El régimen responde a la amenaza de aranceles de Estados Unidos con una feria de dos días
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo presentó este martes su “respuesta” ante la inminente decisión de Estados Unidos de endurecer las sanciones comerciales contra Nicaragua: una feria de dos días llamada Nicaragua Exporta, que se realizará el 15 y 16 de diciembre en el Centro de Convenciones Olof Palme. El anuncio coincide con la recta final del proceso que lidera la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), que evalúa suspender a Nicaragua los beneficios del Tratado de Libre Comercio CAFTA-DR o imponer aranceles de hasta 100% a los productos nicaragüenses por violaciones a los derechos humanos, laborales y al Estado de derecho.
En una entrevista con el oficialista Canal 4, el ministro de Fomento, Industria y Comercio, Erwin Ramírez, aseguró que el evento será una plataforma para “diversificar mercados”, organizar ruedas de negocios y promover el tratado con China, al que calificó como la principal apuesta del país. Sin embargo, evitó mencionar el impacto que ya está teniendo el incremento arancelario del 10% al 18% aplicado por Washington desde agosto, pese a que Estados Unidos sigue siendo, con amplia diferencia, el destino principal de las exportaciones nacionales.
Pese a ello, el régimen no ha presentado políticas de apoyo, incentivos fiscales, programas de emergencia ni estrategias de mitigación. La única iniciativa pública hasta ahora es esta feria de 48 horas organizada en las mismas fechas que se espera el anuncio estadounidense.
El ministro destacó que las exportaciones totales alcanzaron 7,337 millones de dólares al mes de octubre, lo que, según él, representa un crecimiento del 15.8% respecto al mismo período de 2024. No ofreció el desglose por destinos ni explicó que, aunque el acumulado anual muestre un incremento, la tendencia mensual revela un deterioro claro desde que entraron en vigor los nuevos aranceles estadounidenses.
Ni una palabra sobre los aranceles
Los datos oficiales del propio Mific contradicen la narrativa triunfalista. Entre julio y septiembre, las exportaciones totales pasaron de 869.8 millones de dólares a 712 millones, una pérdida de 157 millones en solo dos meses. Este retroceso coincide exactamente con la entrada en vigor del arancel del 18% contra Nicaragua y confirma que el golpe ya está en marcha.
Las zonas francas, que dependen casi por completo del mercado estadounidense, son el sector más afectado. Sus ventas cayeron de 338 millones en julio a 285 millones en septiembre, un descenso del 15.6% que evidencia el impacto directo de la medida. La contracción golpea especialmente a la maquila textil, uno de los motores del empleo formal en el país.
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Aunque en septiembre hubo una leve recuperación en el comercio con Estados Unidos —al subir de 340.8 a 366.4 millones— las cifras siguen por debajo del nivel de julio, cuando Nicaragua exportó 385.1 millones bajo un arancel base del 10%. El acumulado enero–septiembre confirma la dependencia estructural: 3,048.4 millones fueron enviados al mercado estadounidense, equivalentes al 45.7% de las exportaciones nacionales. Ningún otro país se acerca a esa cantidad de compras al país.
Las exportaciones a China no alcanzan ni el 2%
A contracorriente de los datos, Ramírez dedicó buena parte de su intervención a exaltar a China como el “gran aliado” del modelo exportador. Sin embargo, entre enero y agosto, China compró únicamente 81.2 millones de dólares en productos nicaragüenses, el 1.36% del total, mientras vendió al país 1,315 millones en mercancías, una relación comercial profundamente desigual que beneficia casi exclusivamente a Pekín.
La propaganda oficial no logra ocultar que China compra poco, vende mucho y no tiene capacidad para absorber los volúmenes que hoy adquiere Estados Unidos, especialmente en textiles, carne o tabaco.
En un momento de máxima exposición económica, la retórica oficial insiste en un futuro prometedor con China, pero los números muestran otra realidad: el país está más vulnerable que nunca a las decisiones de Washington y su estructura exportadora no tiene mercados alternativos capaces de sostenerla.



