sigue el rastro del tratamiento estatal ala crisis, revelando la alarmante situación de derechos humanos a la que elpaís fue sumida. Por otro, se han presentado análisis que demuestran que noexistían las condiciones y ni las transformaciones políticas que un golpe de Estadohubiese necesitado e implicado.
Sin embargo,también se puede encontrar útil contraargumento cuando se recurre al registrosistemático de protestas en todo el territorio nacional. La evidencia muestraque la situación generada en Nicaragua es, precisamente, una oleada deprotestas, manifestada en la tabla abajo. Esto es, una rápida expansión de acciones de protesta, con diversidad degrupos sociales que participan, no necesariamente organizados, y conconsiderable cantidad de actividad disruptiva.
Los datos muestran que esta oleada se activó y exacerbó mediante siete mecanismos que expertos normalmente atribuyen a estos fenómenos: difusión e intermediación, acciones coordinadas dentro de la espontaneidad, escalamiento, certificación, apropiación social y creación de identidades. Ninguno de estos mecanismos, estudiado de cerca por este investigador, mostró indicios de un golpe de Estado.

Aunque se puede encontrar mayor explicación detallada a estos siete mecanismos aquí, en este artículo se pretende prestar atención a la elocuencia de uno en específico para rebatir el argumento estatal: la difusión. El mecanismo de difusión se define como la expansión y dispersión de un sitio a otro de formas de protesta en un marco de demandas (Tilly & Tarrow, 2015), usando múltiples vías intermediarias: comunicación personal, redes sociales, o medios de comunicación.
Parailustrar el mecanismo en marcha, su potencial y su rol catalizador ante larepresión, se puede recurrir a tres escenarios importantes en las primerashoras de la crisis en la noche del 18 de abril:
(1 y 2) En la Universidad Centroamericana y Camino de Oriente, grupos de estudiantes, muchos de los cuales desarrollaron know-how (habilidades estratégicas) en las recién concluidas protestas de Indio Maíz, convocaron a concentraciones rechazando las reformas a la Ley del Seguro Social en estos puntos visibles y de alto impacto dentro del espacio urbano de la ciudad. Su convocatoria fue respaldada por otros actores que se les sumaron, tendiéndose registro de la participación de trabajadores del sector privado, feministas, y ciudadanía en general.
La respuestaestatal a estas primeras protestas se manifestó en el uso de grupos de controlparaestatales organizados en la Juventud Sandinista (JS) que agredieron a losmanifestantes, penetraron el campus universitario y dañaron propiedad privadabajo la vigilancia de la Policía Nacional. Las imágenes de la represión sedifundieron rápidamente en redes sociales y medios de comunicación. Esto,precisamente, ha sido ampliamente valorado como fundamental en la movilizaciónde otros actores y en la construcción de la percepción de amenazas ante lascuales hay que movilizarse (Almeida, 2019, Castells, 2015; Tilly & Tarrow,2015).
Una estudiante que este investigador entrevistó señala que, incluso, “el conductor del bus preguntó si habían visto las noticias, que había un descachimbe (altercado) en Camino de Oriente. Me fui a casa de una amiga, y me empezó a poner videos de lo que estaba pasando. Me entraron muchos mensajes, gente mandándome las noticias, preguntándome por amigos. (Comunicación personal, mayo 2019).

(3) Monimbó (Masaya) evidenció mecanismos de difusión también esa misma noche. Mario, habitante del lugar, señala que “viendo las imágenes de represión (en la Universidad Centroamericana), la gente (del barrio) decía: ‘que se venga la Juventud Sandinista a Monimbó que aquí van a conocer los huevos (el valor) de la gente’. José, también vecino de Monimbó, señala algo relevante: “Estaba hablando con mi abuela y le expliqué a mi manera la reforma del seguro social. Yo recuerdo que esa noche pasó un perifoneo por las calles de Masaya, convocando a una marcha al día siguiente. Eso fue como una mecha”. (Comunicación personal, mayo 2019).
Los relatosexpuestos evidencian en micro niveles lo que sucedía en varios puntos del paísesa noche, que concluía una jornada de tres protestas transgresivas en León yManagua, además de disturbios en dormitorios universitarios y planes deorganizar protestas a la mañana siguiente. El mapa aquí ilustrado muestra cómolas protestas se difundieron en los seis meses que siguieron a esa noche(abril-septiembre 2018).
En estasprimeras horas, no se encuentra evidencia de difusión de demandas relacionadasa la renuncia del presidente o funcionarios públicos.
Si hay algo que puede afirmarse a partir de los datos, es que el mecanismo de difusión y el número de protestas, se exacerbó a medida que la represión aumentaba. Las imágenes de los estudiantes siendo atacados por la Policía Nacional, las iglesias y universidades siendo asediadas, las detenciones arbitrarias, los primeros muertos, y el simbólico derrumbe de árboles de la vida se difundieron en las calles, redes y pasillos, y actuaron como catalizadores de más protestas en todo el territorio nacional.

Por otrolado, también es relevante mencionar que sí hay evidencia de que las demandas,como resultado de la galopante represión, se fueron transformando gradualmentede coyunturales (rechazar reformas al Seguro Social), a revolucionarias (cambiode régimen). El solo acercamiento al mecanismo de difusión muestra que estademanda transformada, no coordinada, ni exógenamente introducida, es resultadodirecto del tratamiento del Estado de Nicaragua a las protestas y susciudadanos.
Relatos loconfirman. En Masaya: “Cuando vino la represión la misma gente se organizóespontáneamente, porque no fue una convocatoria de nadie. La gente se tiró a lacalle con todo, piedras, palos, machetes. Levantando barricadas.” (Profesor,comunicación personal, mayo 2019). En Río Blanco: “Cuando el primer muerto yodije que esto ya era demasiado. Empezamos a convocar, a salir a las calles, ano permitir más injusticias”. (Carlos, comunicación personal, mayo 2019). EnManagua: “Cuando vi la policía y la JS atacando, me di cuenta de que esto iba allegar a otros límites. Esto es obligación generacional, si no es hoy, esnunca. Si se fue el balde, que se vaya el mecate con todo y poste.” (C.B,comunicación personal, mayo 2019). En Universidades ocupadas: “Cuando se viocómo iba escalando la represión, no era una represión simple. Nos queríanerradicar.” (Enrique, comunicación personal, mayo 2019).
Sin embargo,precisamente cuando se exigió y difundió la urgencia de cambio de régimen antela elevada represión, las autoridades introdujeron la simplista tesis de golpede Estado, activando aún más elevadas formas de coacción estatal.
Lejos de tener la palabra definitiva sobre una contienda política que no ha terminado, este artículo busca, una vez más, brindar evidencia contra el argumento que las autoridades nicaragüenses normalmente usan para explicar la crisis sociopolítica a la cual el país fue sumido. Los datos lo sugieren: en Nicaragua no hubo un intento de golpe de Estado.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.
