Aunque Ortega “denuncie” la Carta de la OEA, debe cumplir sus obligaciones por 2 años más
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, siguiendo los pasos de Nicolás Maduro, pretende “denunciar” la carta democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA), lo que implica retirarse definitivamente de ese organismo regional, sin embargo, eso no la exime de sus “obligaciones democráticas” por dos años más, explican analistas.
La Asamblea Nacional, dominada por los Ortega-Murillo, aprobó este martes una “declaración” legislativa en la que “rechaza” la resolución de la OEA del 12 de noviembre, que da por iniciado el proceso de aplicación del Artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, y a la vez pide a Ortega que “denuncie” la carta fundacional del organismo para «salirse» de ese foro regional.
La resolución de la OEA que ha molestado a la dictadura declara “ilegítimas” las votaciones del 7 de noviembre y manda al Consejo Permanente a realizar una “valoración colectiva» de la situación de Nicaragua con miras a aplicar el artículo 21 que implica una posible expulsión, o el artículo 19 que suspende al Estado de Nicaragua por socavar la democracia y violar los derechos humanos de su población.
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La dictadura de Ortega “está siguiendo los pasos de Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela, que también ‘denunció’ la Carta de la OEA”, explica el analista político Oscar René Vargas.
MATIZ INCLUSIVO
Además, Vargas considera que el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, como buen operador político de la dictadura está tratando de darle a la maniobra que emprenderá el dictador, un “matiz inclusivo”, aparentando que son los otros poderes del Estado los que piden a Ortega que se retire a Nicaragua de la OEA.
“Pide denunciar la Carta de la OEA, para no seguir aceptando ningún tipo de supuesta ‘injerencia externa’. ¿Se van a salir de la OEA? Me parece una movida para ganar tiempo. ¿Se les puede aplicar la Carta Democrática aunque hayan salido de la organización?”, interroga el analista.
Vargas opina que, en el caso de que Ortega decida “salirse” de la OEA, ese organismo regional tendría que pensar en una “respuesta más dura que la suspensión”. Esa respuesta podría ser, según el analista «el desconocimiento total del Gobierno de Daniel Ortega».
Ese desconocimiento implicaría “más aislamiento del régimen, más fragilidad e incremento del proceso de implosión de la dictadura”, explica Vargas.
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El sociólogo advirtió que «Ortega buscará cómo ganar tiempo y espacio político, no para terminar el estado represivo policial, eso no es negociable para él, porque si él negocia eso, se le acaba todo. Por eso se va a mantener en la estrategia de ‘el poder o la muerte».
OBLIGACIONES POR DOS AÑOS
Por su parte, el abogado y político opositor Eliseo Núñez, en una publicación de su cuenta personal de Twitter coincide con Vargas en el sentido de que el dictador solo busca ganar tiempo para tratar de terminar el próximo período presidencial que se agenció en las recién pasadas votaciones y que la comunidad internacional y la oposición nacional desconocen por ilegítimas y antidemocráticas.
Núñez advirtió en su cuenta de Twitter que “si Ortega denuncia la Carta de la OEA iniciaría un proceso de 2 años para su salida. Es decir, se gana dos años y después ve qué pasa. Su estrategia es ser táctico, va día a día”.
El artículo 143 de la Carta de la OEA indica que el texto de esa normativa regional podrá ser denunciado por cualquiera de los Estados miembros, “mediante comunicación escrita a la Secretaría General”, y ésta a su vez, “comunicará en cada caso a los demás las notificaciones de denuncia que reciba”.
Sin embargo, ese mismo artículo establece que “transcurridos dos años a partir de la fecha en que la Secretaría General reciba una notificación de denuncia, la presente Carta cesará en sus efectos respecto del Estado denunciante, y éste quedará desligado de la organización después de haber cumplido con las obligaciones emanadas de la presente carta”.
Según el sociólogo Óscar René Vargas, aunque Ortega inicie el proceso de “retiro” de la OEA, el Estado de Nicaragua está obligado a cumplir todas sus obligaciones contraídas con el foro regional, “eso incluye las normas democráticas, de estado de derecho y el respeto a los derechos humanos de la población nicaragüense, por dos años más”.
MADURO EN LO MISMO
En abril de 2017, el dictador Nicolás Maduro ordenó a su canciller denunciar la carta de la OEA y de esa forma inició el proceso de retiro de Venezuela del organismo interamericano y por consiguiente de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
No obstante, el presidente interino Juan Guaidó al ser reconocido por la comunidad internacional, mandó a paralizar el proceso por lo que la maniobra de Maduro quedó suspendida.
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Ya en el 2012, Venezuela había denunciado la Convención Americana sobre Derechos Humanos y con ello, un año después, se produjo la salida de ese país suramericano del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH), específicamente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte-IDH), dejando solo habilitada la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
¿QUÉ IMPLICARÍA EL RETIRO DE NICARAGUA DE LA OEA?
De materializarse la “denuncia” a la carta de la OEA, el dictador Ortega tendrá que seguir dentro del organismo por dos años más, pero una vez que se cumpla ese periodo, el estado de Nicaragua saldría de ese foro y eso implica también salir de la fiscalización de la CIDH.
Según un análisis publicado por el Centro de Justicia y Paz (CEPAZ) referente a la salida de un Estado del Sistema Interamericano, ese paso supondría “una grave regresión que restringiría la protección internacional a sus ciudadanos. Además, un retroceso significativo por la disminución de la posibilidad de las víctimas a tener justicia en instancias internacionales”.
Además, se limitaría “las opciones de los defensores de derechos humanos, quienes, agotando las instancias judiciales en el país, en representación de las víctimas, no podrán denunciar a la CIDH ninguna transgresión que sucediera después de la fecha de salida de forma definitiva.



