A cuarenta años de distancia
Padecimos una larga guerra provocada por torpes, delirantes y ávidos “revolucionarios”, con su secuela de muertes, destrucción y odio. No existen para la mara leyes, compromisos e instituciones.
Por MOISÉS HASSAN
MANAGUA — Acuarenta años de la caída del dictador Anastasio Somoza Debayle es evidente queNicaragua está siendo atropellada por una nueva dictadura aún más corrupta,inepta e irrespetuosa de la dignidad y derechos de los nicaragüenses que la quea costa de tanta sangre y sacrificios se logró erradicar el 19 de julio de1979. Una dictadura que empezó a gestarse casi de inmediato, aunque lafelicidad y el éxtasis que embargaron a la inmensa mayoría de los ciudadanospor largo rato impidieron que ello fuera percibido con la suficiente claridad.
Pese a quehubo al menos dos prontos y abiertos indicios: como aves de rapiña, cientos de“revolucionarios”, violando ley expresa de la Junta de Gobierno, cayeron sobrebienes que habían pertenecido a somocistas, a indiferentes, y aún acolaboradores de la guerrilla. Especial afición mostraron estos“revolucionarios” por lujosas mansiones, quintas veraniegas, y elegantesvehículos. La “piñata” había comenzado, la corrupción y el irrespeto a la ley empezarona asomar su torva faz.
La otraseñal fue aquella que se emitía cada vez que, en concentraciones y eventos detodo tipo, se escuchaba el grito: ¡Dirección Nacional!, al que los presentes encoro respondían: ¡Ordene! Esto es, ese órgano se reservaba el derecho a pensary tomar decisiones, las cuales debían ser sumisamente acatadas por unaciudadanía a la que pretendían reducir a la condición de borregos.
Es interesante analizar las diferentes etapas por las que ha pasado el poder político en esta larga dictadura. Durante la dictadura inicial, que duró hasta abril de 90, fue ejercido por la mencionada Dirección Nacional en la cual, aunque no lo reconocieran en público, la mayor cuota pertenecía a los hermanos Ortega, seguidos a prudente distancia por Tomás Borge. Los restantes miembros, con una sola excepción, eran más bien colaboradores de alguno de estos, a cambio de beneficios que incluían una importante cuota de poder dentro de cierto ámbito, claramente definido para cada uno de ellos.
Incidentalmente,fue esa distribución del poder, existente desde antes de la caída de Somoza, loque determinó que Daniel Ortega, el más apagado de los tres y por tanto el quemenos recelos despertaba entre sus colegas, fuera el escogido para asumir elcargo de mayor proyección y potencial político: el de miembro de la Junta deGobierno. Con lo que se convirtió en el candidato natural del Frente cuando hubieraelecciones presidenciales.
La siguienteetapa fue engendrada por la rebelión de miles de ciudadanos, mayoritariamenteirritados campesinos, entre los que figuraban muchos luchadores contra elsomocismo. Rebelión que contó con el apoyo político, organizativo y logísticode un Washington, decidido a impedir que la “revolución” nicaragüense, socia yade Moscú, se extendiera -para empezar- a Centroamérica. Fue esta la guerra dela Contra, que concluyó cuando, cansados Washington y Moscú, forzaron a susrespectivos ahijados a llegar a acuerdos; Ortega fue obligado a convocar aelecciones adelantadas en las que fue derrotado, todos lo sabemos.
Así, pues,una nueva etapa se inició cuando Ortega hizo forzosa la entrega de la bandapresidencial. La banda, no el poder. Pues ocurrió que el yerno de latriunfadora (Violeta Barrios de Chamorro) tenía años de pertenecer al séquitode los Ortega, quienes por ello no tuvieron dificultades en conseguir que, acambio de la promesa de llevarlo como candidato presidencial en 1996, y unamodesta cuota de poder, convirtiera a su suegra en títere de los hermanos. Losrestantes miembros de la Dirección, no siendo partícipes de los arreglos con elyerno, tuvieron que escoger entre permanecer, reducidos a subordinados, o,silenciosamente, hacer mutis. Cada cual hizo lo suyo.
Quien escribeesto fue el único diputado independiente en la Asamblea Nacional elegida en1990; desde ahí pude ver como Daniel Ortega, con el apoyo ilusionado del yernode Violeta Barrios, decidía qué se aprobaba y qué se rechazaba; pude ver comola burda autoamnistía que se había otorgado el Frente Sandinista antes de entregar la Presidenciaera derogada y sustituida por la primera ley que dictó la nueva Asamblea,invulnerable desde el punto de vista estrictamente legal; cómo la “piñata” eraprotegida y consolidada; cómo importantes empresas estatales eran privatizadasa precios simbólicos a favor de los aliados; conocí el reporte de la CIAV-OEA,que informaba del asesinato de cerca de trescientos miembros públicos de laContra, sin que nadie fuera sancionado; delante de mí pasó la amnistía para“Pedrito el hondureño”, delincuente que saqueó los bancos de Estelí y asesinó adecenas de pobladores.
