Encapuchados y con armas de guerra, Jesuitas relatan cómo fue el asalto policial a su residencia en Managua
Los jesuitas de Nicaragua relaran por primera vez cómo fue el operativo de asalto y despojo de su residencia en Managua ejecutado por un comando de la Policía: encapuchados y con armas de guerra, más de 15 policías con uniformes de campaña sitiaron la residencia de la comunidad jesuita de la Universidad Centroamericana (UCA) y los esperaron para consumar el desalojo.
Era la tarde del sábado 19 de agosto, tres días después de que la Justicia Orteguista avalara la confiscación de la Universidad Centroamericana (UCA) con una acusación por el delito de terrorismo.
En el relato, titulado «¿Cómo sucedió la confiscación de la comunidad jesuita de la UCA en Nicaragua?», los seis religiosos que compartían la residencia Villa Carmen en Managua cuentan que ese día celebraron una eucaristía y un almuerzo para despedir a uno de los sacerdotes que partiría para España a sus estudios de Teología y al volver» se encontraron con una patrulla de la policía» bloqueando el portón ubicado en la parte trasera del complejo académico, el único acceso por el que se podía entrar o salir del lugar, como parte del control impuesto durante el operativo de confiscación de la universidad.
Narran que al llegar al complejo residencial unos 15 policías tenían rodeado el lugar, la mayóría vestía uniformes de campaña, iban encapuchados y portaban armas de guerra.
«Si bien no hubo ni golpes, ni gritos o empujones, los compañeros han manifestado que la violencia emocional y psicológica de verse despojados de su casa de esa forma es algo que continúan procesando», se lee en la crónica que los jesuitas de Nicaragua han compartido en el portal de la Conferencia de Provinciales en América Latina y El Caribe.
Revelan que el jefe del comando policial quería saber el paradero del rector de UCA, padre Rolando Alvarado, quien ese mismo sábado había comenzado el trayecto para abandonar Nicaragua por puntos ciegos. El viaje lo realizó en compañía de otro miembro de la orden que solo identifican como hermano Leonardo. Según indican, reservandose los detalles del periplo, el plan de salida fue parte de las medidas adoptadas para trasladar al rector a un sitio seguro.
En total, confirman la salida de cinco miembos de la orden. Los otros son los padres Arnaldo Zenteno y Richard Vélez, ambos con problemas de movilidad, que dejaron Nicaragua por el aeropuerto, acompañados por el escolar Herlin Samayoa, el miércoles 23 de agosto, día en que el Ministerio de Gobernación publicó en La Gaceta la cancelación de la personería jurídica de la Asociación Compañía de Jesús de Nicaragua con la que legalizaron la toma de la residencia jesuita.
PRIMERO TOMARON LUEGO LEGALIZARON
Según los Jesuitas, fue el padre Everardo quien encaró la situación, primero le aclaró que el rector no se encontraba con ellos y no sabían de su paradero, y, luego, trató de hacerle entender al jefe policial que la propiedad que tenían rodeada no era parte de los bienes de la universidad y por tanto no debía ser intervenido. Fue en vano, pues pese a que en ese momento la personalidad jurídica de la organización en el país no había sido ilegalizada el mando policial dijo tajando que «era propiedad del Estado».
Según la crónica, fue en ese momento que les dijo que podrían entrar a sus cuartos a retirar sus objetos personales. Excepto el padre Adolfo de 99 años que permaneció en un vehículo durante todo el operativo y no pudo recuperar nada de lo que tenía, cada religioso ingresó escoltado por dos policías armados: «Uno se quedaba en la puerta del cuarto y el otro entraba con el jesuita».
Los 11 jesuitas que se encuentran en Nicaragua, alojados en la comunidad San Ignacio, reiteran su voluntad de permanecer en Nicaragua aunque no ocultan que se plantean distintos escenarios de lo que pueda ocurrir en los próximos días.
«Queremos decirles que nos habita una paz profunda en medio de la tormenta que estamos atravesando. Somos conscientes de que es una gracia que el Señor nos da el poder experimentar lo que buena parte de nuestro pueblo está experimentando: la total indefensión ante el abuso del poder por parte del gobierno», expresan.
Cierran su mensaje con un llamado a orar por los al menos 78 presos y presas políticas, «una lista que tristemente no deja de crecer» y que, según dicen, son quienes recae la peor parte en esta crisis que afronta el país.
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