Hagamos el cambio
En Nicaragua aún estamos a tiempo de evitar que la situación se salgade control. Marquemos la diferencia y quedémonos en casa.
BERLÍN, Alemania — Un amigo me decía que la crisis del coronavirus (Covid-19) la enfrentamos de manera desigual. No es lo mismo pasar la cuarentena en un país desarrollado, que en un país del tercer mundo como el nuestro, Nicaragua.
Su crudo, pero real comentario me recordó el libro de Andrés Oppenheimer “Crear o Morir”, en el que uno de susentrevistados decía que los países exitosos, o que alcanzan el desarrollo, lo hacen gracias a la gente, ellos y ellas son elsecreto.
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En mis 10 días de cuarentena he leído en las redes sociales de todo. Hevisto como las pequeñas acciones hacen la diferencia, y cómo el actuar de lagente deja un precedente.
Una amiga en Australia posteaba en Facebook que durante sus días encuarentena impartiría clases gratuitas de matemáticas, para niños y niñas quecursaran los primeros años de primaria. En una hora su perfil estaba lleno depreguntas sobre el horario y debatían sobre los temas de interés , además de agradecer la actitud de Mary.
En Alemania, desde donde me ha tocado vivir mi cuarentena, se han habilitado líneas directas para que las personas que sufren ansiedad puedan contactarse con psicólogos y recibir asistencia de un profesional,alrededor de todo el país.
El negocio de comida online, también parecen reinvertirse en tiemposde crisis. En menos de 20 minutos la orden esta en casa, con un servicio alcliente de lo más eficiente. El conductor manda un mensaje informando que lacomida ha arribado y pregunta si estamos conforme con la orden, en ningúnmomento hay un contacto directo entre el conductor y el cliente.
El uso apps de pagos para los usuarios del transporte colectivo, es latendencia, con un par de clips se pueden realizar la compras de boletos usando unatarjeta de crédito.
Algunos supermercados han colocados lavamanos temporales con jabónliquido en la entrada para que los clientes aseen estas partes al entrar ysalir del establecimiento.
También conocí a emprendedores en España, que al perder sus trabajosen los restaurantes donde laboraban, decidieron refugiarse en las cocinas desus casas, y empezar su negocio en línea, contrario a lo que muchos puedenpensar, la demanda es alta.
Es verdad no podemos ser ingenuos necesitamos una estrategia de país,para enfrentar esta crisis.
Pero, ante un gobierno poco beligerante como el de Nicaragua, ¿quéopciones tenemos?, ¿nos limitaremos a publicar post denunciando laincompetencia del sistema?, o ¿nos uniremos y aprenderemos las lecciones deotros países?
Quizás seré una idealista, pero creo que una población informada yconsciente hace la diferencia.
Hay pequeños, pero significativos detalles que nos pueden salvar, comoquedarnos en casa; y si nos vemos obligados a salir, recordar mantener ladistancia social con las personas que están a nuestro alrededor y no compartiren espacios donde hayan más de 10 personas.
Sí, para unos las medidas sonarán ridículas, para otros imposibles decumplir, pero en países como España donde las muertes alcanzan más de cuatromil al momento de escribir este artículo, créanme que ellos aprendieron lalección de forma devastadora.
Mi compañero de casa que al principio pensó era imposible estar dossemanas encerrado, ahora me ha enviado un texto diciendo que, si la medida dequedarse en casa se hubiese implementado desde mucho antes, muchas vidashubiesen sido salvadas.
Lamentablemente el hubiese no existe y en Nicaragua aún estamos a tiempo de evitar que la situación se salga de control. ¡Hagamos el cambio!
La autora es periodista de viaje. La crisis mundial del coronavirus la dejó atrapada en Europa. Ha estado en España y en Alemania.
