Padrastro adolescente recibe seis años de cárcel por asesinar al hijo de su pareja, un niño de tres años

Un adolescente de iniciales J.C.M.S., de 17 años, fue condenado a seis años de privación de libertad por el asesinato agravado del hijo de su pareja, un niño de tres años que padecía síndrome del cuerpo calloso y al que sometía a constantes agresiones físicas debido a su afección congénita.

J.C.M.S. confesó ante la jueza Luvy del Carmen González, titular del Juzgado Segundo de Distrito Penal de Adolescentes de Managua, que causó la muerte del niño la noche del pasado 7 de julio, después de agredirlo brutalmente en la vivienda que compartía con la madre del menor en Tipitapa, Managua.

El crimen, que provocó indignación en el país, salió a la luz cuando la madre del niño —también adolescente— pidió ayuda a una tía al descubrir que su hijo se encontraba inconsciente tras la agresión.

El menor fue trasladado al hospital de Tipitapa aproximadamente a las 8:40 de la noche. Los médicos confirmaron que ya no presentaba signos vitales y establecieron como causa de muerte el “síndrome del niño maltratado”. El diagnóstico abrió una investigación que reveló el calvario al que había sido sometido por su padrastro.

De acuerdo con la sentencia, la madre del niño inició una relación sentimental con el agresor en diciembre de 2025. Tras quedar embarazada, se trasladó a vivir con él en abril de este año y llevó consigo a su hijo.

Desde que ambos llegaron a la vivienda, J.C.M.S. comenzó a tratar al niño con desprecio y de manera inhumana. La Fiscalía detalla que el adolescente también desarrolló conductas obsesivas y de control hacia su pareja.

Cuando la madre mostraba afecto a su hijo o lo cargaba en brazos, el agresor se molestaba y le decía con desprecio: “Solo así vivís vos, ponelo en el suelo”.

También la intimidaba diciéndole que, por cargar al niño, el bebé que esperaban nacería enfermo y que, si eso ocurría, los mataría.

El trato denigrante contra el menor escaló a episodios crueles y violentos a partir de julio. El adolescente obligaba a la madre a dejar al niño durmiendo dentro de un barril que él había partido por la mitad.

Para evitar que se lastimara, la madre colocaba una pequeña colchoneta en el recipiente. Cuando el niño lloraba, el padrastro lo mordía en los pómulos, los brazos y las piernas.

Con frecuencia, también apretaba el cuerpo del niño entre sus brazos hasta dejarlo inconsciente.