Policía Orteguista, Ejército y FSLN desfilan en China: ¿qué hay detrás de la agenda con Pekín?
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha desplegado este mes un inédito “desfile” de sus estructuras de control hacia China: el jefe del Ejército, Julio César Avilés; el director de la Policía Orteguista, Francisco Díaz, y más de veinte secretarios políticos del FSLN participan en foros, reuniones y entrenamientos organizados por el Partido Comunista Chino.
Rosario Murillo, vocera del régimen, anunció estas giras como parte del “fortalecimiento de la amistad y la cooperación” con Pekín. Según dijo en sus alocuciones, se trata de encuentros para profundizar los “lazos de seguridad ciudadana”, intercambios de formación partidaria e incluso visitas a escuelas del Parrido Comunista para estudiar el “pensamiento de Xi Jinping”. La versión oficial enmarca estas agendas como aprendizaje y cooperación.
Pero detrás de esa retórica, analistas ven un movimiento calculado. Félix Maradiaga, profesor de política internacional en la Universidad de Virginia, Estados Unidos, advierte: “Estas no son giras protocolares: son la hoja de ruta del autoritarismo del siglo XXI en Nicaragua. El régimen busca blindar tres cosas: poder, tecnología de control y oxígeno político”.
Estas visitas se dan en un contexto más amplio de militarización y represión interna. El 19 de julio, Ortega ordenó a las bases del FSLN redoblar la "vigilancia revolucionaria" en los barrios, con el objetivo de "capturar y procesar a los vendepatrias", término utilizado para referirse a opositores del régimen. Dos semanas después intensificó su retórica bélica y llamó a “prepararse para la guerra” asegurando contar con el respaldo de China y Rusia.
El general Avilés se encuentra en Pekín participando en el Foro de Xiangshan y en el Foro de Seguridad y Defensa China–CELAC, donde se ha reunido con altos mandos del Ejército Popular de Liberación de China. Paralelamente, Díaz y otros comisionados generales asisten en Lianyungang al Foro de Cooperación Global de Seguridad Pública, que China impulsa como espacio de intercambio policial. Mientras tanto, los secretarios políticos del FSLN cumplen agenda en Hubei con formación partidaria, visitas a centros de innovación tecnológica y actividades de adoctrinamiento con cuadros del Partido Comunista.
Buscan fortalecer modelo represivo
Para el politólogo Félix Maradiaga, el objetivo práctico es claro: importar manuales de disciplina y control territorial, asegurar créditos y contratos con empresas chinas en infraestructura estratégica y, sobre todo, reforzar capacidades de vigilancia digital. “La importación de tecnología de vigilancia y gestión de datos desde China potencia la capacidad de castigo selectivo: monitoreo, rastreo, listas negras, cierre de espacios cívicos. Es la modernización del aparato represivo”, enfatiza.
El académico también subraya el mensaje político detrás de esta agenda: “Un mensaje de desafío externo y miedo interno. Externo, porque exhibe a China como su escudo político-comercial; interno, porque le dice a la ciudadanía que dispone de nuevos instrumentos para vigilar y castigar”.
Y advierte sobre el costo que paga Nicaragua: “Lo que China ofrece a Nicaragua no son donaciones estructurales, sino deuda cara y contratos atados —por ejemplo, préstamos para conectividad y puertos; y la reciente entrega de aduanas a una empresa china—. Es un mal negocio para Nicaragua y un gran negocio para el Partido Comunista chino. Ese respaldo no es un paraguas infinito: cuando sube el costo reputacional o sancionatorio, se vuelve retórica y se apagan los desembolsos”.
Con el envío simultáneo de Ejército, Policía y partido, el régimen pone en evidencia hacia dentro y hacia afuera cuáles son sus prioridades: sostenerse en el poder con más represión, más vigilancia y más dependencia de China, aun a costa de hipotecar la soberanía nacional.
