El jefe de la represión transnacional del régimen encabeza la delegación de Nicaragua en la Cumbre Iberoamericana

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha enviado a Madrid al hombre que Naciones Unidas identifica como el principal operador de su red de represión transnacional. El canciller Valdrack Jaentschke encabeza la delegación de Nicaragua en la XXX Cumbre Iberoamericana, paseándose por los foros de España, el país que paradójicamente ha otorgado protección internacional a más de 6.000 nicaragüenses y nacionalizado a más de 200 apátridas víctimas del mismo régimen que él representa.

Aunque Managua no ha informado oficialmente sobre su participación, Jaentschke fue recibido protocolarmente por el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares. De momento, ha participado en la reunión de cancilleres iberoamericanos y en una exposición de arte. Su presencia genera un profundo contraste por su historial documentado a nivel internacional y ha generado el repudio de exiliados en la capital española.

El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) determinó que Jaentschke formó parte de un grupo de alto nivel que dirigía la estrategia de persecución transnacional. Según reveló a DESPACHO 505 el experto de la ONU, Reed Brody, esta red opera desde embajadas que albergan a personal de inteligencia militar para vigilar a los exiliados, una práctica que apunta a violaciones de la Convención de Viena.

Brody confirmó en marzo tras la presentación de un informe que han entregado a diversos gobiernos listas confidenciales de nicaragüenses bajo vigilancia activa y riesgo de asesinato. El patrón anómalo de Jaentschke —quien tuvo rotaciones aceleradas como ministro consejero y embajador en Guatemala, Honduras y Costa Rica entre 2021 y 2023— responde a misiones político-operativas para decidir a quién y cómo vigilar, recolectando inteligencia para enviarla directamente a Managua.

Relaciones congeladas y un saludo protocolar

El encuentro entre Jaentschke y el ministro Albares se produce en un momento crítico para las relaciones bilaterales. Ambos países operan sin embajadores desde enero, cuando el régimen expulsó al representante español Sergio Farré Salvá y España respondió con la expulsión inmediata del diplomático nicaragüense Maurizio Carlo Gelli, quien ahora participa en la Cumbre Iberoamericana como parte de la delegación nicaraguense al conservar su estatus diplomático como embajador en Reino Unido.

Un intento de acercamiento discreto en abril para explorar nombramientos recíprocos fracasó. Para el mes de junio, el Gobierno español descartó designar a un nuevo embajador, manteniendo las misiones bajo la figura de encargados de negocios y sin una agenda de normalización a la vista. 

Las tensiones, iniciadas en 2021 con acusaciones de “intromisión” por parte de Ortega, se profundizaron en 2023 cuando España abrió sus puertas frente al despojo masivo de la nacionalidad a opositores y periodistas. La cumbre plantea ahora la interrogante de si este encuentro es apenas protocolo o la antesala para intentar destrabar los lazos diplomáticos.

Bajo la sombra del nuevo grupo de la OEA

Además del roce bilateral con el país anfitrión, la representación de la dictadura sitúa a Jaentschke en los corredores de la cumbre junto a sus homólogos de la región. Varios de los ministros de Exteriores presentes en Madrid representan a los países que acaban de oficializar el Grupo Ministerial de la OEA sobre Nicaragua.

El canciller de Nicaragua, Valdrack Jaentschke (tercero a la izquierda) junto a cancilleres de Iberoamérica en una exposición de arte en la Casa de América en Madrid.

Estos intercambios informales en la capital española representan la posibilidad de un primer acercamiento del canciller del régimen con los diplomáticos del hemisferio, quienes tienen un mandato en marcha para buscar un diálogo “rápido y directo” con Managua y plantear exigencias innegociables sobre la liberación de presos políticos y el cese de la represión.