Reflexiones sobre la unidad

Si los nicaragüenses vamos a ser capaces de llevar a feliz término nuestra lucha, debemos estar plenamente conscientes de las barreras que deberemos salvar en cada etapa de la misma. Sin permitir que el entusiasmo o la desesperación, y menos aún intereses espurios o inflados egos insatisfechos nos nublen el entendimiento, o dobleguen los principios que decimos sostener. Para que no volvamos a fracasar…

Una abrumadora mayoríadel pueblo nicaragüense, lo digo sin temor a equivocarme, reclamacon angustia la formación de algo que llama la unidad de las fuerzasopositoras, en la que, sin preocuparse excesivamente por detalles,ve el instrumento para erradicar, mediante un proceso cívico quedebería culminar con la celebración de elecciones generaleslimpias, a la corrupta y criminal banda que encabeza la familiaOrtega – Murillo. Unas elecciones cuyo resultado –añade unaminoría preocupada que conoce y analiza la Historia- no sea el denuevamente proveer una máscara protectora a la actual dictadura, oel de sembrar las semillas de la siguiente.

Una de las funestasconsecuencias de que Nicaragua nunca haya disfrutado de una auténticademocracia es el hecho de que la casi totalidad de las organizacionespolíticas realmente opositoras que registra nuestra agitada historiahan consistido de una cúpula dominante y un número variable dedébiles estructuras territoriales supeditadas a ella. Este estambién el caso en la actualidad. Por ello, es común visualizar lallamada unificación de la oposición como el producto final de unaserie de negociaciones en las que participa, casi exclusivamente, unnúmero significativo de las cúpulas existentes, acompañadas porrepresentantes de poderes fácticos.

Negociaciones que tienenpor objetivo arribar, eventualmente, a acuerdos firmes e importantesen torno a ciertas cuestiones cruciales. Cuando ello ocurre, se sueledecir que se logró la unidad, cuando en realidad lo que se haunificado son dichas cúpulas y sus estructuras territoriales, a lasque arrastran. Por otra parte, a medida que las pláticas vantraduciéndose en entendimientos, hacen su aparición ingentesesfuerzos que se proponen lograr el respaldo masivo de la ciudadaníaa esos acuerdos y sus promotores. Esto es, la unificación querealmente cuenta. En otras palabras, surgen, y con el tiempo seintensifican, una cantidad de actividades destinadas a conseguir quelas mayorías opositoras se sientan representadas por la organizaciónunitaria que va surgiendo, y apoyen las decisiones que vaya tomando ylos llamados que vaya haciendo la cúpula dirigente unificada.

Los principales acuerdosunificadores de cúpulas usualmente implican que estas se comprometancon un programa de gobierno; sientan que hay condiciones paraconfiar en que el inevitable tramo final del camino, las elecciones,está razonablemente despejado de fraudulentas sorpresas; y se pongande acuerdo en cuanto a la distribución de candidaturas y futuraspostulaciones o nombramientos a otros cargos estatales. No creoprevisible que, en la actual situación, surjan dificultadesinsalvables en torno al programa de gobierno a proponer y lasgarantías electorales a demandar. De hecho, la alianza más visible,una especie de alianza paraguas denominada Unidad Nacional Azul yBlanco (UNAB), ya dio a conocer lo que llama su programa mínimo degobierno, y de seguro muy pronto hará pública su propuesta dereformas a la ley electoral. Sí es previsible que los intentos deunificación enfrenten escollos más serios cuando las cúpulasempeñadas en los mismos tengan que definir en más detalle el caminoa transitar para tomar el poder, y para tomarlo en condiciones queles permitan ejecutar las acciones contempladas en el programa degobierno aprobado. Como debería ser. Y, desde luego, cuando tenganque definir candidaturas y posteriores nombramientos.

Claramente, el vitalaspecto de fondo es, ha sido, y será, el de cómo captar y mantenerel apoyo mayoritario de la población hacia el camino que escojan lascúpulas de la alianza; en el caso actual, ya sea el de expulsar delpoder a la dictadura dejando en su lugar, de alguna manera, ungobierno provisional que organice elecciones; o el de ir directamentea elecciones generales, con la dictadura todavía en el poder, o yafuera de él; esta última posibilidad conduciría a dos alternativasradicalmente diferentes. Cualquiera de las tres que sea la opciónseleccionada, conquistar para ella el apoyo popular dependeesencialmente, sin menospreciar el aspecto económico, de la calidadde los recursos humanos con que cuente la alianza para llevar a cabolos procesos propagandísticos, organizativos, y de movilizaciónconcomitantes. Pues estos recursos facilitan el destacar los rasgospositivos de sus propuestas y dirigencia; dan impulso a sufortalecimiento orgánico; y contribuyen a que sea vista, por unapoblación en un estado anímico sumamente complejo, como la opciónmás promisoria y creíble.

