El regreso a clases tambalea la economía de los más pobres en Nicaragua
Tres padres de familia cuentan las dificultades que enfrentan este año para que sus hijos vayan a la escuela. El desempleo, los trabajos precarios y el olvido estatal son resentidos en los hogares más pobres, donde este enero hacen malabares en sus finanzas para garantizarles educación a sus hijos.
Este lunes 3 de febrerolos tres pequeños hijos de Carmen llegarán sonrientes a su primer día de clases en el colegiopúblico España de Managua. Más que retornar al colegio, les entusiasma la ideade llevar uniformes, útiles y mochilas nuevas que con sacrificio lograron comprarsus padres.
La pareja, un obrero dela construcción y Carmen, que quedó desempleada a raíz de la crisissociopolítica, ha gastado C$4,000 para garantizar lo básico a sus tres hijos.El peso económico recayó sobre el padre que trabaja “de corrido” para reunir C$6,000mensuales con pagos diarios de C$200.
“Para otras familias pareciera poco el gasto, aunque no solo nosotros pasamos por esto, gastar 4 mil córdobas en un mes para una familia pobre es un peso grande, antes yo le ayudaba a mi marido con los gastos, pero al quedar sin trabajo y no encontrar, todo lo cubrió él”, se lamenta Carmen con hijos matriculados en quinto, tercero y primer grado de primaria y quien, por seguridad, pide omitir su identidad.
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Los niños están ansiosos. A diario preguntan a sus padres si esteaño les darán C$15 para el recreo y, tras un silencio incómodo, reciben un esquivo“vamos a ver” como respuesta.
“Les compramos ununiforme a cada uno, procuramos que fueran algo de buena calidad para que lesdilate, además que vamos a reutilizar los uniformes que les quedaron del añopasado, a cada uno se les comprócuadernos que valían 25 córdobas; compramos lápices, borradores, las mochilasque están caras y, también, unas loncheritas por si no le podemos dar los 15córdobas del recreo, mejor les alistamos una comidita”, explica Carmen quien trabajabaen el área de limpieza para una empresa que cerró operaciones.
Carmen es una de los másde 200,000 nicaragüenses que quedado en desempleo a causa de la recesióneconómica derivada de la falta de resolución a la crisis política. La FundaciónNicaragüense para el Desarrollo Económica y Social estima que en 2020 la cantidad de desempleadosaumentará a 237,000 asociado al cierre de empresas y el estancamiento de lainversión. En la vida de Carmen esto se evidencia en una enorme frustración, porquea pese a su búsqueda incesante de trabajo formal no ha encontrado unaoportunidad.
Ella agradece que tienen una casa propia y se evitan la carga de pagar una renta. Desde que quedó sin trabajo su marido “se rompe el lomo trabajando todo el día, a veces agarra su dinerito extra, pero no es suficiente. Yo de vez en cuando me voy a palmear tortillas donde una señora, pero no es diario”, relata afligida por la falta de recursos para la manutención de sus hijos.
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“Sé que son nuestroshijos y que debemos de darles todo, no deben ser carga de nadie más, pero tenertrabajo en este país es difícil”, dice la mujer de 36 años que se ha resignadoa enviar a sus hijos a escuelas estatales pese a que considera que la educaciónpública en el país es deficiente y está politizada.
“Ahora dan útiles, comomochilas y cuadernos con propaganda del Gobierno en la primera semana de laescuela, eso no es nada bueno, ¿Quétienen que saber de partidos políticos los niños?”, cuestiona mientras observajugar a los tres niños en el patio de la vivienda construida con una pequeña “faldade concreto” y el resto con madera.
A5 KILÓMETROS DEL SUEÑO DE SUPERARSE
Unos180 kilómetros separan a la comunidad de San Ramón de la capital nicaragüense. Enese lugar, perteneciente al municipio de El Sauce, en León, Francisco ingenia cómoreparar la bicicleta color gris que utilizará su hija para trasladarse a diarioal colegio más cercano.
Laadolescente, de 15 años, iniciará el cuarto año de secundaria, en un colegioque queda a 5 kilómetros de distancia de su vivienda.
“Sino le compongo la bicicleta la chavala va a tener que salir temprano y caminarhasta el pueblo, mi mujer y yo no podemos pagarle una moto taxi para que lalleve y la venga a dejar, eso es difícil, si a duras penas le compramos loscuadernos”, comenta el campesino.
Adiferencia de los hijos de Carmen, la adolescente este año no tendrá uniforme, nimochila nueva. El uniforme del año anterior la acompañará todos los días y en sumochila desgastada, una de color celeste con franjas blancas, cargará con suscuadernos y parte de sus sueños: terminar la secundaria para convertirse en una profesional de la Medicina que logresacar a sus padres de la pobreza.
