Diálogo entre la sospecha y la esperanza… ¿Hacia dónde vamos?
En toda negociación los involucrados deben estar dispuestos a obtener y ceder para llegar a un lugar distinto al que iniciaron. El régimen cuenta con el poder de las armas, pero en contraposición una alta deslegitimidad social y aislamiento internacional. La Alianza Cívica acude a la cita con apoyo legítimo, pero no consensual ni homogéneo.
El reinicio de las conversaciones entre miembros de la Alianza Cívica yel régimen de Daniel Ortega,previsto para este miércoles 27 postró a la sociedad nicaragüense bajo unprofundo dilema. Sin saber claramente qué obtener como resultado de esta nuevaronda, las percepciones parecen oscilar entre la sospecha y la esperanza.
No es de sorprender que la reaproximación sea vista bajo extremasospecha. El contexto está lejos de ser el mismo de finales de abril de 2018,cuando los integrantes de la Alianza Cívica, entre ellos líderes univesritarios,feministas y representantes del movimiento campesino enrostraron su rechazo aOrtega exigiendo el fin de la represión que consumía las calles del país.
Hoy los actores se sientan a conversar en nombre de una sociedad sumergidaen el dolor frente a la falta de justicia por más de 300 asesinatos sin aclarary al menos 500 presos políticos sobre quienes se imputan juicios sumarios bajoclara violación a sus derechos humanos. Reiniciar las conversaciones sin quehaya cambiado un centímetro en ambos aspectos es motivo de dudas sobre elalcance de esta nueva negociación y los intereses de los actores.
Pero en toda negociación los involucrados deben estar dispuestos a obtener y a ceder para llegar a un lugar distinto al que iniciaron, y para intuirlo, es necesario comprender las condiciones con la que todos llegan a la reunión. Como ya es sabido, el régimen de Ortega cuenta con el poder de las armas, una base debilitada y el control sobre todas las instituciones del Estado, pero en contraposición una alta deslegitimidad social, claro aislamiento internacional y la amenaza de mayores sanciones por parte del gobierno Trump.
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Y la Alianza Cívica acude a la cita con apoyo legítimo, pero noconsensual ni homogéneo. Diversos sectores sociales cuestionaron la disposiciónde la Alianza de sentarse nuevamente con Ortega, sin que aún se hayan liberadoa los presos politicos y no exista justicia ni reperación sobre los asesinatos.Sin embargo, lejos de ser un problema, la falta de consenso es un distintivosocial. Diferente de la disciplina del mercado o de la configuración estatal,la sociedad no es homogénea y se caracteriza por muchas disputas internas quecolocan eternos problemas a la representación.
En parte, esto explica los cuestionamentos arrojados sobre losintegrantes de la comisión negociadora de la Alianza, y a su vez expresa cuánto hemos madurado comosociedad a punta de golpes y el trauma vivido recientemente. Que los miembrosde la Alianza sean cobrados, cuestionados y observados con extrema atención essaludable para el crecimiento democrático tan urgente para Nicaragua. Al finalde cuentas, los negociadores de la Alianza asumieron un compromiso en nombre dela sociedad, sean reconocidos o no por ésta. Y es a ella a quien le debenexplicaciones.
Esto pone una evidente presión a la efectividad del diálogo para alcanzar acuerdos sobre la agenda determinada alrededor de los asesinatos a civiles y presos políticos.
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Y aquí es donde reside la porción de esperanza que ponemos sobre esteproceso los que aún creen que el país puede encontrar una salidainstitucionalizada para superar la crisis. Nicaragua no merece repetir lasescenas de horror armado que espantaron en 2018, y en su lugar, será necesariodefinir una hoja de ruta que conlleve a la reparación de los crímenes, apoyo alas víctimas, libertad a los presos, fin de la persecusión y acoso, además deuna transición institucional para recuperar el camino democrático que malconseguimos ensayar.
Sin duda se trata de una agenda demorada que contrasta con la urgencia del dolor que Nicaragua demanda. Pero será necesario apostar por ella bajo el mecanismo institucional que acorrale al régimen, evidencie nuestra vocación democrática y recupere el bienestar de las víctimas. Todo ello sólo pasa por una sociedad muy atenta, que critique y cobre adecuadamente a sus representantes. Es decir, ejerciendo una saludable práctica política que nunca debimos haber abandonado.
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Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial. La publicación no significa que este medio valide los argumentos o considere las opiniones como cierta.