Todo habíacambiado para que casi nada cambiara. Casi, porque al final de esta etapa,Daniel, con la eficaz ayuda de su controlada Asamblea y el yerno, se quitó deencima la competencia que le hacía su hermano Humberto, lo defenestró. Y setornó en el dueño único del Frente.
Lasubsecuente etapa surgió en 1996, como resultado de las elecciones de ese añoen las que, era claro, sólo había dos posibles vencedores: Ortega y Alemán. SiOrtega triunfaba, el poder era abrumadoramente suyo; en cambio, Alemán sabíaque, de triunfar, tendría que enfrentar al nada despreciable poder acumuladopor su rival entre 1990 y 1996. Y ese mismo año los malhechores decidieron queera preferible repartirse el botín que enfrascarse en un rudo combate. Pactaron.Y la nueva etapa se abrió.
Dicen quienestienen interés en ocultar la historia, o la ignoran, que este pacto ocurrió en1999 porque ese año aprobaron las conocidas reformas constitucionales quebeneficiaban a ambos, como si estas reformas hubieran brotado instantáneamente,como si no tuvieron que ser precedidas por prolongadas negociaciones. Además,curiosamente, durante el período 1997 a 2001 ninguno de los dos presuntosenemigos acusó de nada grave al otro; tantos delitos como ambos cargaban; y, undetalle insignificante, ese 1996 Ortega entregó la Alcaldía de Managua aldesignado por Alemán cuando, promoviendo simultáneamente a dos candidatos delFrente, dividió sus votos.
Finalizadaesta etapa en enero 2002, la siguiente empezó a gestarse cuando Enrique Bolañosdecidió pasarle la cuenta a Alemán. Y, aliándose con Ortega, en diciembre de2002 consiguieron que la Asamblea desaforara al expresidente Alemán, y que unaño después fuera condenado a 20 años de prisión. Haciéndolo pasar de socio arehén y convirtiendo a Ortega, a partir de 2003, en el hombre más poderoso delpaís. Que además, desde octubre de 2002, mediante chantajes tenía sometidos aMiguel Obando y Roberto Rivas y, por ende, al Consejo Supremo Electoral (CSE).
En adelante,todo fue sencillo: en 2006 el preso Alemán fue conminado a dividir los votosdel antiorteguismo; el principal rival de Ortega reconoció apresuradamente suderrota; y el CSE ni necesitó contar todos los votos. Así se hizo Ortega delpoder absoluto, dejó de tener socios. Sin que nadie lo retara hasta que nuestropueblo, encabezado por valientes estudiantes y campesinos, a quienes rindohomenaje, ese glorioso 18 de abril de 2018 abrió la actual etapa de nuestra historia.
Cuarentaaños después, solo hay en América un país más pobre que Nicaragua; antes habíacuatro. La corrupción, pavorosamente extendida, exacerbada, y promovida, es uninstrumento de la mara dictatorial para enriquecerse y comprar conciencias. Yesta corrupción, combinada con la ineptitud, nos tiene convertidos en un paíslimosnero.
Padecimosuna larga guerra provocada por torpes, delirantes y ávidos “revolucionarios”,con su secuela de muertes, destrucción y odio. No existen para la mara leyes,compromisos e instituciones. La represión y las violaciones a los derechoshumanos en cada momento han alcanzado el grado de bestialidad que ella haconsiderado le conviene. Nuestros recursos naturales están siendo vorazmentearrasados. La educación es vista como un instrumento para manipular y adoctrinara niños, jóvenes y maestros. Y el país entero está en venta, esperandoaventureros que lo quieran comprar. Aquí paró.
Los nicaragüenses dignos y decentes tienen una ardua tarea por delante: erradicar a la mara; hacer justicia, no más impunidad disfrazada de “reconciliación”; y empezar a construir la Nicaragua soñada por la que tantos patriotas han dado la vida.
El autor fue miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, que se instauró tras el triunfo de la Revolución sandinista en 1979. Actualmente es presidente del Partido Acción Ciudadana (PAC).
Nota: El presente artículo es responsabilidadexclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate públicosobre temas que nos afectan comosociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505o la de su línea editorial.
