Las miserias humanas de Ortega
Para el tirano Somoza, igual que para el tirano Ortega, ellos son la patria. Ellos son Nicaragua.
En sudiscurso más reciente, Daniel Ortega despotricó en contra de sus interlocutoresde la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, en la llamada “mesa denegociación”. Les llamó “miserias humanas”. Un indicativo claro de sus afanesde “paz y reconciliación”.
Pero Ortegadijo más. Y, aunque resulte odioso escucharlo y referirse a sus palabras, nohay más remedio, porque estamos obligados a confrontar sus discursos yplanteamientos.
Ortega volvió con el cuento de los “vendepatrias”. El mismo personaje que, con la fábula del canal interoceánico, hipotecó al país por cien años con un oscuro especulador chino, es el mismo que se atreve a utilizar la expresión vendepatria.
MÁS EN VOCES: El rol de los jóvenes nicaragüenses en el exilio
El mismopersonaje que perpetró el acto de entreguismo más vil de la historia deNicaragua, ni siquiera comparable con el tratado Chamorro-Bryan, es el mismoque aparece lavándose las manos, como cualquier Pilatos. Todavía más. Laconcesión vendepatria, convertida en Ley y elevada a rango constitucional porOrtega y su séquito, sigue vigente, a pesar de haberse desvanecido la quimera.Sigue vigente como plataforma para trasiego de capitales.
Pero Ortegano tuvo empacho en profanar una vez más la memoria de Sandino. Si de Sandinohablamos, atendamos lo que afirmaba sobre el Tratado Chamorro-Bryan:
“Se nos hanrobado nuestros derechos sobre el canal… Teóricamente se nos pagaron tresmillones de dólares. Nicaragua, o más bien, los bandidos que controlaban elgobierno por esa época…recibieron unos cuantos miles de pesos, que, repartidosentre todos los ciudadanos nicaragüenses, no hubieran bastado para comprar unagalleta de soda y una sardina para cada uno. Por medio de ese contrato quefirmaron cuatro traidores, perdimos nuestro derecho sobre el canal. Lasdiscusiones acerca de esta venta se llevaron a cabo dentro de un congresoespurio, a puertas cerradas, que guardaban soldados…”
Parecieraque Sandino escribió exactamente para la tropelía de Ortega, pues describe conprecisión lo ocurrido en el 2013: cuatro traidores y “un congreso espurio, apuertas cerradas, que guardaban soldados”.
Ortegatambién arremetió, con sus falsedades de siempre, con el tema de las sanciones.Y dijo:
“No heescuchado de parte de ellos, ni de parte de quienes coinciden con ellos en losdiferentes campos, económicos, mercantiles, o espirituales, no he escuchado unasola palabra de condena a las sanciones que le han venido aplicando aNicaragua”.
LEA MÁS: Los peligros de la oposición en las negociaciones
¿Y a cuentade qué? ¿Cuáles son esas sanciones que le han venido aplicando a Nicaragua?¿Qué tienen que ver las sanciones impuestas a jerarcas del régimen con lasoberanía nacional?
Nada tienenque ver.
Todo elmundo sabe que las sanciones se han aplicado, hasta el día de hoy, a personasindividuales y al Bancorp, el banco privado de Ortega. Ninguna sanción se haaplicado a Nicaragua. El problema es que Ortega, igual que todo dictador conpretensiones mesiánicas, en sus extravíos mentales se considera a sí mismo comola encarnación de la patria.
Esaconfusión es idéntica a la que tenía Anastasio Somoza Debayle. En su libro dememorias “Nicaragua traicionada”, Somoza, refiriéndose a la administraciónCarter escribe lo siguiente: “Mi patria, mi pueblo y yo fuimos traicionados…niyo ni ninguna otra de las personas del mundo que aman la libertad podemoscomprender las razones por las que Nicaragua fue traicionada”.
Para eltirano Somoza, igual que para el tirano Ortega, ellos son la patria. Ellos sonNicaragua.
En el mismolibro, Somoza relata el momento antes de montar en el helicóptero que loconduciría al aeropuerto para salir para siempre de Nicaragua: “Al contemplarpor última vez las luces de Managua, me corrieron las lágrimas por lasmejillas… No era que en aquel momento yo estuviera teniendo lástima de mímismo… Sentí profundamente todo el buen trabajo que habíamos realizado enNicaragua y que se había desvanecido como el humo…”
Ningún sentido de responsabilidad. Ningún cargo de conciencia sobre el país que dejaba destruido. El tirano que derramaba lágrimas, era insensible a los ríos de sangre en que se anegaba Nicaragua. Igual ahora. Ortega afirma que Nicaragua vivía sus mejores tiempos, con más del 40% en condición de pobreza, según Fideg; más del 60% de la fuerza laboral en desempleo o subempleo, según Inide; casi el 80% de la población laboral en la informalidad, según BCN; y con la seguridad social en quiebra.
LEA MÁS: Panamá y Estados Unidos planean trabajar unidos por la democracia en Nicaragua
Las primerasvíctimas de las sanciones son los pobres, proclamó.
¿Qué tienenque ver los pobres con Roberto Rivas, ejemplo depravado de corrupción eimpunidad?
¿Qué tienenque ver los pobres con el Bancorp -un banco de ricos- donde la camarillagobernante escondía un patrimonio de 2,500 millones de dólares, en el país máspobre de América Latina?
Unpatrimonio que, por cierto, creció en más de 230 millones de dólares en el año2018. Los magnates del poder aumentaron sus caudales en plena crisis, mientraslos empresarios grandes, pequeños y medianos pasaban y siguen pasando “elNiágara en taburete”. Y las familias se acuestan y se levantan con la afliccióny la incertidumbre de si podrán llevar el alimento a su hogar.
El pueblonicaragüense no participó en la decisión de hipotecar el país por un siglo.Porque el pueblo no es vendepatria. Los vendepatrias son los traidores, de ayery de hoy, a los que se refería Sandino.
El pueblonicaragüense no es víctima de ninguna sanción porque no es corrupto, ni comparteintereses con ningún magnate económico.
El internacionalmente señalado de cometer delitos de lesa humanidad habla de miserias humanas. Miserias humanas son los que están condenados al basurero de la historia.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial. La publicación no significa que este medio valide los argumentos o considere las opiniones como cierta.
