Violeta Barrios vs Rosario Murillo: la presidenta democrática y la codictadora impuesta
Violeta Barrios de Chamorro fue la primera y única mujer que ha sido presidenta de Nicaragua, elegida democráticamente en las urnas en 1990. Su muerte, a los 95 años, ha reavivado inevitablemente una comparación que incomoda al régimen: ¿puede compararse su legado con el de Rosario Murillo, autoproclamada “copresidenta” del país?
La respuesta es contundente: no. Violeta Barrios de Chamorro representó la transición a la democracia; Rosario Murillo encarna la consolidación de una dictadura. Entre una presidenta legítima y una codictadora impuesta, la distancia es inmensa. Aquí explicamos por qué.
1. Una elegida por el pueblo y la otra se impone
Violeta Barrios ganó las elecciones del 25 de febrero de 1990 como candidata de la Unión Nacional Opositora (UNO), venciendo al ahora dictador Daniel Ortega y poniendo fin a una década de guerra civil. Fue una elección libre, observada internacionalmente, en la que el pueblo habló con claridad.
Rosario Murillo, por el contrario, jamás ha sido electa presidenta por voto directo. Asumió la vicepresidencia en 2017 en unas elecciones calificadas como una farsa. En 2021 se reafirmó en el cargo en unos comicios sin competencia política y con sus principales contendientes en la cárcel o en el exilio. Desde enero de este año, se autodenomina “copresidenta” tras una reforma constitucional aprobada sin oposición ni consulta, en un sistema bajo control total del FSLN.
2. Transición democrática vs. régimen autoritario
Chamorro heredó un país en crisis y condujo una transición pacífica, en diálogo con el sandinismo derrotado, respetando las libertades públicas y abriendo espacios a la reconciliación nacional.
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Murillo, por el contrario, ha coadministrado una dictadura que ha desmantelado la democracia, cancelado partidos políticos, perseguido periodistas, y encarcelado o desterrado a la oposición. Su “gobierno” está marcado por la represión, el culto a la personalidad y el uso de las instituciones como herramientas de venganza política.
3. Respeto por la prensa vs. persecución total
Durante el gobierno de Chamorro —ella misma viuda del mártir de la libertad de prensa, Pedro Joaquín Chamorro— florecieron los medios de comunicación, incluso los críticos.
En la era Ortega-Murillo, más de 50 medios han sido cerrados, confiscados o perseguidos, incluidos Confidencial y Esta Semana, dirigidos por su hijo Carlos Fernando Chamorro. Rosario Murillo ha calificado a los periodistas independientes como “enemigos del pueblo”, mientras controla el aparato mediático estatal para difundir propaganda.
4. Una que dejó el poder, otra que se aferra a él
Chamorro gobernó un solo mandato y se retiró con dignidad y sin buscar la reelección. A su salida, no impuso a familiares ni se atornilló al poder.
Murillo, en cambio, ha tejido una red de poder familiar, económico y político junto a Ortega, y hoy controla ministerios, seguridad, partidos y medios. No hay señales de que piense dejar el poder por voluntad propia.
5. Un legado que une, una figura que divide
Con su muerte, Violeta Barrios de Chamorro vuelve a unir a los nicaragüenses en el recuerdo de una etapa democrática, imperfecta pero esperanzadora. “Sus restos descansarán en Costa Rica hasta que Nicaragua vuelva a ser República”, dijo su familia este fin de semana.
Rosario Murillo, por el contrario, será recordada como la mujer que coadministró —con mano de hierro y verbo fanático— la destrucción de esa República que Chamorro ayudó a rescatar.
Una fue presidenta de una nación libre; la otra es codictadora de un país secuestrado. No hay comparación posible, solo contraste.
