La inesperada repercusión negativa de las campañas de violencia doméstica
Lamentablemente, en lugar de calmar la violencia doméstica, estas iniciativas bien intencionadas terminan desencadenándola.
Pocosesfuerzos podrían ser más importantes para América Latina y el Caribe queterminar con el flagelo de la violencia doméstica. La región no solo tiene lasegunda tasa más alta del mundo de actos de violencia infligidos a las mujerespor sus parejas o exparejas: también acusa niveles extremadamente altos defeminicidios, que involucran el asesinato de mujeres por motivos de género.
La buena noticia es que, en las últimas dos décadas, muchos países han llevado adelante importantes iniciativas para informar a las mujeres sobre sus derechos y cambiar las actitudes “machistas” que conducen a la violencia.
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Pero lamanera en la que esto suele hacerse –a través de campañas de sensibilizaciónmasiva– puede ser contraproducente. Mi investigación en Perú demuestra que, dehecho, estas campañas pueden generar una reacción negativa que, a corto plazo,puede llevar a niveles aún más altos de maltrato, ya que los hombres al verseamenazados buscan recuperar el control frente al empoderamiento femenino. Elcarácter de los mensajes es crucial. Mi investigación indica que es posible quelos organismos gubernamentales y no gubernamentales deban consideraralternativas que transformen las mentes sin añadir dolor a las mujeres.
ESTUDIAR LAS CAMPAÑAS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA
Perú es, pordesgracia, un buen país para estudiar este fenómeno. Se estima que un 70% delas mujeres de entre 15 y 49 años ha sido víctima de violencia doméstica. A finde fomentar una nueva mentalidad, el gobierno ha aprovechado activamente dosconmemoraciones de las Naciones Unidas: El Día Internacional de la Mujer enmarzo y el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra laMujer en noviembre. Para ello, durante las semanas próximas a dichasconmemoraciones, ha recurrido a un aluvión de programas de radio y televisión,así como de concentraciones y reuniones (con la participación de los principalesmiembros del gabinete).
Lamentablemente,en lugar de calmar la violencia doméstica, estas iniciativas bien intencionadasterminan desencadenándola. Por ejemplo, al hacer un análisis de los años 2009 a2015, he encontrado que en noviembre, cuando se lleva a cabo el mayor número decampañas contra la violencia, también hay un aumento del 7% de las denuncias deviolencia doméstica en los centros de emergencia para la mujer y del 12% en lacantidad de incidentes notificados por hospitales y centros de salud. El númerode llamadas de mujeres a las líneas directas se eleva en un 19%.
EL IMPACTO PSICOLÓGICO
A partir dedatos de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar de Perú (ENDES), miestudio demuestra asimismo que, durante estas campañas, los hombres se muestranmás desconfiados, más celosos y más controladores con sus parejas. ¿Qué podríaestar sucediendo?
Estudios demarketing y psicología social que se remontan por lo menos a cuatro décadasatrás muestran que las campañas que resaltan errores o defectos de carácter ensu público objetivo tienden a motivar negación. Generan estigmas. Y provocanfrustración, especialmente cuando las personas se sienten atacadas e incapacesde cambiar su comportamiento. Estos efectos, junto con la fuerza de las mujeresrecién empoderadas, pueden motivar a los hombres a resistirse airadamente alcambio, a ejercer el control y a reafirmar su hegemonía a toda costa.
Evidentemente,esto no es lo que pretenden las campañas contra la violencia, incluso cuandollaman la atención sobre un comportamiento indiscutiblemente censurable. Debehaber mejores maneras de lograr los mismos objetivos.
MENSAJES ALTERNATIVOS
Una de lasreferencias proviene de las campañas sobre el VIH, las cuales, en lugar deseñalar con el dedo a las personas temerosas de someterse a los estudiosmédicos, les informa de manera nada amenazadora que tienen respuestas a suspreguntas. Otra se deriva del uso de mensajes sutiles en programas detelevisión que proyectan diferentes maneras de vivir. Por ejemplo, en Brasil,un estudio demuestra que la exposición a telenovelas en las que la mayoría delos personajes femeninos no tiene hijos, redujo significativamente los partosen mujeres de entre 25 y 44 años, con repercusiones particularmente fuertes enlos niveles socioeconómicos más bajos. Estas telenovelas no les estaban diciendo a las mujeres que usarananticonceptivos. Ni les estaban indicando que se comportaran de determinadaforma. Pero al proporcionar ejemplos de mujeres ficticias que mantienenfamilias pequeñas y, al mismo tiempo, disfrutan de una movilidad socialascendente, ayudaron a reducir la tasa de natalidad.
Aún no sabemos cuáles serán los efectos a largo plazo de las campañas de sensibilización, e incluso podrían llegar a ser transformadores. Pero dadas las docenas de feminicidios anuales –la mayoría perpetrados por parejas o exparejas–, el aumento del 27% al 37% de los asesinatos de mujeres que he documentado durante las campañas de noviembre, así como el alza general de los casos de maltrato y violencia, suponen motivos suficientes para detenerse a pensar en el asunto. Hay que cambiar estos comportamientos, desplegados en muchos casos por hombres que han visto a sus padres hacer lo mismo; se trata simplemente de averiguar cómo se puede llegar a ese mundo mejor.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en el blog Ideas que cuentan, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El contenido es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.
