Cenidh: «En Nicaragua no hubo elecciones y la farsa continúa»

«En Nicaragua no hubo elecciones», así lo afirma el Centro Nicaragüenses de Derechos Humanos (Cenidh) en un informe en el que destaca el «ambiente de total incertidumbre y terror» que marcó la jornada del 7 de noviembre antecedida de detenciones arbitrarias contra opositores al régimen de Daniel Ortega.

El organismo de derechos humanos concluye que las votaciones en Nicaragua fueron «ilegitimas» y las califica como una «farsa».

El Consejo Supremo Electoral (CSE), le otorgó a Daniel Ortega el 75.87% del total de votos reportados, con los cual el dictador fue reelecto para un cuarto mandato consecutivo y el segundo junto a su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta.

«El abstencionismo generalizado de la población, las detenciones arbitrarias de meses anteriores y en los últimos días contra opositores; el entorpecimiento del pluralismo y la participación política; la falta de garantías electorales; los resultados falsos e irregularidades reportadas; permiten concluir que estas elecciones fueron ilegítimas, una farsa electoral, una que aún continúa desarrollándose«, expone el organismo de derechos humanos.

El informe denominado «En Nicaragua no hubo elecciones» señala que del 1 al 8 de noviembre, el Cenidh registró 99 incidencias de las cuales 28 fueron hostigamientos, 32 detenciones, 22 violaciones a la Ley Electoral, siete allanamientos, tres amenazas directas, tres retenciones migratorias, dos agresiones físicas, una obstaculización a la libre circulación y una muerte violenta.

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En 59 de las incidencias que registró el organismo de derechos humanos, la población señaló a la Policía como la responsable de los hechos junto «con civiles simpatizantes del partido de gobierno, paramilitares, incluso, en una ocasión, se señaló la presencia del Ejército«.

«Los derechos más vulnerados fueron la libertad individual, integridad física y mental, libertad de prensa, libre circulación, la propiedad, seguridad jurídica y garantías del debido proceso», denuncia el Cenidh.

«VIOLENCIA ELECTORAL»

Los comicios se dieron en un contexto de una grave crisis de violencia electoral y persecución política desde que inició la ola de detenciones contra líderes políticos y precandidatos presidenciales en mayo de este año, lo que se califica como «el período electoral más violento en la historia reciente de Nicaragua«.

El régimen de Daniel Ortega incrementó el hostigamiento, pintas en las casas de los opositores, así como amenazas y agresiones para sembrar el terror en el país y silenciar a las voces disidentes.

Uno de los hostigamientos que recoge el informe fue el que ocurrió a la sede de la iglesia Santa María Magdalena, de Monimbó, en Masaya, donde el párroco colocó una manta en rechazo al proceso electoral del 7 de noviembre que decía «Nuestro dedo dactilar estará limpio». Ese día la Policía se presentó a la iglesia y le exigió al párroco que quitara la manta.

«Vigilancia, hostigamiento y persecución masiva contra la población opositora ha sido una práctica estatal que viola múltiples derechos humanos, y muchas veces es acompañada de amenazas de muerte y agresiones; producto de esta situación las víctimas se están viendo obligadas a desplazarse a nivel interno, o incluso a buscar refugio en otros países», denuncia el Cenidh.

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El reporte destaca la detención de la activista Samantha Jirón quien había recibido amenazas y persecuciones. La joven fue detenida el nueve de noviembre, este caso según el Cenidh, «es uno de los más emblemáticos en los que se evidencia que el régimen inició a judicializar a los detenidos durante el contexto electoral». La joven opositora ya fue acusada de «traición a la Patria».

El organismo de derechos humanos, cuya personería jurídica fue cancelada en diciembre del 2018 por la Asamblea Nacional, constató «acciones desesperadas» de parte del régimen para evitar el abstencionismo, el cual según Urnas Abiertas rondó el 81%.

«Desde Cenidh se constató otras acciones desesperadas de parte del régimen para lograr el voto: la suspensión ilegal de la ley seca, que aumentó el riesgo de violencia y caos, violando el deber preventivo que tienen las autoridades durante los comicios, y para estimular los ánimos de la población de ir a votar», expone.

Las cuestionadas «elecciones» generales esta vez no contaron con la presencia de observadores electorales internacionales, sino «acompañantes» afines al régimen.

Otro punto que hace referencia el informe del Cenidh fueron los dos mensajes que dirigió Ortega durante y después de las elecciones, ambos en cadena nacional. El primero fue durante el proceso electoral en plena jornada de votación, en clara violación a la Ley. «A todas luces abusó de los bienes del Estado y demostró la falacia de los comicios». Mientras que en el segundo, un día después de las votaciones, pretendió sembrar el terror al llamar a los presos políticos “hijos de perra” y declararlos apátridas «en un ambiente nocivo de aplausos, gestos de burla y carcajadas de parte de su séquito».