Ivonne, la joven violada y asesinada por su padre en Managua, rompió el silencio dos días antes del crimen

Ivonne Marcela Carvajal Moreno, la adolescente de 17 años asesinada y cuyo cuerpo fue encontrado en un basurero de Sabana Grande, en Managua, el pasado 10 de mayo, rompió el silencio dos días antes del crimen. Reveló a una amiga que “ya no aguantaba más” ser víctima de abusos sexuales de parte de su padre y había decidido denunciarlo ante la Policía Nacional. No le dio tiempo. Dos días después fue asesinada.  

El pasado 18 de agosto inició el juicio por los delitos de parricidio y violación agravada contra Bismarck Carvajal en el Juzgado Segundo de Distrito Especializado en Violencia de Managua, a cargo de la jueza Aleyda Irías Mairena.  

Cinco testigos declararon en la primera sesión del juicio, incluyendo una adolescente excompañera de clases a quien la habría confesado dos días antes de ser asesinada, que era abusada sexualmente por su papá.  

Ivonne llamó a su amiga el 8 de mayo para decirle que “ya no aguantaba más” los problemas en su familia” y que su papá la había violado. 

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En la llamada, reveló la testigo, Ivonne contó que cómo el abusador le manoseaba cuando se quedaba dormida. Sospechaba que su papá le estaba suministrando “algo” en el agua para adormecerla y que al día siguiente iría a denunciarlo a la Policía. 

Al día siguiente la testigo intentó contactar con Ivonne, pero ya no respondió. Veinticuatro horas más tarde se enteró en las noticias que su amiga había sido asesinada. 

Según la Fiscalía, la joven fue asesinada en horas del mediodía del 10 de mayo, cuando el acusado de 44 años, llegó a la casa donde se encontraba Ivonne. Ella le reclamó por los abusos que era víctima. 

Tras una discusión entre padre e hija, “el acusado forcejeó con la víctima colocándole una faja de cuero en el cuello y procedió a asfixiarla”, señaló la Fiscalía.  

La segunda sesión del juicio está prevista para el próximo 31 de agosto. 

ABUSOS A PUERTAS CERRADAS 

El 86% de los delitos sexuales en Nicaragua ocurren contra niñas y adolescentes mujeres, según datos del Instituto de Medicina Legal (IML, 2018), siendo el rango de edad más frecuente entre los 10 y los 13 años. Seis de cada 10 violaciones son cometidas por personas de la familia o cercanas a ella.  

En 2020, el Instituto estatal dejó de publicar los informes trimestrales sobre atenciones por violencia sexual en niñas de 10 a 14 años y adolescentes de 14 a 19 años, lo cual es considerado “grave” por defensores de la niñez. 

“Hay una negación de la pandemia de la violencia hacia la niñez, principalmente contra las niñas”, critica Jorge Mendoza, miembro del Consejo de Coordinación de la Federación Coordinadora Nicaragüense de ONG que trabaja con la Niñez y la Adolescencia (Codeni). 

Por su parte, Lorna Norori, del Movimiento Contra el Abuso Sexual, se refiere a  este como un problema social y de violación de derechos humanos, que genera graves daños en quien lo vive, es un delito.  

“Con la crisis social, política y económica que vive el país se ha visto incrementado; aún más con la crisis generada por la pandemia de COVID-19, pues muchos abusadores están quedándose en casa o quedaron en el desempleo, mientras las mamás tienen que salir a trabajar dejando a sus hijas e hijos en casa -no los envían al colegio para protegerlos del COVID-19- y los abusadores tienen mejores oportunidades para continuar el abuso sexual”, advierte. 

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Ante esta realidad, dice la defensora, las instituciones del Estado no están dando respuesta, pues el abuso sexual es un problema multifactorial, que requiere respuestas interdisciplinarias e interinstitucionales, con la participación de todos los sectores sociales, para tener que esta respuesta sea efectiva. 

“Es hora entonces de asumir todas y todos, con responsabilidad social y humana esta problemática, desde la prevención del abuso sexual hasta para saber qué hacer ante su ocurrencia. Lo primero es que, no perdamos nuestra capacidad de asustarnos ante la perversidad del abuso sexual, mantener nuestra sensibilidad humana es fundamental. Lo contrario será comenzar a asumir que el abuso sexual es algo normal o que son las niñas, niños y adolescentes quienes provocan a los abusadores o que una muerte más no importa. Eso sería abominable”, concluye.