Es necesario en este puntodestacar que la rebelión iniciada el 18 de abril, sus detonantes yla respuesta del régimen, junto con las amargas burlas de 1990 y1996, han impreso a la situación actual algunas características quela hacen novedosa. Por una parte, el número de personas,particularmente jóvenes, que se decidieron a adoptar una actitudbeligerante en asuntos políticos creció rápida y pasmosamente. Y,en consecuencia, asimismo lo hizo el número de organizacionesenemigas –más que adversarias- del régimen, que, con sus propiasvisiones, difícilmente idénticas, e intereses particulares,nacieron en todo el territorio nacional. Cada una con su cúpula,central, departamental, o municipal. Este crecimiento, pese a ser enprincipio positivo, ha hecho aún más complicado el surgimiento dela ansiada unidad pues, entre otras consecuencias, ha dado lugar aque estas organizaciones forjen alianzas limitadas varias, lo cual,para empezar, inevitablemente incrementa las indeseables friccionesque siempre existen. Pues, explícita o implícitamente, estasalianzas se disputan la representación de sectores de la poblaciónopositora, y pueden tener metas y adoptar rutas significativamentediferentes. Una fuente adicional de potenciales conflictos es elhecho de que algunos de sus dirigentes con frecuencia exhibenactitudes que pueden ser fácilmente interpretadas como síntomas dela presencia de preocupantes egos, de esos que suelen caminar de lamano con peligrosas ansias de poder y riquezas. Hasta hay quienes,haciendo prematuras exhibiciones de sus habilidades histriónicas,desde ya se mercadean como futuros Presidentes.

Desde el punto de vista,tanto de las cúpulas como de numerosos ciudadanos, hay una cantidadde incógnitas y detalles a despejar, que ya he dejado insinuados.Entre ellos: ¿es posible que las presiones que podría ejercer launidad, combinadas con las de la comunidad internacional, arrebatencívicamente el poder a la banda delincuencial?; expulsada esta delpoder, ¿se procedería a instalar un gobierno de transición quehiciera justicia, saneara las instituciones del Estado y organizaraelecciones generales limpias?; ¿o, existen otras alternativasviables para llegar a ese ordenamiento y las elecciones?; cualquierasea el caso, ¿se permitiría que el orteguismo participara en lasconsiguientes elecciones, o se debería proscribirlo?; ¿esconcebible participar en elecciones sin antes expulsar a Ortega delpoder?; sin esa condición, ¿tendría sentido creer que puede haberelecciones limpias?; ¿es negociable, por cualesquieraconsideraciones, la posibilidad de dejar impunes los múltiplescrímenes de todo tipo cometidos por la banda?; ¿o bien permitirlesque conserven parcial o totalmente las riquezas sustraídas al pueblonicaragüense, u obtenidas a través del crimen organizado?; ¿oretener parte del poder?

Desde la perspectiva delciudadano visionario, el que piensa en el día después, hay algunasinterrogantes adicionales sugeridas y justificadas por laexperiencia: las organizaciones miembros de la unidad, una vezvictoriosas, ¿mantendrían su unidad y serían fieles a loscompromisos contraídos, para empezar los expresados por su programade gobierno?; o, por el contrario, ¿es posible que se desaten ansiasreprimidas de protagonismo, poder y riquezas que puedan engendrarnuevos dictadores o arreglos con los depuestos?; ¿hay que abstenersede cuestionar a personajes u organizaciones presuntamente opositoraspor temor a ser -o ser llamado- “divisionista”?; ¿aún si haydudas razonables acerca de su honestidad y vocación democrática?;¿es posible que entre quienes hoy se proclaman opositores hayaagentes o socios ocultos del régimen cuyo papel sea el depreservarle el poder, o buena parte del mismo, en el evento de unaderrota electoral?

Las reflexiones anteriorestienen el fin de arrojar alguna luz sobre los obstáculos a vencer enel difícil camino que hay que definir, construir y transitar para,unificados sanamente, lograr nuestro fin último que es, no sobrarecalcarlo, el de que Nicaragua por primera vez en su historiadisfrute de un sistema político en donde quienes ostentenresponsabilidades en las instituciones del Estado actúen comoservidores de sus habitantes y no como sus amos; en el que serespeten sus derechos naturales, a la cabeza su dignidad; y en el queel país no sea visto más como botín de guerra, fuente deenriquecimiento, o terreno donde dar rienda suelta a rencores, deseosde venganza, o afanes desmedidos de protagonismo. Y las hago porquerealmente creo que si los nicaragüenses vamos a ser capaces dellevar a feliz término nuestra lucha, debemos estar plenamenteconscientes de las barreras que deberemos salvar en cada etapa de lamisma. Sin permitir que el entusiasmo o la desesperación, y menosaún intereses espurios o inflados egos insatisfechos nos nublen elentendimiento, o dobleguen los principios que decimos sostener. Paraque no volvamos a fracasar…

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.