“Nosotros aquí somos pobres, pero tratamos de trabajar lo más que podemos, aquí no es como estar en Managua que se puede encontrar trabajo más fácil, pero tenemos las tierritas que aunque sea poco la producimos por temporada y quedan para los frijoles”, expresa Francisco.
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Parael campesino es una alegría que su hija tenga el deseo de superarse, pese atantas limitaciones que tienen.
“Elaño pasado nos fue mal y le habíamos dicho que no iba a ir a la escuela, peroella decía que aunque descalza se iba, se fue; a la bicicleta le hacía faltauna llanta y no teníamos con qué comprarla. Así hacen un montón de chavalos enesta comarca, agarran sus mochilas y se van, se les ve las ganas de ser lo quenosotros no pudimos”, dijo sin desviar los ojos de la bicicleta que necesita laadolescente.
Esta vezFrancisco logró comprar la llanta de la bicicleta, el par de cuadernos de cincomaterias que salen más económicos que los individuales, unos lapiceros, y “unoschunches”, dijo él, con los que la niña quería para complementar su paquete deestudios.
Lamatrícula de secundaria supera 500,000 estudiantes desde 2017, de los cuales el35.1% pertenecen al área rural donde la pobreza, la distancia y factoressociales y culturales limitan el progreso educativo.
En 2017 la permanencia educativa en secundaria fue de 89.3% y la tasa de aprobación fue de 88.2%, según datos del Ministerio de Educación recabados por la Federación Coordinadora Nicaragüense de ONG que trabaja con la Niñez y la Adolescencia (Codeni).
Codenitambién señala que en Nicaragua “persiste el desafío de mejorar la calidad delgasto, transparentar los recursos, la priorización hacia los sectores másvulnerables y su armonización con las normas jurídicas e institucionalesvigentes”, se lee en el informe Balances y desafío, Aplicación de la Convención en Nicaragua.
Comoejemplo de las brechas educativas en el campo Condeni indica que mientras anivel nacional, 5 de cada 10 niñas y niños de 3 a 6 años asisten a preescolar; “enla Costa Caribe, esto cambia, ya que solo 3 de cada 10 asiste a sus primerasclases; las y los adolescentes de 13 a 17 años tienen en promedio 5.3 años de educaciónen la Costa Caribe”.
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“Una delas dificultades que enfrenta este sistema educativo, además de la falta derecursos, es que su cobertura es limitada, y no logra llegar a las comunidadesminoritarias”, apunta el organismo.
PRECIOS SE ELEVAN
En Ticuantepe Marina García está lista para enviar a susdos hijos a la escuela, a diferencia de Francisco y Carmen, García decidiómatricularlos en un colegio privado por el nivel en la calidad de la educación,aunque sabe que esto implicará un peso a su economía.
“Mi esposo y yotrabajamos por nuestra cuenta, y hemos ido de poquito en poquito con lospreparativos escolares, los tenemos en colegio privado y los gastos dematrícula, mochilas, cuadernos, uniformes nuevos, zapatos, libros, etcétera, sehizo esta vez un presupuesto de aproximadamente 600 dólares (por ambos)”, detalla.
Expone que la decisión decidiómatricular a sus hijos en un colegio privado porque no confía en la educación pública.
“Solo en libroshasta ahorita se ha gastado como 7,500córdobas y falta comprar tres todavía. Pero esto es un esfuerzo que hacemos,porque no confío en la educación que viene de las escuelas públicas donde bastaver el tipo de libros que utilizan”, comenta la mujer refiriéndose a la cargapolítica incorporada en los textos escolares.
En cambio, en la escuelapodrán recibir clases de agricultura y música, lo que considera enriquecedorpara su formación.
“Si me toca vender tacos, repochetas, etcétera lo haré para mantenerlos en la escuela, pero la verdad es que como cristianos confiamos en Dios que a pesar de las dificultades económicas del país nosotros vamos a estar bien”, añade.
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Según lo relatado porMarina los útiles los ha encontrado aún más caros que en años anteriores.
“En diciembre me habíandado un precio, por decirte algo una camisa estilo polo 300 y ya en enero 380. Lasmochilas más caras, el año pasado compré una en 30 dólares y ahora una de 40.Nada está como antes, es obvio también que voy a tratar de no darles la mismacantidad de dinero a los niños, porque los gastos serán más ya estando dentrode la escuela”, comentó esta madre de niños que cursarán sexto grado y primeraño se secundaria.



