Gigantes de dos toneladas cruzan las aguas del Pacífico de Nicaragua

Pueden llegar a pesar dos toneladas, medir hasta ocho metros de punta a punta de sus aletas y recorrer miles de kilómetros por el océano. Pero hasta hace poco, los científicos no sabían con certeza adónde iban las mantarrayas gigantes que se reúnen frente a las costas de Costa Rica.

Gracias a dispositivos de seguimiento satelital, descubrieron que varias emprenden largos viajes hacia el norte, atravesando aguas de Nicaragua y de otros países de la región. El hallazgo forma parte de una investigación internacional que les ha permitido reconstruir por primera vez algunos de los desplazamientos de estos gigantes marinos por el Pacífico centroamericano y conocer hasta dónde pueden llegar sus travesías.

El hallazgo cambia lo que los científicos sabían sobre sus movimientos. Hasta ahora, buena parte de las investigaciones se había concentrado en los lugares donde las mantarrayas se reúnen cerca de las costas, especialmente en Costa Rica. Pero los dispositivos de seguimiento revelaron que algunas abandonan esas zonas y se mueven hacia el norte, por aguas de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, incluyendo aguas internacionales del Pacífico.

De los doce ejemplares monitoreados por satélite, nueve realizaron desplazamientos de larga distancia. Entre todos acumularon 21.815 kilómetros de recorrido, según el estudio publicado en la edición de octubre por la revista científica Frontiers in Fish Science.

A pesar de las dimensiones de las mantarrayas gigantes, cuyo nombre científico es Mobula birostris, sus movimientos en el Pacífico centroamericano seguían siendo poco conocidos.

Para reconstruir sus rutas, los investigadores combinaron transmisores satelitales, dispositivos acústicos instalados bajo el agua y fotografías del vientre de los animales. Estas últimas permiten reconocer a cada ejemplar porque tienen manchas en vientres que forman patrones únicos y que son comparables a las huellas digitales humanas.

Un viaje inesperado hacia el norte

Hasta ahora, los investigadores manejaban la hipótesis de que las mantarrayas observadas en Costa Rica se desplazaban principalmente hacia el sur, en dirección a Ecuador, donde se encuentra una de las mayores poblaciones conocidas de la especie. Sin embargo, el seguimiento satelital reveló que las aguas centroamericanas forman parte de sus desplazamientos oceánicos y que las zonas donde se alimentan o reúnen cerca de la costa son apenas una parte de su recorrido.

La diferencia también apareció entre las edades de los ejemplares. Mientras las mantarrayas adultas emprendieron viajes prolongados, las dos juveniles monitoreadas por satélite permanecieron cerca de las costas de Costa Rica.

Los investigadores consideran que esas aguas costeras podrían desempeñar un papel importante durante las primeras etapas de vida de la especie, al ofrecer alimento y refugio frente a algunos depredadores.

El seguimiento también permitió identificar un problema para su conservación: las rutas de las mantarrayas gigantes se extienden más allá de las áreas marinas protegidas y atraviesan aguas de distintos países y zonas internacionales, donde quedan más expuestas a las redes de pesca, las embarcaciones y otros peligros que amenazan su supervivencia.

Una mantarraya de cuento de Disney

Entre los animales estudiados figura una mantarraya bautizada como Mickey Mouse. El nombre se debe a una peculiar distribución de manchas oscuras en su vientre, cuya forma recuerda al famoso personaje de Disney.

El ejemplar fue identificado en el Pacífico sur de Costa Rica y es uno de los mejor documentados de la investigación.

En 2020, los receptores acústicos submarinos registraron 462 detecciones de Mickey Mouse. Tres años después, un transmisor satelital permitió obtener 161 posiciones durante 38,5 días.

El seguimiento mostró que, aunque estos animales son capaces de recorrer grandes distancias, también pueden regresar repetidamente a determinadas zonas del océano.

La identificación mediante fotografías ha resultado especialmente útil para reconocer a los mismos individuos a lo largo de los años y relacionar sus movimientos con los datos obtenidos por los dispositivos electrónicos.

Las heridas de los gigantes del Pacífico

El estudio también documentó las amenazas que enfrentan las mantarrayas durante sus desplazamientos.

Hasta un 32 % de los ejemplares observados presentaba heridas graves o cicatrices relacionadas con hélices de embarcaciones, redes y otros equipos de pesca.

Uno de los casos más llamativos es el de Machillo, una mantarraya juvenil que perdió parte de una aleta en un período aproximado de ocho semanas. Los investigadores sospechan que la lesión fue provocada por una embarcación.

Estas amenazas adquieren son relevantes porque la mantarraya gigante está clasificada como una especie en peligro de extinción. Su crecimiento lento y su baja capacidad reproductiva dificultan la recuperación de las poblaciones cuando aumenta la mortalidad.

Los científicos sostienen que proteger únicamente los sitios donde las mantarrayas se concentran cerca de las costas no garantiza su supervivencia. Sus viajes las llevan a cruzar aguas de varios países, por lo que las medidas de conservación necesitan extenderse más allá de las fronteras nacionales.

La investigación propone fortalecer la cooperación entre los países del Pacífico centroamericano y estudiar la creación de corredores de conservación que tengan en cuenta sus desplazamientos.

También deja abierta una pregunta que los científicos esperan resolver mediante análisis genéticos: si las mantarrayas observadas en Centroamérica forman una población diferenciada o mantienen conexiones con otras agrupaciones del Pacífico.