La madre de las caravanas de migrantes es un riachuelo

En octubre del año pasado surgió laprimera gran caravana centroamericana, nacida en Honduras. Le siguió una de ElSalvador. En enero salió una más, de San Pedro Sula. ¿Seguiría el éxodo masivo?Más o menos.

El 16 deoctubre del año pasado, la primera caravana migrante, mientras salía deEsquipulas, ocupó todo un carril en la carretera CA10, de camino a Chiquimula,Guatemala. El viernes 12 de abril, miembros de la última caravana, avanzaron, todos,en fila, sobre la estrecha banqueta del Puente del Incienso.

Apenas y seven. Eran, unos 70, como máximo.

El 28 de marzo, la secretaria de gobernación de México, Olga Sánchez a medios mexicanos que tenía información de que una nueva caravana, la llamó “Caravana Madre”, se estaba formando en Honduras. Dijo, también, que esperaban alrededor de 20 mil personas. Para entonces ya rondaba en redes una imagen que decía, “Buscamos refugio. En Honduras nos matan”. Un grupo de What’sApp también lo anunciaba. La convocatoria era para salir el 30 de marzo, de la Central Metropolitana de San Pedro Sula.

Sentados frente a la entrada de la Casa del Migrante de Ciudad de Guatemala, el jueves 11 de abril, la familia de Lester Mesa saluda por videollamada a los parientes que dejaron en Choloma dos días antes. SIMONE DALMASSO / PLAZA PÚBLICA

Sánchezsiguió diciendo que México no militarizaría su frontera sur y que el gobiernomexicano dejaría de dar visas humanitarias. “Vamos a dar permisos temporales devisitante y de trabajo en la zona sureste de nuestro país”, finalizó.

Dada lanaturaleza de convocatoria y reunión espontánea de las caravanas previas, era yes imposible predecir su tamaño y población. Llegó el 30 de marzo. Salieronalgunos. Claro, no eran 20 mil como se había anunciado antes. “Eran unos 100,200 a lo sumo”, indicó Santiago López, reportero de la cadena televisiva hondureñaHCH.

Luegodijeron que la Caravana Madre saldría el 10 de abril. Ahora sí. La Madre fue,al final, una fotocopia de la primera caravana: 3,000 migrantes,aproximadamente. La diferencia es que ya no vemos ese mar de gente. Se muevenen grupitos de 60 personas, más o menos. En octubre del año pasado, porejemplo, la Casa del Migrante de Ciudad de Guatemala, con una capacidad dealbergue de 70 personas, de repente abrumada por la visita de 3,000 hondureños,tuvo que pedir ayuda al Colegio Santa María, al otro lado de la calle, pararecibirles.

El 11 deabril, para nada sorprendidos por un grupo de 150 que llegó a tocar suspuertas, los voluntarios de la Casa, que si bien afirmaron que era una nochemovida, no tuvieron siquiera que pedir refuerzos a voluntarios. Había, también,enchufes libres para todos los teléfonos sin carga. Había ropa para todos. Lascolchas se devolvían en orden. La quietud era tanta, que desde lejos se podíaoír el Padre Nuestro de una madre rodeada de sus hijas, antes de salir. 

“Sí haaumentado el flujo de gente esta semana, pero realmente no estamos esperando undesborde similar al del año pasado”, dijo el padre Mauro Verzeletti, directorde la Casa del Migrante en la capital.

El padreagregó que mantiene contacto con autoridades migratorias y con la Casa delMigrante en Esquipulas, quienes el 12 de abril, le avisaron que aproximadamente600 personas habían ingresado a Guatemala, de forma legal.

Caminardentro de la casa el octubre pasado, era como hacer fila en un banco a fin demes: a paso de tortuga. El viernes 12, los pasillos estaban vacíos. Caído elsol las personas dormían o cenaban en silencio. Adentro había una quietudsepulcral. “Y hay quienes solo pasaron a comer y salieron, de noche”, cuentaVerzeletti.

¿Lascaravanas son una especie en extinción?

No. Ellasapenas han adelgazado. Son, pues, la única opción para muchos.

“Nosotros no podemos pagar un coyote, es mucha plata; nosotros nos sentimos seguras viajando así, en grupo; si no es por la caravana, seguiríamos en Honduras”, dijo Leslie Contreras de años 20, originaria de Olancho. Leslie viaja con su hija Elizabeth, aún en pañales.

Antes de que aclarara, un grupo de 200 hondureños salió de la Casa del Migrante de Ciudad de Guatemala, el viernes 12 de abril, rumbo a Tecún Umán, Guatemala. SIMONE DALMASSO / PLAZA PÚBLICA

Pero no essolo lo económico. La primera caravana, esa que después de mes y medio decamino se estrelló en Tijuana, ilusiona a otros. Si bien caminantes de eseprimer éxodo masivo fueron deportados, o siguen esperando su turno en Tijuana,saben que muchos han cruzado y ahora caminan libremente en Estados Unidos,apenas incomodados por un monitor de tobillo.

“Tenemosconfianza en Dios que así, en grupo, vamos a llegar a salvo y vamos a poderpasar”, dijo Eriberto Hernández (51), de San Pedro Sula. “Ya vimos que nuestroshermanos pudieron, nosotros también podremos, mientras así lo quiera Dios”.Eriberto viaja con su esposa Iris Pérez, su hija Carolina y una vecina, Heidy… “Nome acuerdo de su apellido”, sonríe. Eriberto, en San Pedro, solía trabajar enun ingenio de azúcar, pero su salario de 2,800 lempiras no era suficiente paraalimentar a su familia. Solo en renta se le iba un 75%. El padre culpa al Gobiernode esta desventaja. “Es un gobierno muy corrupto, muy ladrón”, dice, “no sé porqué no los han metido al mambo, al calabozo, pues”.

Pasadas las cinco de la mañana, los poco más de 100 personas que pasaron la noche en la Casa del Migrante, salieron sobre la Avenida de los Árboles, al sonido de pajarillos mañaneros y enfilados hacia la Calle Martí, el Periférico, el CENMA, Tecún Umán, Estados Unidos. Llegando a la entrada de la Colonia Bethania, a eso de las siete, el grupo se mezclaba con los trabajadores, también enmochilados. Nadie iba con bandera. Su acento es quizás lo único que delataría su país de origen —y, por lo tanto, su destino—. El mar de octubre es ahora un riachuelo. La Caravana Madre es apenas un riachuelo. Recordemos que esta fue convocada en redes, por WhatsApp; la de octubre fue anunciada en televisión nacional. Y los medios hondureños, señala López de HCH, han dejado de darle cobertura a estos grupos.

Niños originarios de El Progreso esperan entrar a la Casa del Migrante de Ciudad de Guatemala para alimentarse antes de volver a agarrar camino hacia la frontera con México, el jueves 11 de abril. SIMONE DALMASSO / PLAZA PÚBLICA

La gente sigue saliendo. La gente seguirá saliendo. Las razones son las mismas. El número es quizás irrepetible.

*Este reportaje fue publicado originalmente en el sitio de Guatemala Plaza Pública.