Ministra del Interior admite listas negras en Migración: Negarán ingreso a Nicaragua a opositores

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha oficializado este lunes lo que en los últimos años se ha denunciado sin respuesta: Nicaragua niega el ingreso a sus propios ciudadanos bajo criterios vagos, discrecionales y usados para castigar la disidencia. En una entrevista con TN8, la ministra del Interior, María Amelia Coronel Kinloch, reconoció públicamente —por primera vez desde un cargo de alto nivel— que el país aplica vetos migratorios no solo contra personas vinculadas a delitos, sino contra quienes, según la interpretación del régimen, “atenten contra la paz y la seguridad”.

Las declaraciones llegan en el momento de mayor movimiento migratorio del año, cuando miles de nicaragüenses regresan para las fiestas de diciembre. Y representan, según organizaciones de derechos humanos, el reconocimiento explícito de una práctica que ya ha dejado centenares de víctimas, documentadas en informes del Grupo de Expertos de la ONU y del OACNUDH, que advierten de "listas negras" manejadas por Migración para bloquear opositores, críticos, excarcelados y familiares de presos políticos.

En su primera parte, la ministra presentó la medida como un control rutinario, afirmando que se niega el ingreso a “personas dedicadas a la trata, explotación sexual, tráfico de migrantes o cualquier actividad criminal”. Pero el giro vino después, cuando incluyó entre las razones para vetar la entrada a ciudadanos nicaragüenses a quienes, según dijo, estén vinculados con “terrorismo” o con cualquier acción “que atente contra nuestra paz y seguridad, que tanto nos ha costado”.

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Esa categoría —“atentar contra la paz”— ha sido reiteradamente utilizada por el régimen para criminalizar la protesta cívica y el derecho constitucional a la libertad de expresión. Los organismos internacionales coinciden en que se trata de un eufemismo dirigido a opositores, periodistas, defensores de derechos humanos y ciudadanos que han participado en marchas u expresado críticas públicas.

Los expertos de la ONU advierten que estas denegaciones se realizan sin orden judicial firme, sin procesos transparentes, sin mecanismos de apelación y bajo un marco legal manipulado que permite al Ejecutivo aplicar el veto de manera selectiva y política. El OACNUDH ha alertado que los casos conocidos son solo una fracción del total debido al temor de las víctimas de denunciar, todo bajo la dirección de la codictadora Rosario Murillo.

Advertencia en temporada alta: un mensaje directo al exilio

La ministra María Amelia Coronel Kinloch añadió que, pese a que la medida puede considerarse “controversial”, el régimen la seguirá aplicando porque tiene la “facultad legal” para hacerlo. “Lo hacemos para proteger la soberanía y la seguridad ciudadana”, dijo, reafirmando que los vetos continuarán.

El reconocimiento ocurre cuando más de medio millón de nicaragüenses viven en el exilio y cuando miles planean regresar temporalmente para las fiestas de fin de año. El mensaje es claro: la puerta de entrada depende de la lealtad política. El retorno no está garantizado, incluso si el ciudadano tiene documentos válidos y ningún antecedente penal real.

Las declaraciones oficializan una política de Estado que ha funcionado como herramienta de castigo y control político, dejando a cientos de familias divididas y reforzando el mensaje de que, para el régimen, la ciudadanía es un derecho condicionado a la obediencia.