Los padres de Teyler Lorío, el bebé asesinado por la dictadura, vendieron su casa para huir: 137 días después llegaron a Estados Unidos
Nelson Lorío Sandoval y Karina Navarrete, padres del bebé de 14 meses asesinado en 2018 por fuerzas represiva de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, viajaron 137 días para ponerse a salvo en Estados Unidos. Tras sufrir persecución, por exigir justicia para su pequeño Teyler Lorío, no tuvieron más remedio que vender lo poco que tenían y salir al exilio.
El miércoles, después de mucho tiempo, Nelson Lorío Sandoval amaneció esperanzado y seguro. Llegó el martes a la ciudad de Miami, junto con su esposa e hija de 10 años. Ahora está a la espera de una cita con un juez migratorio como parte del proceso de solicitud de asilo político que espera sea el inicio de una nueva vida.
En conversación con DESPACHO 505, Nelson comparte que ansía que llegue el día de su cita para presentar su pedido de asilo político con el respaldo del archivo de los tres años más amargo que ha pasado que inicia con reportes del 23 de junio de 2018, en Managua, cuando en sus brazos su hijo recibió un tiro en la cabeza. Un recuerdo que mantiene vivo.
“Minutos antes de las 7 de la mañana del 23 de junio yo me dirigía a dejar al niño a la casa de mi papá para luego trasladarme al trabajo, pero cuando lo llevaba entre mis brazos los policías y paramilitares que atacaban a manifestantes que se encontraban en el sector de la Upoli (Universidad Politécnica de Nicaragua), le pegaron el balazo en la cabeza”, relata.
LUTO Y PERSECUSIÓN
Luego del asesinado de Teyler, la víctima más joven de la represión de 2018, la familia Lorío Navarrete no solo enfrentó el dolor por la muerte del bebé que apenas daba sus primeros pasos, si no también el miedo por el asedio y la intimidación contra su familia por parte de las fuerzas del régimen.
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Añade el estrés del desempleo: “Se me hizo imposible volver a encontrar un empleo, prácticamente, subsistíamos de la ayuda de personas de buen corazón incluyendo mi mamá y la abuela de mi esposa”, revela.
Confiesa que este junio no pudieron más y decidieron partir en busca de seguridad y un lugar para reconstruir su vida, por que en Nicaragua «no hay ninguna oportunidad», ni seguridad para quienes disienten de la dictadura de Ortega. Confía en que Estados Unidos le otorgará la protección que busca y, con ello, poder brindarle una mejor vida a su hija, darle paz y tranquilidad a su mamá y a la abuela de su esposa.
Antes de las protestas antigubernamentales que estallaron en abril del año 2018, Nelson Lorío trabajaba en un súper mercado de Managua y su esposa prestaba servicio doméstico. Nada fue igual desde el 23 de junio de ese año.
LA HUIDA DE NICARAGUA
Dijo que llegaron a territorio estadounidense la tarde del pasado 25 de noviembre cuando se entregaron a las autoridades de migración de este país, luego de cruzar por la zona fronteriza entre México y Estados Unidos conocida como Piedras Negras.
Tras entregarse a Migración, fueron trasladados a un centro de detención familiar ubicado en Texas, donde permanecieron hasta el 7 de diciembre, “ya que una nicaragüense que vive en Miami se ofreció alojarnos en su casa” afirmó Nelson de 36 años.
Dijo que quien ofreció recibirlos es una ciudadana de León que tiene varios años de vivir en Estados Unidos y a quien conocieron a través de Facebook, tras las protestas antigubernamentales del 2018.
“Aproximadamente cinco meses después de que asesinaran a mi hijo de un balazo que le pegaron en la cabeza cuando lo cargaba entre mis brazos por el sector de Las Américas Uno de Managua, este ángel que Dios ha puesto en nuestro camino se contactó con mi esposa por Facebook para preguntarnos si estábamos bien y ofrecernos ayuda desde entonces hemos estado en contacto con ella”, relató.
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La pareja y su hija salieron de Nicaragua el 8 de julio del 2021 por el puesto Las Manos, fronterizo con Honduras y para poder hacer posible el viaje tuvieron que vender su casa en 4,000 dólares y todos lo que tenían.
“Nos fuimos en una excursión que tenía como destino final Guatemala y al pasar por la frontera de Las Manos los funcionarios de Migración de Nicaragua nos retuvieron los pasaportes por más de una hora y nos tomaban fotos”, relató.
TRAVESÍA
Finalmente, les permitieron continuar con el viaje. Contó que el único «susto» que se llevaron durante toda la travesía hacia Estados Unidos fue en Guatemala, cuando el bus en que viajaban fue detenido por dos policías y «al subir al bus amenazaron a todos los pasajeros con devolvernos a la frontera con Honduras si no les dábamos 30 dólares por cada familia y tuvimos que darles el dinero», asegura.
Cuenta que en Guatemala permanecieron durante quince días en una casa de migrantes donde les brindó una buena atención y que al llegar a México tuvieron que alquilar un cuarto mientras permanecían a la espera de una constancia de solitud de asilo, que les permitió moverse por este país sin obstáculos, hasta llegar a la zona fronteriza con Estados Unidos, donde se entregaron a las autoridades de migración.
Asegura que en la travesía hacia Estados Unidos gastó entre 7 mil y 8 mil dólares y que este episodio le deja mucha tristeza y nostalgia, pero que siempre estará dispuesto a participar en una protesta para luchar por la libertad de Nicaragua.



