Comparando dos alternativas de lucha por Nicaragua
Si la salida a la tragedia que agobia a Nicaragua se busca por la vía de elecciones con Ortega en el poder es indiscutible que la pandilla sobreviviría.
Creo, evidentemente, que parahacer comparaciones debe empezarse por enunciar claramente el objetivo comúnque presuntamente ambas alternativas persiguen. Este, en mi opinión, deberíaser el de arrancar totalmente y para siempre el poder de las manos de la pandillaorteguista, de manera que sea posible hacer justicia, a la vez que iniciar lainstalación de un sistema político-económico sólido y duradero en el que losfuncionarios públicos sean eficientes, honestos y eficaces servidores de lapoblación, a más de convencidos defensores de sus derechos, tanto personalescomo de seres sociales.
Claramente, la ruta a seguiren persecución de ese objetivo, debe pasar por la celebración, en algúnmomento, de elecciones absolutamente limpias. Pero, cualquier futura eleccióninevitablemente tendría lugar en una de dos posibles situaciones: el procesoelectoral podría desarrollarse con la pandilla en el poder y, por ende,participando en el mismo; o bien con ella expulsada del poder y proscrita departicipar.
Analicemos las dosalternativas: En la primera de estas situaciones sólo tendría sentidoético-político participar si la Ley Electoral ha sido adecuadamente reformada,y además hay razones para confiar en que va a ser estrictamente respetada atodo lo largo del proceso.
Algunas de ellas: el ConsejoSupremo Electoral (CSE) ha sido desmantelado y sus funcionarios y empleadosclaves reemplazados por gente decente; se tiene la seguridad de que la llamadaAsamblea Nacional no promulgará “leyes” mañosas, ni la lastimosa Corte Supremade Justicia dictará “sentencias” perversamente disparatadas; de que la pandillano hará uso de los recursos del Estado ni presionará a los empleados públicos;de que la Policía, las turbas y paramilitares no intimidarán a los votantes; ymil cosas más…
¿Será posible lograr todo eso?Si no lo es, quienes participen le estarían haciendo el juego,desvergonzadamente, a los dictadores. En el optimista caso de que sí fueraposible crear esas condiciones, así como su imprescindible complemento, unaopción política cuya credibilidad animara y uniera a la inmensa mayoría de lapoblación, no me cabe la menor duda de cuál sería el resultado: la pandillairremisiblemente perdería, para empezar, el control de la Presidencia y laAsamblea.
Ojalá que no solo enapariencia, nunca olvidar 1990. Esto es, nunca descartar que mediante algunamodalidad de la sorda traición de ese año se entregue el poder a un Ortega enmaquillaje. Pero aún si tal traición no se consuma, los vencedores en las urnashabrían pagado un precio elevado: habrían explícitamente admitido que losmiembros de la criminal pandilla, pese a sus desmanes, tienen derecho a optar alos más altos cargos públicos de la nación, y a ocuparlos; convivirían con unnúmero indeterminado de “legítimos y legales diputados” extraídos de lo peor delas entrañas del orteguismo; y, en consecuencia, su autoridad política y moralpara hacer justicia y castigar a quienes en ecuánimes juicios fuerenencontrados culpables quedaría sumamente debilitada. Ya no digamos parainstaurar el sistema político ansiado.
Algunos avances podría habersi los funcionarios electos actuaran con coraje, dignidad y decencia, pero aunasí se volvería sumamente difícil, por no decir imposible, alcanzar enteramenteel objetivo perseguido. Lo cual no exige que esta alternativa sea desechadadesde el inicio.
En la segunda alternativa,para efectuar las elecciones sería condición imprescindible el haberpreviamente despojado del poder a la pandilla, cuyos restos, además, estaríanimpedidos de concurrir a ellas. Con estos fines, a la lucha contra la dictadurahabría que incorporar un nuevo instrumento, un elemento claramente unificador yde dirigencia del que ha estado carente. Se trata de la formación y ellanzamiento, en un momento propicio, de un Gobierno de Transición integrado porpersonas que, globalmente, inspiren en la población sentimientos de respeto ycredibilidad en un grado apreciable.
Este gobierno podría aportarel crucial liderazgo requerido para encender el espíritu combativo y laconfianza de la población, a la vez que presentar a la comunidad internacionalun interlocutor representativo y confiable. Una suerte de Juan Guaidó. Con loque quedaría reforzada significativamente la lucha libertaria, cuya meta decorto plazo, reflejando el sentir popular, ya no sería tan sólo el arrancarelecciones libres a la dictadura, sino que, yendo más allá, se propondríaobligarla a abandonar el poder, el paso inicial.
Las prioridades del gobiernoprovisional, una vez en funciones, consistirían en depurar los poderes y demásinstituciones del Estado; iniciar la aplicación de la justicia; instalar unaAsamblea Constituyente; y sólo entonces convocar a elecciones generalestransparentes. Para finalmente entregar el manejo del Estado a las nuevas ylimpiamente electas autoridades.
Esta ambiciosa alternativa sítendría, al menos en principio, posibilidades reales de alcanzar el objetivoperseguido por la inmensa mayoría de los nicaragüenses. Desde luego, no sobradecirlo, la condición esencial es que pudiera proclamarse un Gobierno de Transiciónsuficientemente creíble, que, exacerbando y organizando la voluntad de lucha delos nicaragüenses, y con el reconocimiento y apoyo decidido de la comunidadinternacional, tumbara a la dictadura.
Para luego poner en marchaacciones como las propuestas por las organizaciones y ciudadanos que seaglutinan en la alianza denominada “Iniciativa por el Cambio”. Propuestas querecogen el sentir de esa inmensa mayoría digna y decente.
Para concluir: si la salida ala tragedia que agobia a Nicaragua se busca por la vía de elecciones con Ortegaen el poder es indiscutible, para empezar, que la pandilla sobreviviría.Reteniendo una cuota de poder que, dependiendo del grado de polarización delproceso, de su limpieza, y de qué tanto coraje y decencia despliegue ladirigencia opositora, podría ser mayoritaria.
Y, en el futuro hasta absoluta, ya lo hemos visto. Por otra parte, si se instala un gobierno provisional y logra tomar el poder en un tiempo prudencial que las circunstancias dictarían, ahí llegaría el tan anhelado final de la pandilla. Por el contrario, si pasado ese tiempo ello no ha ocurrido, se tendría que caer, en el mejor de los casos, en la versión que he llamado optimista de la otra alternativa, pese a las interrogantes y limitaciones que conlleva. Ojalá esto no ocurra.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.
