La vecina Costa Rica

Mientras en Nicaragua hay un  dictador que mata a los ciudadanos (incluidos periodistas) y obliga al exilio a los que se oponen a su régimen, al otro lado de la frontera existe un mandatario que se solidariza y defiende los derechos que viola Ortega.

Con CostaRica hemos tenido una relación de amor y, absurdamente a la vez, de odio, perolo cierto es que ha sido el país de Centroamérica que más nos ha tendido lamano a lo largo de la historia.

Lo hizo en1856 cuando las tropas comandadas por Juan Rafael Mora ayudaron a derrotar alfilibustero William Walker que se autoproclamó Presidente de Nicaragua; en 1979cuando el presidente Rodrigo Carazo Odio prestó el territorio para queguerrilleros sandinistas operaran en su país; en 1982 cuando el mandatario LuisAlberto Monge permitió a los contrarrevolucionarios  también establecerse ahí.

Y lo hace ahora, abriendo sus puertas a aproximadamente 80,000 nicaragüenses que se han exiliado tras la brutal represión y persecución de la funesta dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Lo mismo ocurrió en el siglo pasado, las dictaduras de Anastasio Somoza y la sandinista obligaron a miles a refugiarse en territorio costarricense.

A pesar denuestras diferencias, por conflictos limítrofes y una vergonzosa diplomacia delgobierno de Daniel Ortega, Costa Rica es una buena vecina. La vocacióndemocrática de ese país ha sido clave en la resolución de nuestros problemasinternos,  como en 1987, con los tratadosde paz liderados por el expresidente Óscar Arias y que puso fin a los conflictosarmados en Centroamérica.

Y lo vemos ahora con esta crisis que ya cumplió un año y que el dictador Daniel Ortega se empeña en mantener a sangre y fuego. Costa Rica fue el primer país en condenar y denunciar ante la comunidad internacional los atropellos cometidos por las fuerzas represivas del régimen.

El presidente Alvarado se reúnen con la periodista Lucía Pineda Ubau tras su visita a Costa Rica, después de ser liberada por la dictadura. CORTESÍA /DESPACHO 505

También hareiterado su compromiso para que el país alcance una salida pacífica. Desde laOrganización de Estados Americanos (OEA), las Naciones Unidas (ONU) y el Grupode Lima, Costa Rica ha dejado muy firme su posición respecto a Nicaragua. Y fuebajo la presidencia de Costa Rica que el Consejo Permanente de la OEA aprobó laprimera resolución que condenó las graves violaciones a los Derechos Humanos.

“Es unarelación preocupante para nosotros, porque quisiéramos que ese conflicto sesolucionara lo antes posible y que en Nicaragua haya democracia y respeto a losderechos humanos”, me dijo en una entrevista el canciller Manuel Ventura.

Hace pocohablaba con un colega periodista costarricense sobre el rol que su país hajugado en nuestra historia. Le agradecí por ese apoyo y solidaridad que tambiénha emanado de losciudadanos y, ojalá que esta crisis sea una oportunidad para estrechar máslos lazos entre nicas y ticos. “Me siento contento que puedan seguir la luchadesde acá”, me dijo.

Y sí, CostaRica es un bastión del exilio nicaragüense. Desde ahí siguen la resistenciacívica decenas de jóvenes y líderes nicaragüenses como la campesina FranciscaRamírez, el cantautor Carlos Mejía Godoy, el periodista Carlos FernandoChamorro… y otros tantos más. Ese calor, esa apertura que ha mostrado CostaRica, el gobierno del presidente Carlos Alvarado y los costarricenses seagradece.

Los gestos de Costa Rica hacia Nicaragua nos demuestran que no estamos solos en esta lucha por la democracia y  la justicia que empezó en abril de 2018. Lo hemos visto también en la persistencia del gobierno del presidente Alvarado para que se liberara a la periodista nicaragüense costarricense Lucía Pineda Ubau.

Más de 60,000 nicaragüenses han cruzado a Costa Rica para resguardar sus vidas del régimen orteguista. CORTESÍA / DESPACHO 505

Mientras enNicaragua hay un  dictador que mata a losciudadanos (incluidos periodistas) y obliga al exilio a los que se oponen a surégimen, al otro lado de la frontera existe un mandatario que se solidariza ydefiende los derechos que viola Ortega, como la llamada del presidente Alvaradoa la periodista Lucía Pineda esta semana tras su liberación.

Estamos tancerca y tan lejos: todos  losnicaragüenses anhelamos esa democracia que le ha permitido estabilidad a nuestropaís hermano, anhelamos contar con un Estado de Derecho, anhelamos que losciudadanos dejen de buscar en Costa Rica las oportunidades que no encuentran enNicaragua.

Como hace 40 años, la vecina nos está ayudando a sacar al violador de derechos humanos que tenemos en casa. Ojalá esta sea la última vez.

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.